¿Queremos comprender o sólo queremos?

Supongamos, pero mejor no supongamos, aceptemos. Ya sé que no estamos acostumbrados a reconocer nada que requiera cierto esfuerzo de responsabilidad personal. “Yo ni siquiera me hago responsable de lo que estoy diciendo ahora mismo”,- me dijo uno el otro día. Y tampoco solemos aceptar nuestros propios actos; por ejemplo el hecho de que nuestras propias deposiciones huelan mal, y ya es decir. Pero seamos honestos por unos minutos, (no hace falta que nadie se entere).

Seamos buenos chicos durante el tiempo que nos lleve leer estas páginas y aceptemos que durante los años en que España y otros países de Europa “nadaban en la abundancia”, en efecto, abusamos de nuestra buena suerte y la aprovechamos a conciencia dotándonos de una casa en propiedad;o dos, una en el ciudad y otra en la playa.Buenos coches, ciclomotores y electrodomésticos. Aparatitos yapartamentos. Nos aficionamos a la práctica de los deportes de élite, o de aventura. Barquito en el puerto deportivo o en el amarre del pantano.Viajecitos a países y lugares tan exóticos, que ni siquiera en la escuela nos habían dicho que existieran. Excursiones, bodas, bautizos y celebraciones sin fin, y consumismo a todo trapo, etc. Y, naturalmente, medio mundo, (el de abajo), hizo el petate y se vino a vivir con nosotros para gozar de todas esas cosas y, en algunos casos, hasta de más.

Y hasta nos permitimos, en el orden intelectual y cultural, ser más avanzados que nadie, dando lecciones de solidaridad nacional e internacional, (hay más 150 oenegés registradas en España) de interculturalidad, de globalización. Incluso nos autonombramos protectores de todo tipo de desvalidos, marginados o sometidos a cualquier tipo de injusticia social, económica y política:saharianos, subsaharianos, angoleños, guineanos, antillanoso marcianos. Somos el no va más enla ilustraciónpostmoderna y rumbosos abanderados de todos los derechos y derechas y de no-sé-sabe-cuántas-cosas-más.

Tanto,tanto, que ahora nos está costando lo nuestrocaptar y aceptar la nueva realidad. Hace unas décadas comprábamos y vendíamos cuanto quisimos sin que nos importara otra cosa que ponerle una sonrisa a todo lo que acumulábamos. Nunca nos planteamossi era lógico, razonable.Si estaba bien, si podía ser normal tanto dispendio, osi estaba pasando algo raro.Tocamos con la yema de los dedos la felicidad absoluta, casi, casi. Todos hicimos lo mismo. Lo que todo el mundo decía que había que hacer. Cómo íbamos a pensar que estábamos metiéndonos en una ratonera.

¿Lo aceptamos?. ¿Aceptamos lo dicho hasta ahora?. Si no lo aceptamos aquí se acaba el artículo. No he dicho nada. Olvidémoslo. Adiós. Si lo aceptamos podemos seguir un poco más.

Sé muy bien que a nadie le entusiasmará leer lo que aquí pretendo decir, del mismo modo que sé que a nadie le gusta ni acepta, pagar una multa de tráfico,aunque nos haya caído encima siendo o estando plenamente justificada. Ni aceptar tampoco que solemos cometer sandeces, tantas y tan continuas que, en realidad, nuestra raza humana debería estar definida en los libros de antropología e historia, como estúpida. Somos así. Así exactamente, ¡qué le vamos a hacer!. Esa es la naturaleza humana. Por eso quizá, hace un par de siglos, algunos políticos y pensadores listillos,decidieron llamar a nuestra raza “homo sapiens” y ponerle una corona en la cabeza.Por qué no, si somos los amos; (por cierto, nunca les he dado las gracias. Muchas gracias).

Durante estos años de atrás, España recibió en ayudas monetarias de Europa unas cifras con tantos ceros que no me cabrían en un renglón, y tampoco tendría bastante con un puñado de folios si tuviera que hacer un listado detallado de la cantidad de cosas donde fueron empleados esos fondos y el nombre de aquellas personas o instituciones que se lucraron de tal flujo sin demasiada legitimidad,y aún, aunque en más reducido número, se lucran cada día que pasa de ese torrente áureo. Tampoco sería corta la lista si hubiera que enumerar la cantidad de elementos de bienestar con que el pueblo se dotó a través de sus dignos y honorables representantes políticos. O con su ayuda implícita o explicita; directa, indirecta y circunstancial.

Unas cifras gigantesen todo caso,que utilizamos, a conciencia, en modernizarlo todo. No sólo lo que hacía falta, sino mucho más de lo que hacía falta.

Recordemos que la ocasión de ingresar en elpatio común de  Europa la pintaban calva. En efecto,la desatendida estructura urbanística de no pocos pueblos y ciudades españoles,recordaban las entrañables y románticas descripciones con que Giuseppe Baretti y otros viajeros, las describíaen la segunda mitad del siglo XVIII a través de sus viajes por España. Y otros autores como Gerald Brenan, más cercanos a nuestro tiempo, seguían exponiéndolas más o menos igual,y con similar asombro. Los años sesenta del siglo pasado representaron un vigoroso empujón hacia la modernización del país y no estuvo mal. De hecho existen algunos países europeos actuales, o zonas extensas de los mismos, que sin haberse convertido, como el nuestro, en la cueva de Alí Babá, podrían ser primos hermanos de ese tiempo español sin que, forzosamente, represente ningún demérito.

De modo que tuvimos nuestra oportunidad al ingresar en la Comunidad Europea. Todos, si; casi todos, unos pasando por el registro de ventanilla con los certificados bien cumplimentados y otros, por la puerta de atrás, con algunas pólizas de menos, se pusieron manos a la obra y… “voilà”.

Ahora la mejor red de carreteras, autovías y autopistas es nuestra (no he dicho la más barata). Magníficos puentes y túneles soberbios en nuestras infraestructuras. Los mejores vagones del metro y de los ferrocarriles. Líneas férreas de alta velocidad que cruzan el suelo peninsular casi en las cuatro direcciones cardinales.Buenos puertos y aeropuertos perfectamente adaptados, los tenemos hasta de sobra y de reserva. Las ciudades mejor urbanizadas y dotadas de servicios. Museos, centros escolares, culturales y deportivos.Sedes oficiales, municipales, autonómicas y estatales, que quitan el hipo.Complejos y estaciones deportivas de alta montaña para deportistas de élite. Estadios y polideportivos casi en cada mediana ciudad. Centros de radio televisión autonómica en las diecisiete autonomías, servidas sobreabundantemente por empleados y dotación, (ya están iniciando su declive en caída libre hacia la ruina). Parlamentos instalados en los mejores y más caros edificios y antiguos palacios, magníficamente decorados y bien equipados. Extensos parques temáticos y centros de ocio para diversión del personal. Modernos centros comerciales; ya nadie se acuerda de las tiendas de ultramarinos ni de las tabernas de toda la vida.Casinos de juego con lagos artificiales en terreno de secano.Playas buenas y en abundancia que, sin ser tropicales ni asiáticas ni caribeñas, atraen y enganchan a medio mundo con complejos turísticos y ofertas de barriles de cerveza y paella,que ejercen en los turistas la misma influencia que las sardinas en los cetáceosdel delfinario. Lo que nunca triunfó, mire usted por donde, ni se convirtió nunca en realidad aún habiéndose intentado varias veces en distintas regiones, han sido las llamadas “ciudades del juego” como la archiconocida ciudad estadounidense de Las Vegas. ¿Una metáfora acaso?.

Pero sí hemos tenido y tenemos, para dar y regalar, todo tipo de cargos públicos, semipúblicos y privados; presidentes, vicepresidentes, secretarios, vicesecretarios, chóferes y vice-chóferes, empresas de limpieza y de vicelimpieza; fregatrices, meretrices, fornicatrices y todo tipo de mega hotel, hotelazo con spa y hostal turístico, tradicional o ultramoderno, etc. Y todo eso sin mencionar la floresta: parques, jardines y obra pública y privada rural como piscinas de montaña para el agua de los incendios que, provocados deliberada o accidentalmente ocurren cada año como si también fuesen conscientes de que hay que consumir algo. Y para completar el cuadro, tenemos uno de los mejores planteles de deportistas de primera fila en casi todas las especialidades, ysomos además campeones de fútbol de Europa y del mundo.

Ciertamente, si muchos de los que llevan cuarenta años muertos levantaran la cabeza volverían a caer redondos exclamando: ¡Dios mío!, ¿es esto España?. O quizá no. Seguramente pedirían un crédito de resucitación y alargamiento de vida y se sumarían a la fiesta.

El cambiazo a mejor no sólo ha sido en infraestructuras del Estado, en lo público y en lo político. Ha sido también en lo familiar, en lo empresarial, en lo privado. Ha sido en todos los ámbitos. Y ha sido, en muy buena medida, a base de endeudarnos y especular. Se ha endeudado el Estado. Se ha endeudado el empresariado, grande y pequeño. Se ha endeudado el tejido familiar. Nos hemos endeudado todos. Y a nadie le importó. A mi tampoco, sin ir más lejos, y tampoco a mi familia. Tenemos de todo. Pero ahora no sabemos cómo deshacernos de lo que aún debemos y terminaremos con los dedos bien pillados. Y como yo mismo,el pueblo entero y los políticos que viven de representarlo porque ambos son los que más interés tienen en vivir bien y en mandar, sea a costa de lo que sea.

Un buen día, hace algo más de tres décadas, un grupo de prohombres inteligentes y sin tacha, se pusieron a pensar en lo que debería ser la nueva estructura del Estado, una vez desaparecido el dictador, y la boca se les llenó de migas con dos nombres: Las provincias vascongadas, (hoy el País vasco de “Patxi”) y la Cataluña de “Jordi”;los dos con lenguas propias, la excusa perfecta para defender una diferenciación a falta de otras de mayor entidad. El primero, todo hay que decirlo, con “lengua propia de caserío” más que lengua estructurada, el eusquera, (euskera) moderno es eso, una componenda de pseudo gramática moderna pasada por el registro de la Consellería de Cultura del Gobierno autónomo vasco.

A punto estuvieron de ahogarse estos hombres señalados, alentados de tan altas ínfulas,pero tras algunos almuerzos y digestiones satisfactorias,decidieron que estaría feo que otras regiones españolas se quedaran sin la importancia ni la parte que, sin duda,detentarían estas dos, así que inventaron diecisiete razones para crear diecisiete autonomíascon su correspondiente aparato de gobierno y hoy, cuando ya han dado cumplida cuenta de lo mucho que son capaces de hacer, y lo bien que son capaces de gobernarse, han enviado a España entera al fondo del sumidero. Pero ojo, hay que dar gracias, porque pudieron haber sido más a juzgar por el criterio empleado. Ideas “typical spanish”.

Otras ideas para la construcción del nuevo Estado fueron copiadas o extraídas de aquella del Cádiz cuasi sitiado de dos siglos antes y, también de otros países europeos modernos de solvencia demostrada;por ejemplo,todos los artículos que tenían que ver con la sociedad del bienestar, los derechos sociales y acceso alcómodo consumo; de tal manera que hasta los sindicatosy los grupos políticos reciben su correspondiente y substanciosa subvención,-los primeros incluso cuando convocan huelgas generales. Si la naciente moda de pedir referéndums sigue adelante, uno de los que habría que hacer a toda prisa sería aquel que nos aclarase si nos parece bien que estén subvencionados por el Estado o si deberían sustentarse, únicamente, con las cuotas de los afiliados.Pero ésta sólo es una de las muchas cosas que chirrían en la legislación del Estado; por ejemplo, también, la ridícula, estúpida y contraproducente ley electoral. (Ya iremos entrando sobre ellas aquí o en otros artículos).

Y aquí estamos los españoles. Aquí y ahora mismo. Con un país que parece recién estrenado,pero en bancarrota y dislocado.Tranquilidad señores,- me apresuro a decir. No pasa nada. ¡Nada se acaba del todo hasta que se le da una patada a un cadáver y no se mueve!.

Todo eso no es un simple decir. Es una robusta verdad. El sistema capitalista que nos guía y alumbra desde hace siglos, nos sigue deslumbrando e impulsandocon cada amanecer. Los ricos, algunos, hasta sienten cierto pesar por ser tan ricos, (lo que no les impide desear seguir siéndolo o alegrarse de ser tratados con mimo cuando se les pide que realicen sus declaraciones correctamente y se abstengan de evadir impuestos). Y la gente del pueblo suspira cada mañana, al levantarse de la cama, por saber si ha acertado la quiniela del día anterior, si embaucará a alguien ese día para sacarle algo, o si ese día pasará algo que le haga rico de golpe.

Suspiramos por enriquecernos con cada latido del corazón. Algunos van a la iglesia a rezar ante la imagen de Cristo crucificado, sólo con ese propósito, o ante la imagen de la virgen María, (les inspira más confianza). ¡Pobres!. Nunca el sonido de cadenas de los penitentes ha sonado tanto ni tan lastimeramente arrastrándose sobre el asfalto de las calles como en las celebraciones de Semana Santa de los dos o tres últimos años. “Te lo ruego Señor, haz que a mi hijo le salga pronto un trabajo”. Cosas así. Y si hacemos un viaje a tal o cual país o nos instalamos en tal o cual hotel de tres, cuatro o cinco estrellas con vistas panorámicas, y actividades de aventura con clases de monitor de pago y animadores infantiles, lo recordamos toda la vida deseando volver con la familia y los amigos a la menor oportunidad para presumir de haber estado.

En resumen, estamos empapados de capitalismo, de su estructura y de su forma de vida hasta el tuétano.¡Empapados, sí!. Pero negando que lo estemos. Eso también. O diciendo, sin saber lo que decimos, que el capitalismo no funciona y ha llegado a su fin.Que queremos otra cosa. ¿Y bien …?. Pero que no cunda el pánico porque esto último sólo lo dicen quienes escucharon una vez a N. Sarkozyen la tele, (antes de que Holande le quitara el puesto), diciendo que había que reinventar el capitalismo.

De modo que mientras las décadas pasadas nos parecían tan felices, tan bonancibles y tan “de justicia social para todas y para todos”, aún con trampas y deudas de aquí te espero, empezando por las del Estado y siguiendo por la de las Autonomías, Diputaciones, Ayuntamientos, empresariales y privadas, cuando no con la especulación que nos permitía manejar la propiedad de nuestro propio piso, coche o chalet, nadie se preocupó de pensar que las deudas en las que nos metíamos habría que devolverlas algún día. Porque algún día, alguien o algo, desde algún sitio o lugar,las reclamaría.

Ese momento ha llegado.

Y ahora, no comprendemos ni queremos comprender,por qué tiene que ser así. Algunos, los que han leído libros, (libros adecuados),o conocen algo de la historia, (historia verídica y honestamente escrita), saben que durante todas las épocas dela civilización del mundo, ha sido así. Toda deuda contraída ha tenido que ser devuelta, gustase o no. Se tuviera con qué o no. Tuvieranlos deudores trabajo, ingresos o no. Porque toda deuda encierra en sí misma, cuando menos, un ánimo de lucro o de mejora de quien la contrae; sea de carácter político o material. Tangible o intangible. Y siempre ha sido igual. Y no se mejora o se lucra uno a costa de nada. Las cuentas se saldan. Muchas veces se puede pero otras muchas, no. Tengamos con que saldar nuestras deudas o no tengamos con qué saldarlas. Y cuando no había con qué, uno se convertía en esclavo puro y duro, o siervo, o en un arruinado invadido de piojos y garrapatas, ole expropiaban el país entero, o simplemente pagaba con la propia vida; según la época.

Todo eso era lo normal en otros tiempos, excepto cuando tales situaciones extremas daban lugar a guerras o revoluciones, y éstas eran ganadas por los deudores, y entonces se invertía la situación por completo: el acreedor pasaba a ser el deudor y el deudor pasaba a ser acreedor además de derrotado, (de esto hablaremos en otro artículo). No es cuestión de justicia o injusticia por tanto, es cuestión de que las cosas son como son. Y no olvidemos que nos gusta que sean así. Sobre todo cuando vivimos bien, cuando nos dan préstamos, cuando tenemos facilidades para todo, cuando todo son sonrisas. (Me viene a la mente aquello del yin y el yan, el bien y el mal, etcétera, etcétera, pero no nos vayamos a Oriente todavía).

Lo más gracioso,- si es que hay algo que lo sea en todo esto-,es ver cómo nos lo tomamos.Todo el mundo parece estar llorando; el mundo occidental conocido, por decirlo de alguna forma: pérdida de puestos de trabajo, reducción de salarios, precarias condiciones de empleo, pensiones que se achican, precios que suben, impuestos que crecen y se hincan por todas partes como picotazos de avispas;opciones estreñidas, extraños créditos financieros, drásticos recortes en prestaciones de carácter social. Cambios radicales de orientación en cómodas costumbres ya adquiridas. Pérdidas de los pequeños inversores. Y los bancos. ¡Ah los bancos!.

Los bancos son los únicos que reciben fondos a espuertas y concitan nuestro desprecio y nuestra ira. ¿Que por qué?. ¿Que por qué reciben tanto dinero y tan descaradamente?,- quiero decir. Porque los bancos están en la base de nuestra sociedad, son el cimiento de nuestra estructura económica, social y política. Por eso. ¿No queremos caldo?; tomemos dos tazas.

Detengámonos unpar de párrafos en los bancos y pensemos. Preguntémonos si un coche sería útil sin sus cuatro ruedas. ¿Podría un coche sin sus cuatro ruedas llevarnos a algún lado?. Pues del mismo modo un sistema capitalista puede ir a parte alguna sin los bancos. Repitámoslo. Porque los bancos son el cimiento de nuestra estructura económica, social y política. Sirven para que las cosas funcionen en este sistema. Y no sé yo si Dios no tendrá un Banco Central en su sistema celestial. Por eso ahora reciben millones y millones a capachos llenos con objeto de que queden engrasados de nuevo y listos para cumplir otra vez su función, la de hacer que el sistema capitalista alargue su existencia hasta el fin de los tiempos. Y con él también el sistema de las libertades de todas y de todos. Porque entre otras muchas cosas mágicas, el sistema capitalista tiene la virtud de estirarse y encogerse como la picha de Jorge. Dicho de modo serio, el sistema capitalista tiene el don omnímodo de asumiry digerirlo todo.Es el juguete perfecto.

Se dice que el dinero con que están siendo reflotados los bancos sirve para dar créditos de nuevo a la gente que los necesita. ¡Mentira!. Nadie debería creer semejante cosa pero todos queremos creerlo. Es mentira, repito. El dinero que reciben, del propio Estado, ojo, o de los Estados europeos, es para que saneen sus propias cuentas, no para sanear las ajenas, ni para ayudar a otros, empresarios o particulares sino así mismos. A veces disimulan y logran confundir un poco. O mienten directamente. Por eso cuando pedimos un crédito para comprar una casa nos mandan a la era al tiempo que nos ofrecen una de sus miles de casas en “stock” a un precio espectacularmente menor que el que deberíamos pagar por el que acabamos de pedir. ¿Cómo es eso?. ¡Más magia!.

Sólo cuando no les quede ni uno, sólo cuando el balance de los bancos, o el arqueo, o cómo se diga, vuelva a ser razonablemente aceptable, volverá a ser lo que era y servirán de nuevo para lo que servían pero, ojito, de un modo distinto porque, “gato escaldado del agua huye”. Al menos hasta el próximo chapuzón. O hasta la siguiente “desestructuración”.

Por otra parte, planteémonos, (perdón por exigir tanto), qué haría usted si fuese un señor convencido y responsable al mando de un Estado capitalista moderno inserto en el mundo moderno, pongamos un presidente de Gobierno: socorrer a un puñado de familias hambrientas y en la calle,(aún cuando sean mucho más que un puñado, un pueblo, una provincia o una región), o a los bancos, sabiendo que estos últimos son la base de la estructura económica, social y política de ese mismo Estado, y sin los cuales no hay otra cosa que esperar que la Revolución, la anarquía o cosas más graves, me temo, (esas que sólo se pueden ver, de momento, en las películas de ciencia ficción). Una advertencia; estas cosas hay que leerlas despacio, y no está de más releerlas hasta que queden bien entendidas.

Comprendo que a muchos, todo lo que aquí decimos, les pueda parecer escrito por un alienígena,- quede constancia de que soy sabedor-, pero como los terrícolas se complacen en no decir nunca lo que, por otra parte, llevan escrito en la frente, doy por justificada esta puntual invasión.¡Siempre pacífica por otra parte, no vayan a pensar!.

Este es el trabajo que escribo, además, con la peor mala conciencia de mi vida, pues diríase que estéescrito por el mismo demonio, o por cualquier persona desarraigada y a punto de morir con un dolor horrible. O sin familia ymalísimo y desde luego,despegado y cruel también: ponga usted el epíteto o el sustantivo según convenga a su desahogo.

Y lo bueno, lo realmente bueno, es que nadie quiere admitir ni comprender que haya llegado el momento en que nos tengamos que desprender de la comodidad y holgura que teníamos hasta hace menos de cinco años.No sólo eso. Hemos asumido el papel de acusadores directos porque “nos” hancometido el gravísimo delito de hurtar nuestro bienestar. (Quizá convenga comenzar de nuevo la lectura de este texto y esta vez más despacio).

Los señores dueños de pisos bien situados en la ciudad, por ejemplo, se resisten a disolver su cerrazón, como resina sobre insecto, para no bajar el precio de los alquileres. Algunos, perdón, todos, han subdividido su casa antigua en minúsculos habitáculos para sacarles más rendimiento. Eso también tiene un nombre: “inmundos rácanos babeantes”. Quieren mantenerlos altos, bien altos. Ellos no se dan por enterados de lo que esta pasando. “Lo que pasa, si esta pasando, le pasa siempre al vecino o pasa en otra parte”, piensan o creen pensar. Quieren más, y más y más. Siempre más. A esas personas también las encontramos entre los manifestantes de indignados. Sí, por qué no. A estas alturas ¿quién coño sabe dónde tiene su mano derecha?.

Claro que tampoco llevamos tanto tiempo de estrechez como para que nuestras duras cabezas admitan la nueva realidad que se impone. Y sabido es que si hay algo verdaderamente duro en esta vida,no son las rocas ni el diamante, es la materia gris del cerebro del hombre. Otra realidad que jamás nadie admitirá de sí mismo. ¡Faltaría más!.

Los propietarios hipotecados de viviendas en general, estén ubicadas donde quiera que estén, se niegan a ver la realidad. Ni siquiera la ven las propias inmobiliarias ni los profesionales encargados de venderlas, (pérdida vertiginosa del valor de la propiedad), y creen que dentro de un par de años todo volverá a ser como antes. No se les ocurre pensar que el valor de sus propiedades ya no obedece a una intoxicada realidad pasada, ni al esfuerzo personal con que han regado la inversión, ni a un hipotético justiprecio. Porque eso no existe. Sólo vale lo que quien compra, si tiene dinero efectivo para comprar, quiera pagar. Y siempre será lo mínimo posible. Acaso las leyes del capitalismo,¿tienen corazón?, ¿tienen sentimientos?, ¿son filosóficamente justas?. No, claro que no. Pensamos, en efecto, que todo se arreglará de una manera idílica y mientras nos aferramos a esa idea, lloramos y despotricamos contra todo político que sale en la tele; sin pensar en lo evidente, que nosotros mismos votamos a esos sujetos y, por tanto, tenemos nuestra cuota parte de culpa en que estén ahí y hayan conducido el país a la cuneta. Nosotros y ellos, cómplices y en connivencia, en todo lo hecho, cuanto se haga o se deje de hacer; imputado, o todavía sin imputar.

Pero, ¡Ay!, “yo le voté porque se puso ahí y me resultaba simpático. Yo qué sabía si era un sinvergüenza o lo que era”. Dicho de otro modo: “a mi me gusta la democracia, que llegue el día de las elecciones, ponerme guapa e ir con mi marido a votar, sí, pero yo no tengo culpa de nada si luego pasa algo”. Como siempre: el malo es el otro, uno no es nunca culpable de nada.Excepto cuando, en vez de repartir culpas y recortes se reparten beneficios y ensanchamientos, en ese caso la mano extendida siempre está dispuesta. A esa actitud habría que darle una definición!. De hecho la tiene. Se llama estulticia.Nefandez social.

Lo cierto es que este párrafo no sería honesto si no quedase debidamente explicado diciendo que, en realidad, la gente, el pueblo, la masa;nunca tiene culpa de nada. No sólo eso; siempre tiene razón haga lo que haga, porque, al igual que pasa con nuestras madres, de entre todas ellas,no hay más que una, y siempre es la propia que, a su vez, es la más guapa y la más buena. Pero deberíamos meternos en filosofía profunda para explicar estas afirmaciones.

Digamos tan sólo y sólo para soslayar la profundidad filosófica del asunto, que la razón de la existencia del pueblo no es otra que la que hace y cumple cualquier rebaño de ovejas o manada de animales, esto es, hacer lo que se les dice e ir a donde se les guía, (véanse los rebaños de cuadrúpedos africanos llamados ñus en sus migraciones). Así el pueblo, en este desaguisado, queda libre de toda culpa porque no ha hecho más que lo que se le ha dejado hacer o lo que se le ha instado a hacer.(Si bien es cierto, con algo de “sana inventiva”a la hora de apropiarse de lo ajeno). Obtener créditos, acumular propiedades y consumir cuanto se ponía ante nuestros ojos. Seguir la corriente. Siempre la más cómoda posible. Esa es la funciónque ha cumplido a la perfección. Que se lo pregunten, si no, a cualquier humilde borrego. Señor borrego, ¿tiene usted ideas razonadas propias?. ¡Yoooo!. Yo sólo hago lo que hacen los demás, beggg. ¡A mi no me meta usted en líos!.

Podemos rechazar esa explicación, (hay quien sostiene que la persona dispone de libre albedrío), en cuyo caso deberíamos aceptar la alternativa. Sí, esa otra en la que el ser humano está definido como un perfecto imbécil. Usted elige.

Ya sé que nadie o casi nadie acepta responsabilidad alguna sobre sus propios actos,-ya lo hemos señalado al principio-. (A ver si ahora va a resultar que en eso precisamente radica la democracia dichosa,- se me está ocurriendo pensar-, en que nadie sabe ni quiere saber nada de nada ni falta que hace). Uno ejerce su derecho al voto,- que más bien parece un ejercicio vegetal, eligiendo a un partido, y si luego éste no cumple lo que anunció, la culpa es del partido, nunca de quien le ha votado. Y por supuesto, menos aún, de quienes no le han votado. Este es el pensamiento de la inmensa mayoría de la población. Así que, al final, nadie se hace responsable de nada, y todo cuanto ocurra, de bueno o de malo, es puro acto de voluntad, o un simple juego de azar para listos.

Existe también, en el otro extremo aunque en cantidad exigua o muy minoritaria, gente y grupos sociales que, incluso sin votar o votando en blanco, se consideran responsables, en la cuota parte de lo que les corresponde,de cuanto ocurre en su paísen relación al simple hecho de pertenecer a él. Estosrecurren a una sencilla operación aritmética para entender lo que quiera que pase: “a razón de catorce siete la media”. En este caso no es otra cosa que la que resulta de tener lo que, por acción u omisión, queremos tener. Esto es, una brillante pléyade desinvergüenzas, ladrones, listillos y aprovechados, que en el contexto general de desentendimiento político complaciente, se dejan llevar por sus personales ambiciones e intentan satisfacerlas. Y esta fuera de toda duda que lo consiguen. Tanto que hasta rompen los bolsillos. O dicho a la antigua usanza, “la avaricia rompe el saco”.

Hay otra excusa milagrosa para quienes no saben, no contestan pero votan y otorgan. La de que no hay otra opción ni sistema político, ni alternativa de gobierno posibleque sirva para sustituir al que tenemos. Que no se conoce al menos y que, por tanto, hay que seguir así. Pero no quieren ser conscientes del punto al que ese pensamiento lleva irremediablemente, es decir, al de sumarse al bando de las víctimas o al de los verdugos; o sea, al de los que pagan todos los platos rotos o al de quien los rompe con provecho propio. Es lo que hay.Pero quejarse siempre viene bien y es saludable. Eso también es verdad. ¡Que sería del aparato digestivo de los mamíferos sin el lamento y la queja!. Cuanto más intensa más saludable.

Como el famoso chiste genuinamente español: “Hay tres clases de españoles en España. Los que han robado, los que están robando ahora mismo, y los que estamos esperando para robar”

Pero todo se andará y, poco a poco, se llame como se llame quien gobierne y sea el partido que sea al que pertenezca, todo parecido económico, social y político con décadas pasadas, no será más que mera coincidencia, (tal como se advierte en los títulos de algunas las películas desagradables).

Hasta aquí la parte antipática. Ahora viene la parte heroica por decir así. Y esa es la que protagoniza el español de a pie que ve perder capacidad adquisitiva cada día que pasa y con ello la mengua del consumo que efectúa, el vestido, los gastos cotidianos y hasta los alimentos que ingiere. Algunos asaltan supermercados con la frente muy alta, o con el carnet en la boca. Otros roban el cobre de los cables del tendido eléctrico y todo lo que pueden donde pueden mientras la policía no dé con ellos. Un vecino mío, sin ir más lejos,capitaneaba una banda de ladrones de bicicletas de alta gama hasta que le trincaron el otro día, (yo ignoraba que existieran bicicletas cuyo valor ascendiera hasta los seis mil euros y más); estuve tentado de comprarle una de ellas por el módico precio al que me la ofreció. Si lo hubiera hecho ahora sería su cómplice sin saberlo y un imputado más en la larga lista de españoles aprovechados.

Otros repliegan sus posesiones o regresan a sus lugares de origen, (la casa de sus padres o de sus abuelos), desde donde se defienden mejor de los embates de la crisis. Algunosno le hacen ascos a los contenedores de basura o empiezan a perderles el miedo.Otros se han acostumbrado a estar cada día en las filas de Cáritas. Otros, jóvenes desprendidos, alquilan la parte mala de la cama o el desvencijado sofá, a los amiguetes más de fiar. Y otros extienden la riqueza sobrante nacional, a otros países,comprando ropa usada de marca por, céntimos en mercaditos, y vendiéndola por unos céntimos más, en otros mercaditos, de Marruecos, por ejemplo. La gente se las ingenia. Es la infantería de desheredados de la democracia pero no por ello desafectos. No todavía. Todo lo contrario. Cada día la reclaman más. Eso y la afluencia masiva a los despachos de quinielas o a los quioscos de la Once, son las referencias diarias de la existencia del actual ejército de proletarios postmodernos españoles.

Dicho de otro modo, la gente sigue llorando por creer que tiene derecho a lo que, en otro tiempo, les fue regalado por gobiernos sin ideología ni cabeza. Gobiernos que legislaron como barqueros de secano, equivocadamente y sin sentido, y sin hacer nunca bien las cuentas de nada.Pero se acostumbrarán. Lo más probable es que nos acostumbremos.

No ha habido ni un sólo proyecto de modernización, ni una sola concesión pública, ni una sola obra de cuantas se han llevado a cabo durante los últimos treinta años,en cualquier punto del suelo autonómico o nacional, que no se haya sobre-presupuestado y de la que, el espabilado de turno, no se halla llevado un pellizco millonario. No ha habido ninguna contrata, subcontrata o pequeña empresa que haya trabajado para la Administración, que no se haya aprovechado ilícitamente cuanto ha podido. Ni político que no se haya llevado su comisión o la haya visto pasar por delante de sus narices sin decir ni pío.

Incluyo a los propios guardas de noche de obra porque los he tenido entre mis propios amigos y conocidos. Los he visto con mis propios ojos hacer la vista gorda, previo untamiento, para que amiguetes con sus “furgonas” cargasen material al amparo de la oscuridad y de la propia impunidad asegurada; o a ellos mismos llenar el portamaletas del utilitario, noche tras noche, con unos cuantos sacos de cemento, ladrillos, herramienta y lo que fuese menester, hasta terminar haciéndose una bonita reforma en casa o una chapuza en casa de la vecina.

Hoy, al contrario de lo que ocurría con lanumerosa y entusiasmadaaglomeración de opositores que se producía antaño, no hay empresa privada, que acuda a los concursos públicos de concesión de obras o servicios, con ánimo de quedarse con la contrata. Ya han aprendido a distinguir una teta ubérrima de otra reseca. Y saben que las Administraciones Públicas, tanto estatales como autonómicas, están en números rojos y poco menos que a un paso del desahucio. Pero tampoco quieren saber por qué. Y mucho menos admitir que ellos hayan podido contribuir a su agostaje y virtual mortandad.

Bien es cierto que los últimos conciertos económicos provechosos ya están concedidos y sus mieles libando están. Han sido otorgados a políticos o a losamiguetes, que agarraron la tajada a tiempo y con contratos renovables o duraderos de asegurado aprovechamiento; como residencias de ancianos o centros educativos privados, universidades, igualmente privadas, todo tipo de escuelas e institutos concertados, polideportivos y gimnasios,etc. Los espabilados de otrora se las ven y se las desean ahora para agarrar tajada, y puestas las cosas así, se suman, compungido rostro en ristre, al grupo de plañideras y productores de lamentos, porque ya, no sólo, no les es posible hincar el diente en la jugosa torta de parafina, inflando sus presupuestos en cualquier proyecto que exista o pueda existir, ni pugnar tampoco, por la adjudicación a través de las siempre tentadoras y envenenadas comisiones.

Ya no se dan esas ocasiones. Es más, ni siquiera cobran el precio de la subasta o concurso que se les adjudicó en su día. Que ¿cómo aguantan?, pues del mismo modo que lo hacen quienes estando en el paro no se mueren de hambre. Con una cosa llamada “dinero negro” obtenido en los tiempos en que las contratas públicas eran pagadas y las chapuzas se cobraban a pie de obra; entre otras variadas maneras de sobrevivir antes citadas.

Las administraciones y sus gestores; las empresas y sus empresarios; los bancos y sus banqueros, han secado tanto el pozo de los “recursosmilagrosos”queya ni siquiera los proveedores de agua embotellada pueden cobrar. Y, a duras penas, pueden pagar salarios a sus propios empleados a final de mes. Las administraciones a los funcionarios; las empresas a sus empleados, y los bancos a sus chupatintas. Coinciden todos ellos, mire usted por dónde, en reducir plantillas y salarios, eso sí. O inoculan directamente el virus del terror a la falta de futuro. O, no pueden y echan mano de mamá Estado. Pero llegan tarde porque mamá Estado tampoco está ya para estirarse tanto.

Al Estado le ha llegado la hora de rendirse al enemigo, o al amigo, porque aquí no hay guerra que valga. No van a matar a nadie. Nadie caerá preso. Las familias ni siquiera tendrán que ver marchar a sus hijos al frente; en todo caso, a otros países (emergentes reciben por nombre) a buscar trabajo. Hemos devorado nuestra propia fuerza, nuestra propia energía, (no es la primera vez ni es España elúnico país que lo ha hecho), y no hay más remedio que rendirse al poderoso amigo-enemigo que no olvida. Y este vendrá e impondrá las nuevas normas y el gobierno actual las admitirá y así será durante el tiempo que dure el “saneamiento”. No breve, bien cierto.

Será como si un manto de vergüenza cubriera a los españoles mientras dure tal “rescate” o “intervención”; años, quizá decenios. Tendremos tiempo de aprender a sumar, a restar, a multiplicar y a dividircon los dedos. Las calculadoras lo hacen demasiado deprisa y las cuentas inducen a error a la hora de sopesar la verdadera valoración de las cosas. Errores de bulto que cuestan caros.

Téngase en cuenta que todo lo dicho en las páginas anteriores ha acontecido con partidos políticos de distinto signo en el Gobierno, autónomo y central, así como con sus eventuales y descacharrantes alianzas, que esa es otra, ¡vaya ley electoral que gastamos!. (Ya hablaremos de esto en otro artículo). El desbarajuste, objeto de este escrito, no es achacable por tanto, a unas siglas u otras en exclusiva, en todo caso se ha ido alternando el mayor peso ocasional,ora en una, ora en otra. Siempre y en ambos casos, ayudados determinantemente por el pueblo llano y su preclaro y aquilatado criterio. Y también por su dedo acusador, que, por qué no decirlo, si es de lo que más presume.

Así pues, llegamos al final de esta historia con el PP colocado en el poder convencido de aplicar todas las normas y medidas habidas y por haber que contribuyan, equivocadamente o no, a restablecer el equilibrio en la balanza de pagos nacional. Y lo esta haciendo. A su modo pero lo está haciendo. No hace falta repetir que con el descontento de todo el mundo, menos el propio de la clase política (que es el que más se echa de menos por cierto), porque una cosa es decir en la tele que no se esta de acuerdo con los presupuestos para el año 2013 y otra muy distinta, es proponer y aceptar una sustancial reducción del gasto institucional en Cámaras de representación, escaños, salariosegregios y dietas; y en empresas públicas, por ejemplo.

El actual gobierno, no sólo no ha cumplido la letra de su programa electoral, (algo que no es que sea precisamente insólito), si no que loha ignorado (pospuesto) por completo, haciendo justo lo contrario, en razón de paliar la aguda crisis heredada del anterior gobierno socialista que, a su vez la heredó del anterior y a su vez del anterior del anterior, etc.

Se trata de un proceso parecido al que llevamos acumulado en legislación; se legisla una ley erróneamente y las disposiciones posteriores con las que se complementa, lejos de arreglar el error inicial, lo multiplican hasta lo inaudito. (De esto hablaremos en otro artículo).

Dice el PP que las cifras son muchísimo peores de lo que el anterior gobierno dijoodio a entender en el Parlamento, y que lo urgente e inmediato, es sanear las cuentas ejecutando recortes y tomando medidas de control, (en servicios sociales, por supuesto), y luego cumplirá el programa electoral o ya se verá. Bien, por lo menos lo ha dicho. Y por otra parte, salta a la vista, que la economía necesita un arreglo. Caiga quien caiga. Qué le vamos a hacer. Me pregunto qué hubiera pasado, si una vez conocidas las cuentas reales también el PP las hubiesen ocultado para no defraudar al electorado ni lesionar a bocajarro el bienestar de los españoles. Porque de esta España cañí todo se puede esperar. De hecho no se puede decir que con ver un telediario o leer un periódico ya estemos perfectamente informados, más bien hay que evitarlos para tener algo de idea.

Así pues, España es ahora una crisálida antes que un país. De quienes se aprovecharon de todo lo aprovechable hace años ha brotado el ejército de descontentos que arremete contra quien intenta poner orden y quien tal cosa intenta se suicida políticamente intentándolo, porque como hemos dicho antes, el pueblo, (esa cosa indefinible que a todos incluye), diga lo que diga y haga lo que haga, siempre tiene razón aún no teniéndola nunca.

En España hace ya mucho tiempo que la Rosa de los vientos se volvió loca: el norte está en el sur; el sur en el norte; el este en el oeste y el oeste en el este. En realidad, es imposible orientarse, ni magnética ni geográficamente. Todos los signos y pistas que, en situaciones normales, sirven para saber donde esta la entrada y la salida, están y permanecen obcecadamente confundidos. Totum revolutum est.

En producir ruina, España sigue siendo única o de las primeras. Bueno, lamentablemente, nos han ubicado o están a punto de ubicarnos en el mismo pupitre que a Grecia, Irlanda, Portugal e Italia. Una pena. Como español quisiera seguir siendo diferente. Por lo menos, que se mantengan la paella, el flamenco y los toros, (en Cataluña ya los han prohibido).

Hoy, pasada de sobra ya la raya de todo pensamiento lógico, esto es, cuando no queremos admitir que tenemos lo que nos merecemos y echamos la culpa a cualquier cosa que se mueva fuera del perímetro de nuestra propia sombra,comienza la segunda canción, cuyos arreglos en letra y música,se empecina en creer que la solución está en adecentar la democracia y seguir evolucionando en sus intestinos. Y mientras ese sea el ajuste que se espera y desea, el disparate de su ritmo seguirá creciendo sin parar y sólo se detendrá cuando nazca un nuevo Lenin,en La Mancha por ejemplo, que, esta vez, sin confiar ni dar el poder a los bolcheviques, pero una vez hecha la revolución, (ya se verá cómo), deje que sean los hombres sabios quienes dirijan la nación, o la sociedad, o lo que quede. Sea lo que sea.

P. s.

Perdón, se me olvidaba, ¡recórcholis!. Pero si ya hace siglos que los hombres sabios dejaron de ocuparse de estas cosas.Ahora esta en manos de ellas y de ellos. O sea, de todas y de todos, ¡oh!. (*)

* En efecto, los escasos hombres sabios que aún viven, se limitan a poner una velita a la virgenPatrona cada noche antes de dormir y rezar la siguiente oración: “Oh virgencita, virgencita, por favor, por favor, ten piedad de mi y haz que me quede como estoy, por favor, te lo suplico con fervor, por favor”

Malak Mikhail C. Pacheco

Octubre del año 2012

P. d.

Hemos pretendido ser honestos en cuanto hemos dicho aquí. Pero una vez dicho y expuesto, una grande duda viene a posarse sobre nuestra conciencia. Para ser verdaderamente culpable de algo se hace necesario conculcar la ley. Pero dónde queda la ley si todos son consentidos en ignorarla. Porque todos, en mayor o menor medida, la hemos burlado. Todos en mayor o menor cuantía hemos quebrantado la sociedad del bienestar.

Somos verdaderamente culpables de nuestra propia desdicha o no es en nosotros sobre quienes tienen que recaer las consecuencias de nuestro propio error

Si tal como hemos escrito, el pueblo no tiene culpa por dejarse dirigir, tampoco la tiene por cometer el error de haberlohecho. Somos como somos.

6 pensamientos en “¿Queremos comprender o sólo queremos?

    • Mucho se podría decir de lo leído. Pero como ya lo hemos hecho, me limitaré a habalr de los bancos y su gestión: brevemente. El problema de los bancos es que sus directivos ( hablo de Cajas de ahorros, las que en origen se crearon precisamente para eso: ” guardar los pequeños ahorros de aquellos que trabajaban de sol a sol y temían que lo poco que conseguían reunir se les esfumara por obra y gracia de un ladrón espabilado, un incendio de su vivienda o algo por el estilo). Como decía, el problema de las Cajas de Ahorros son sus directivos, nombrados por y de entre políticos afines y sinvergüenzas, con el único fín de seguir llenando sus bolsillos y trapichear con el dinero del ciudadano de a pie: como ejemplo sirva no sólo los desfalcos realizadospor individuos, sino los préstamos otorgados a 0% de interés a ellos mismos o los sueldos e indenmizaciones pactados, a pesar de haber realizado su gestión, aquello para lo que fueron puestos ahí como el “culo”.

      Y así no ha ido, así nos va y así nos irá…

  1. Buen artículo.
    Difiero en algunas cuestiones…pero admito y admiro la sensatez de la mayor parte de él.
    Como dice Elena en su comentario habría mucho para discutir o debatir.
    Cierto es que muchas empresas se han nutrido de los fondos públicos. Pero también es cierto que alguien tenía que construir los desvencijados colegios existentes, rehabilitar los deteriodados y obsoleteos hospitales y centros de salud, adecentar carreteras..etc. El problema en estos casos es que la mayoría de los trabajos se han adjudicado a “dedo”, saltándose sus propias leyes y en beneficio propio y de allegados. Éstos no se han arruinado. Los que se han arruinado son aquellos pequeños y medianos empresarios que teniendo el grueso de su producción destinada a la Administración, se han visto inmersos en la espral de impagos de ésta por falta de liquidez ( liquidez de la que si disponen para otros menesteres, como bien sabemos), lo cual les ha llevado a la completa ruina, a la necesidad de despedir plantilla, a rehipotecar sus viviendas para pagar a proveedores, etc. Y como consecuencia de ello, entre otras, 1 millón de parados más que hace 10 meses.

  2. Estoy de acuerdo al menos en lo esencial, pero ¿no crees que hay un especie de contradicción cuando hablamos del “pueblo” de la masa social”? No se puede aceptar la tesis del aborregamiento, del dejarse llevar, del no cuestionarse, si a la vez creemos que lo que está sucediendo es la queja y el llanto reividicador, luchador “heroico” como tu mismo dices. En definitiva no creo que seamos lobos y corderos a la vez, si no que el lobo con el estómago lleno es menos lobo, y puede parecernos cordero….

    • Me parece muy buena observación Pedro. Creo que “la queja y el llanto reivindicador de la gente” se debe, básicamente, a que antes teníamos y ahora no. No es un llanto reivindicador por haber perdido lo que conseguimos con nuestra propia y verdadera lucha, en sentido estricto, sino por lo que recibimos con toda facilidad; por tanto en este caso, no es que seamos lobos y corderos a la vez, es, que cuando nos lo pusieron fácil fue fácil hacerse con lo que tuvimos y adquirimos, y ahora que esta difícil nos limitamos a llorar la pérdida. O, a reivindicar llorando. Ni antes nos lo ganamos con una verdadera lucha, ni ahora, una vez perdido, lo reivindicamos luchando verdaderamente. Nos limitamos a esperar, como siempre, que alguien nos lo vuelva a dar. Por eso, en lo esencial, la masa es siempre un sujeto, un ente pasivo, excepto cuando estalla en una explosión social incontrolada.

  3. Veo con tristeza que le acontecio a Espania, lo que a mi pais de nacimiento, Argentina, le pasa desde hace decadas, y a repeticion. Me “alegra” ver que hay quienes se dan cuenta que la Queja es la mejor forma de no hacerse cargo de la propia respons-abilidad, esto es, la habilidad de responder ante las circunstancias. Y de lo que vivi en mi pais, y de lo que vi en 4 extensos viajes por el pais de mis padres, es que resulta que ahora “toda la culpa es de los politicos”… y los politicos los elegimos entre todos. Claro, mucho mas comodo es echarle la culpa a ellos, que aceptar que como “todo andaba bien”, mejor ni enterarse. Desde mi optica, que es solo una opinion, Espania estuvo unos 40 anios creciendo, invirtiendo..y gastando lo que no tenia. Pues bien, una crisis cada 40 anios no esta mal, les diria cualquier latinoamericano…nada mal! Pero tranquilos!, van a salir, y mas pronto de lo que cree nuestro respetado escritor…el tema es que se aprende de lo sucedido!
    Lo que me llama la atencion entre los espanioles de la peninsula versus los de Argentina, es el criterio tan dispar… consulten uds., que seguramente tendran amigos o familiares que viven hace varios decenios en Argentina: la enorme mayoria NO compra ni se endeuda, hasta que no tiene disponible ANTES el dinero para el gasto de que se trate. Asi fuimos criados por vuestros compatriotas… y asi no se les hace “el caldo gordo” a prestamistas, bancos y otros especimenes del tipo. Y la excusa de que “es que bueno, lo hacian todos”…es no querer hacerse responsables de los propios actos, de querer vivir por adelantado, aquello que aun no se habia ganado. La cultura del “consumo ya, pague bien a futuro”.
    Hemos tenido y seguimos teniendo crisis muy fuertes, bastante mas fuertes, comparativamente hablando de las que sufren hoy ustedes…lamentablemente es “lo normal” para la mayoria, pues no sacan conclusiones y por tanto aprendizaje de lo sucedido. La mayoria de los hijos de espanioles, en cambio, saben que no hay que consumir, si no es con dinero ya ahorrado.
    Todo esto, dicho con el mayor de los respetos, y con el gran amor que tengo por la tierra de mis padres, teniendo yo tambien dicha nacionalidad, a pesar de no haberlas usufructuado jamas para trabajar alli, a pesar de los malos tiempos que pasamos por el Sur. Hace escasos 50 dias pase por alli un buen tiempo de viaje, y al menos, cuando dije en reuniones informales conceptos como los que aqui he volcado, absolutamente todos reconocieron que habian vivido consumiendo practicamente sin control…y en muchas oportunidades sin necesidad….
    Me comentario de sinteies es, tranquilos!, ya pasara…pero SI NO APRENDEN DE LO SUCEDIDO, indefectiblemente, VOLVERA.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s