No sé ni cómo tenemos país todavía

Próximo esta el día, me temo, en que los españoles nos quedemos sin país y sin referencias. Bien es cierto que no es la primera vez que corremos ese riesgo y aquí seguimos. De aquella manera, pero aquí seguimos. Quizá no exagere demasiado si digo que España, (“Spain”, pronto, nosotros mismos terminaremos llamándolo así en nuestra propia casa, “Spain”), sigue existiendo en el mapa mundi, gracias al turismo masivo y a la cobertura mediática que otorga la corrupción política y económica sobre quienes se aprovechan continuamente de él, y en él, del modo que sea. Modos que siguen siendo muchos, e inverosímiles no pocos. Y que, por cierto, están tanto en mano de españoles como de extranjeros o de extranjeros nacionalizados como de españoles viviendo en el extranjero.

Para muestra un botón; el extranjero sabe aprovecharse bien de las ventajas que ofrece la legislación española a la hora de cumplirla y a la hora de conculcarla, tanto o más que los propios oriundos. Hace unos días tan sólo, un nuevo caso de corrupción ha saltado a la opinión pública con trescientos millones de euros en las manos. Esta vez han sido ciudadanos chinos, (nacionalizados algunos) en connivencia, (faltaría más) con cargos políticos de la ciudad dormitorio de Fuenlabrada, algunos números de la guardia civil y otros cuantos particulares que les hacían los recados. Ciertamente, España, no es que sea un paraíso fiscal pero tampoco parece que le haga mucha falta, por no decir que, en cierto modo, es mucho mejor de hecho. Para robar, para escabullirse, para engrosar la nómina del Consejo de Estado y otras instituciones, y para cumplir penas de cárcel llegado el caso.

Antiguamente uno podía andar “tranquilo” por todo el territorio nacional con tan sólo hablar y escribir la propia lengua regional o el propio idioma, o ambas cosas, también bastaba con sólo hablarlo para entenderse, (represión franquista al margen). Hoy eso es ya imposible y no porque el nivel de exigencia de nuestra cultura general haya aumentado académicamente, (o si lo ha hecho no se ha notado), sino por su manifiesta disminución y raquitismo.

Un par de ejemplos bastarán. Por un lado, uno se ve obligado a hablar con máquinas o con gente humana que habla como lo haría el tornillo amohecido de una máquina. No hay un sólo servicio público o privado con el que hablar por teléfono que no nos obligue a escuchar la innecesaria y odiosa presentación de la empresa y sus correspondientes departamentos y los avisos de que uno puede ser grabado y no sé cuántas cosas más antes de que alguien real, tras la espera correspondiente y encarecimiento de la llamada, se dirija a nosotros con tono y modo igualmente maquinario y estúpido, poniendo bien de relieve el uso de un idioma achicado a proporciones sub-normaloides.

Por otro lado y en virtud de la manifiesta preponderancia del idioma inglés en todos los ámbitos y particularmente en el uso de la tecnología moderna, no hay posibilidad alguna de recuperar el buen uso del idioma español. En efecto,  partiendo de la base de que el nombre de los correos electrónicos no puede ser escrito con mayúscula inicial, ni acentos ni separaciones, el resto es aún más inentendible y antagónico con el uso gramatical de las lenguas de raíz latina. Una imposición ante la cual todos ponemos cara de idiotas inteligentes y nadie dice nada. Antes bien, hacemos cursillos y pagamos por ello.

Elaborar un “blog”, una página “web”, o cualquier programa informático, por reducido y simple que sea, requiere el olvido manifiesto del español y el uso igualmente obvio del inglés. A esto añádase el ridículo “hollowin”, o como se diga, y el “papá Noel”, y otras costumbres espurias sin olvidar la propia connivencia indolente de la gente, y teniendo siempre muy presente nuestra propia estupidez al respecto, es fácil llegar a la conclusión de que muy pronto obtendremos un país y un pueblo que, si fue en algún tiempo, ya no lo es. Ahora más bien parece un blando ejército uniformado de moderna frivolidad y mentecatez.

No se crea por lo dicho que echamos la culpa a lo anglosajón. Nos quejamos del poco amor que los españoles sentimos por lo que de genuino podamos tener y por el poco esfuerzo que invertimos en hacer las cosas bien. Y tampoco se piense que estamos en contra del progreso en general, pero sí y mucho, de todo aquello que disminuya, hiera o aplaste toda posibilidad de crecer con nuestros propios medios y energía, y más aún, si, como es el caso, somos nosotros mismos quienes lo impedimos al atrincherarnos tras nuestra propia estulticia.

Por otro lado el atractivo y atrayente turismo. Para ricos y para desheredados: “Venga a España e instálese aquí; viva cómodamente en los pueblos de nuestras costas o en los lugares de su preferencia, disfrutando de un sin fin de ventajas legislativas, sociales y económicas, además de la paella, el Sol, playa y cerveza”. Las castañuelas, los toros y el flamenco han perdido puestos frente a las ofertas turísticas actuales, excepto para los japoneses y algunos chinos del lejano oriente.

Ya hace tiempo que la industria turística se transformó en una especie de transbordador de masas que, de manera determinante, contribuye a asumir una invasión y despersonalización patria cuasi irreversible. A saber: ejércitos de mamarrachos, descerebrados y borrachos europeos: alemanes, ingleses, franceses, italianos y mezcolanzas varias, que desembarcan en masa en las costas españolas, junto a jubilados y espabilados de esos mismos países, a bordo de tour operadores con ofrecimientos de a dos reales, y ocupan todas las ofertas habidas o que pueda haber, y se ponen como el Kiko de paella, y cerveza hasta reventar, (literalmente).

No olvidemos a aquellos que viven en amplias zonas del territorio nacional de manera estable y más o menos legal, La Alpujarra, Granada, amplias zonas de la provincia de Alicante, Tarragona, Cádiz, y otras, y la progresiva aparición de nuevos propietarios extranjeros que adquieren las casas de hipotecados españoles que no pueden pagar las que tienen. Entre una cosa y otra, vete a saber en lo que se está transformando España y en lo que acabará.

La modernidad, sus adelantados impulsores, sus modos y maneras, han transformado lo que éramos en lo que ya no somos, sino como esperpento, o de ninguna manera. El español parece ahora un pueblo que vaga mientras que, con mano insegura, llama de tanto en tanto, a las puertas del éter rogando una merced. Y pronto, muy pronto, no seremos nada porque por todas partes, “los malditos roedores”, roen y roen sin descanso cualquier cimiento, cualquier pilar, cualquier edificio sano que vaya quedando, cualquier idea no vergonzante que por sí sola, temerosa y aislada, vaya resistiendo el envite de la ponzoña.

No es que en otros países no se haya dado o no se dé el caso de invasión de masas, turísticas o no, pero nunca al precio de perder la, ya de por sí, maltratada lengua, las referencias históricas y la riqueza propia y variada que España aún tiene; como no sea el propio estado de EE.UU. cada vez más distinto y separado de lo que una vez fue. Adaptarse o morir ese es el lema, esa es la ley. ¡Bendita ley!. ¡Bendito lema!.

2 pensamientos en “No sé ni cómo tenemos país todavía

  1. Efectivamente el turismo es uno de los mayores problemas que tenemos y por lo que hemos perdido nuestra idiosincrasia en favor del todo vale con tal de ganar dinero y aumentar el contenido de las arcas propias o estatales… Pero no sólo es nuestro problema, lo es también de países o ciudades tan dispares como Marrakech, Estambul, Sousse, Florencia, París, New York etc, etc…dónde el turismo hace estragos en las propias costumbres y donde la forma de vida y hábitos se encaminan en gran parte al mismo.

  2. Amigo Frido, todo tiene su precio….en gral en el mundo, se le da gran bienvenida al turismo, se le facilitan las cosas, por propia conveniencia….como tu dices, no tienes nada con lo anglosajon en si…y acuerdo contigo…” la culpa no es del chancho, sino de auien le da de comer”…. Si convencidos estan de que los turistas restan mas de lo que zuman, con dificultarles seriamente la entrada ( visas, impuestos, etc), se termina con el problema…como digo siempre, hagamonos cargo xe nuestras decisiones!

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