Educación 2013

Al parecer el 73% de la población adulta española jamás ha leído un libro, malo, bueno o regular, ni sabría expresarse correctamente en su propio idioma usando un número suficiente de palabras. Si no fuera porque la sociedad tiene asumido que saber leer y escribir es bueno, necesario y conveniente, este dato no tendría importancia. Así pues y según declaraciones de algunos psicólogos, eso significaría tanto como ser discapacitado mental, ya que una balbuciente expresividad se corresponde, de forma directamente proporcional, con una desestructurada mentalidad o un uso muy reducido del conocimiento. Sin embargo, no por ello, nadie se abstiene de opinar sobre cualquier tema, o sentenciar con firmeza incluso, cuando llega el caso.

Sólo el 12% de la población que opta a conseguir un puesto de trabajo mediante concurso oposición pública, ha leído un libro, bueno, malo o regular, que no sea o esté incluido en el propio temario que necesite estudiar. Una vez concluidos los exámenes, jamás leerá un sólo libro, ni de su profesión ni de lectura general, con la intención de incrementar su formación; pero no por ello pide la baja de su puesto de trabajo, acepta una rebaja de su categoría y sueldo o reclama más formación, ni siquiera cuando se le facilita. Esto no es así en todas las profesiones, ni mucho menos, pero sí que lo es, que quien se preocupa por incrementar su nivel cultural, teniendo trabajo o sin tenerlo, lo hace casi siempre, por motivos intrínsecamente personales.

El 74% de los que dicen tener inquietudes culturales aseguran tomar sus conocimientos de la televisión, de documentales, de internete y de los periódicos. Nunca de los libros o de estudios especializados, y menos aún si han de molestarse en buscar títulos o autores específicos o ya desaparecidos y, pese a ello, aseguran poseer una amplia y rica educación igual a la de cualquier otro, sea quien sea, además de asegurar que están perfectamente informados de las cosas que ocurren en su tiempo.

La inmensa mayoría de padres no se ocupan de la formación de sus hijos, ni en casa ni fuera de ella. Algunas voces autorizadas se preguntan si verdaderamente, sería mejor que lo hicieran, dadas las circunstancias o el bagaje cultural medio de los mismos. Otros padres de alumnos, cada vez más numerosos, se plantean negarse a llevar a sus hijos a la escuela para evitar el riesgo de enanismo cultural y contaminación educativa. Algo nada fácil de conseguir, por cierto, a causa de la propia estructura social, y por la ilegalidad que supone hacer tal cosa penada por la legislación con gruesas multas.

El escasísimo rendimiento escolar del alumnado español en todas y cada una de las ramas y especialidades académicas, es públicamente conocido y netamente inaceptable en una sociedad occidental moderna al uso. Cualquier cosa que divierta o entretenga al alumnado, tiene en él más interés que el estudio propiamente dicho: juegos, botellones, macro discotecas, sexo, internete en cadena, etc. Los jóvenes no tienen el menor reparo en confesar que son víctimas de una sociedad que no funciona, y que sólo quieren olvidar, no pensar. Profesionales de la educación se preguntan si el hecho de que dispusieran de laboratorios, probetas e instrumentos de práctica docente, mejoraría sustancialmente su formación en un caldo de cultivo como el presente.

Los maestros y profesores se ven obligados a aplicar las nuevas normas de cada sistema educativo según el partido en el poder con la consiguiente confusión y contradicción entre materias. Algo que incrementa, más todavía, la dificultad para memorizar y aprender del alumno, y también a aumentar el esfuerzo del profesor al que se obliga a definir de distintas maneras cosas que, en realidad, son lo mismo; por ej: ética, por educación para la ciudadanía. Pero no sólo eso, igualmente se ven obligados a introducir y aceptar nuevos “valores” y “costumbres” que, en suma, les resta toda autoridad lectiva y obliga a ceder ante los propios alumnos aceptando las nuevas normas, que en la mayoría de los casos, les hurta la voz y el voto, haciendo que muchos maestros y profesores vayan a engrosar las filas del ejército de desmotivados de la sociedad, o bien, acepten servilmente el nuevo papel de mero comparsa o guía tutelado del alumno, siempre sin atentar contra la novedosa potestad de estos y no conculcar la modernísima y justísima legislación educativa.

Sin embargo no esta demás recordar que, en honor a la verdad, cada partido que sube al poder tiene perfecto derecho a imponer su propio sistema educativo a la sociedad pese al estropicio que cause. Algunos consideran eso algo bueno. Otros lo consideran algo malo. En cualquier caso, malo o bueno, así es la política educativa en democracia y se necesitaría algo más que mantener un sólo sistema educativo para conseguir que el alumnado y el profesorado obtuviesen los resultados positivos que todo el mundo espera de ellos.

Las nuevas tecnologías se convierten, al instante, en obstáculos para los maestros y objetos de juego y de curiosidad anti-educativa, para los alumnos. Ni los propios maestros saben utilizarla más allá de los cursillos acelerados que reciben, y muchos ni eso, provocándoles ansiedad y angustia vital que termina por llevarles a la jubilación anticipada voluntaria, o a manos del psicólogo durante años. Entre otras muchas razones, porque la propia tecnología incorporada adolece de un deficiente funcionamiento informático y porque esta diseñado en origen por mentalidad extranjera, esto es, aquella que usa símbolos incomprensibles y que conculca normas gramaticales que, por otra parte, se intenta usar y enseñar en las aulas. De tal manera que la gramática española, ya de por sí maltratada por los propios hablantes, sufre la agresión de los sistemas informáticos con que se ven obligados a trabajar.

Los políticos aprueban, mientras tanto, leyes para incentivar la iniciativa privada e impulsar a los emprendedores. Muchos observadores se preguntan, ¿qué iniciativa?. ¿qué empresa pueden crear?, ¿bajo qué presupuestos?, ¿sobre qué conocimientos?. Los alumnos; algunos alumnos, llegan a licenciarse a duras penas arrastrando además el lastre de una pésima y contradictoria educación plagada de lagunas y sinsentidos.

Al mismo tiempo suben las tasas universitarias disminuyendo así el número de potenciales estudiantes y futuros posibles profesionales. Esto que podría ser algo injusto en principio se revela como una especie de saludable criba después. En efecto, cuando la sociedad tiene oportunidad de ver a estos jóvenes profesionales, una vez licenciados, en el trabajo, por ejemplo ejerciendo el periodismo, no son pocos observadores los que se echan las manos a la cabeza alarmados ante los atentados perpetrados contra la cultura más básica. Estos informadores no saben escribir su propio idioma sin faltas de ortografía, ni componer acertadamente frases coordinadas o subordinadas, diferenciar calificativos de sustantivos, hacer concordar el tiempo y el número verbal, confundir adverbios, preposiciones y conjunciones, y desconocer el significado semántico de términos que, por fortuna, usan cada vez menos. Los licenciados periodistas recitan sin sonrojo, durante los telediarios, párrafos ridículamente “esdrujuleados”, cometen equivocaciones permanentes de cultura general; en las entrevistas hablan más que los propios entrevistados, a veces ni les dejan hablar, y, en suma, deberían volver al parvulario, pero no sólo se niegan a considerar sus deficiencias sino que se ufanan de ser portadores de una nueva “cultura” y se apuntan a clases de inglés u otros idiomas para incrementarla.

En el ámbito sanitario, cada día son más grandes y graves las quejas, no ya de los médicos y enfermeros en demanda de derechos y mejoras salariales, sino de los propios enfermos en demanda de mejores profesionales que, a veces, ni siquiera superan el calificativo de meros aprendices. Enfermos ingresados con brazos amoratados por no haber sabido pinchar una vía, goteros equivocados, apósitos alojados en heridas después de ser cerradas, horarios cambiados u olvidados, medicamentos inadecuados, angustia laboral, comidas insuficientes, etcétera, etcétera.

Paralelamente los estudiantes y los jóvenes en general, hacen ostentación de su incultura a través de sus particulares formas de comunicación, sms, guasap, etc. quejándose al mismo tiempo de no poder ir a la universidad. Muchos se preguntan si serviría de algo bueno que pudiesen matricularse en masa. 

Todo trabajo intelectual que pretenda hablar de educación debería empezar por intentar definir ese concepto de la forma más precisa y estrecha posible, porque bajo él, y desde que lo introdujese Jean Jacques Rousseau como elemento indispensable para el buen orden de la nueva sociedad, se puede hallar la mayor diversidad de razón y excusa. Al mismo tiempo no debería extrañarnos que al intentar hacerlo encontrásemos también muy diversas razones que pugnarían entre sí y en buena lógica, por mantener el mismo derecho para su particular definición, y eso nos llevaría al principio de los tiempos sin que acabásemos de obtener una base argumentativa única y adecuada.  

En cualquier caso podríamos decir que la educación institucional en España, y casi en el mundo entero, nunca o muy pocas veces, ha sido cosa de educación, sucintamente entendida y propiamente dicha, es decir, aquella que proporciona al ser humano los conocimientos básicos para el entendimiento racional y espiritual del mundo y de todo lo que sucede en él. Añádase a esto aquella otra instrucción o formación complementaria de carácter técnico que corona una especialización profesional determinada y que se sustenta en la primera.

Lo que ha hecho toda institución, con la excusa de educar, ha sido imponer un determinado formato de vida, idea o ideología a despecho de que contuviese, al mismo tiempo, una formación general útil y acertada del mundo. Y quien más ha ejercido ese poder ha sido la política con la pretensión de impregnar las mentes de la gente de la ideología de turno. El mundo esta repleto de estos ejemplos. Pese a ello, España y otros muchos países, ha gozado de épocas en las que la educación impartida se acercaba mucho a lo que debe ser una educación o cultura general en sí misma.

Ciertamente, esas épocas no se han correspondido con periodos políticos de los cuales pudiera esperarse, mejor o peor instrucción o educación. Ni las repúblicas, ni las monarquías, ni los imperios, ni las democracias, ni las dictaduras han detentado nunca, en exclusiva, los buenos ni los malos sistemas educativos en sus épocas, de la misma manera que nunca los mejores artistas o escritores, han sido hijos exclusivos de épocas florecientes. Ni como sucede en otras latitudes del planeta, la ausencia de sistemas educativos reglados, impida que cunda cumplidamente la educación y la formación de sus habitantes.

Ha habido antiguas monarquías con excelentes sistemas educativos, brillante florecimiento artístico, y repúblicas de todas las épocas de espantosa educación civil a lo largo de la historia y del tiempo. Así, y tan sólo por mencionar un periodo relativamente reciente y de amargo recuerdo para muchos, la dictadura franquista, en su segunda mitad, educó con tal éxito a la gente, que aún, hoy en día se la echa de menos. En efecto, muy pocos son los que habiendo estudiado con la enciclopedia Álvarez y los cuadernos Rubio, hoy detesten lo que se enseñaba y aprendían en ella, y aún pueden presumir de poseer una cultura general más elevada que la que ostentan nuestros escolares y jóvenes con sus modernos sistemas educativos actuales;-con laboratorios, prácticas y probetas, o sin ellos-.

Véase la educación en Cataluña o las provincias vascongadas como ejemplo. Hoy, y con una generación educada en el ideario nacionalista, es del todo imposible o casi imposible, hacer ver algo distinto o razonar algo diferente a lo enseñado y aprendido en las aulas o ikastolas. Entre otras cosas porque las instituciones modernas, de uno u otro signo, no educan para enseñar, aprender o comprender, sino para cohesionar grupos humanos en torno a una ideología, o cuando menos para contrarrestar la influencia de una sobre la otra. Por tanto, la educación, es y sigue siendo un instrumento de concienciación al servicio del partido en el poder o del Estado y, no siempre es rechazable o condenable en su totalidad como ya hemos dicho.

Por cierto, se supone que en democracia tanto derecho tiene un partido como otro para cambiar el sistema educativo precedente. No ha lugar a rasgarse las vestiduras por ello como se acostumbra a hacer en las tribunas parlamentarias. O no se debería dar lugar a eso, aún cuando nosotros lo digamos y reconozcamos, pues es el sistema democrático y electoral el que, por sí mismo, perjudica el sistema educativo empleado y la educación en sí, por las razones antes expuestas.

Que hoy nos haga triste gracia comprobar que la educación de los jóvenes españoles-, sin la enciclopedia Álvarez ni los cuadernos Rubio-, este a la altura de las amebas es normal y hasta saludable porque dicen que reír fortalece la salud. Permítasenos el sarcasmo. Carcajearnos de ese hecho y no llorar, nos parece que, dada la situación, es lo mejor que podemos hacer. Pero que nos indigne, sorprenda o asuste, nos parece una exageración, o más que nada, ganas de llamar la atención y aparentar lo que no somos ni tenemos. Y cada día menos porque esa virtud tiene fecha de caducidad cuando no se practica. Siempre la ha tenido. Es decir, la educación.

Acaso la televisión y los medios de comunicación demuestran contar con profesionales cultos y bien educados. Acaso la política demuestra altura intelectual alguna. Acaso cualquier aspecto social de la vida nacional, incluido el jurídico y militar, (véase último caso de torturas contra soldados iraquíes) demuestra la menor preocupación por la educación, la formación o la cultura o la simple humanidad.

En el ámbito privado de cada cual, ni siquiera nos sonrojamos ni nos avergonzamos de nosotros mismos por la manifiesta ausencia de preocupación por dotarnos de la más mínima formación humanística. No seguiremos sin señalar antes que no en todos los rincones de España es así. Excepciones siempre las hay y eso es lo que son, excepciones. En otros tiempos lejanos no recitar de memoria “La Ilíada” era la excepción.

Hagamos pues un esfuerzo por poner las cosas en su sitio. Echa la aclaración de que toda educación institucional y pública no es más que el esfuerzo de inculcar las ideas que el poder tiene respecto al país y al mundo, hablemos ahora del resto de lo que se puede seguir considerando educación o formación en cultura general: geografía, filología, gramática, matemáticas, historia, filosofía, química, etc. y demos por hecho que estas asignaturas están más allá de la manipulación ideológica, (cosa falsa por cierto pero sí más difíciles de transgredir).

Todo aquel licenciado en filología que pretenda ser escritor y escriba cosas que, a juicio del editor, requiera un esfuerzo de comprensión en los lectores, jamás verá publicada una sola obra. No lo decimos nosotros, lo dicen los editores y lo corroboran los lectores. Esto es así hasta tal punto, que cualquiera, con o sin titulación, con profesión o sin ella, sepa o no sepa escribir, pueda optar a componer un libro y a que se lo publiquen tan sólo con que guste al potencial lector. Sólo se publican obras cuya lectura sea amena y fácil. Ningún articulista será leído si el artículo que logre publicar sobrepasa el folio y medio de longitud o su nombre no es famoso, o lo que dice no se ajuste a la línea editorial de la publicación en cuestión. Las nuevas obras de narrativa necesitan de una potente campaña de publicidad si quieren optar a ser leídas, y no se invierte en publicidad si la rentabilidad inmediata no esta comprobada. Las editoriales sólo apoyan obras cuyas ventas estén aseguradas en un mínimo de ejemplares en virtud de la popularidad de sus autores, carambola o cobertura mediática. Sólo falta regalar caramelos. Mejor aún, entradas para los partidos de liga, (… de nada).

Todo esto es igualmente aplicable, desde el lado opuesto, es decir, de forma individual como lector potencial. Esto es, nadie leerá nada que requiera esfuerzo de comprensión, ni que exceda de un folio y medio de extensión en el caso de los artículos o ensayos, o que no contribuya a su frugal entretenimiento, o que le incomode, ni que se salga de lo trillado, ni que, por supuesto, diga algo contrario a lo que el propio sujeto crea o piense, siempre que sea lo común, o que se permita decir en según qué párrafo o capítulo, cosas contrarias entre sí que le harían pensar demasiado. Todo lo dicho en estas líneas no significa educación en sí misma pero bien podría considerarse el resultado de la misma.

En este “blog” ya hemos dicho repetidas veces, de distintas maneras, que España es un país ridículo y acabado. Y los españoles también. ¡Una pena!. Una amarga pena pero es así, y si se piensa bien, en el fondo qué más da. En realidad está acabado el mundo occidental entero y también todos aquellos países que, sin pertenecer a su órbita, tengan el mal acuerdo de  seguir sus pasos. Lo decimos sin acritud, como diría un político español todavía vivo de infausta memoria. Y al decir esto, que es muy grave, ni siquiera merece la pena frucir el ceño, … o ponerse grave.

Hay quien sostiene que ahora, con el desmoronamiento social y económico del país, los españoles se están dando cuenta de que la democracia no funciona y de que los distintos sistemas educativos no han conseguido más que incrementar el número de títulos y licenciados vacíos de toda formación y educación enriquecida y enriquecedora. Nosotros creemos que los españoles no se dan cuenta de nada. De nada de nada. Darse cuenta de algo no va con el español medio actual porque dice tener la explicación perfecta a todo lo que sucede. Y esa explicación no es otra que la de negar haber votado al gobierno que ha hecho las cosas mal en cada momento. Esto es, la culpa de todo lo que pasa siempre la tienen los demás.

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6 pensamientos en “Educación 2013

  1. ¿De verdad es tan díficil una educación aséptica? ¿No podemos blindar al menos esas materias básicas a las que ya hay que apicarles una integral doble para poder manipularlas intencionadamene? Si tuviéramos una base de partida en la educación sería más fácil soportar los cambios en la dirección del viento. Sólo habría que añadir aquellas materias que surgen por el avance de la sociedad y por qué no, de la tecnología. Dígase seguridad vial, medioambiente, prevención de riesgos, y otras que no han existido en ningún sistema educativo en España y que a lo mejor ha llegado la hora de abordarlas desde la base. Realmente eso es la modernidad de un sistema educativo y no el uso (o mejor dicho, el mal uso) de las pizarras digitales y las tablets.
    Pero yo también pienso que la fuente de la que emana todo está podrida, y por lo tanto, la próxima reforma será tan nefasta como la anterior y como la anterior de la anterior y por supuesto, como la siguiente a la próxima…

    • No sería la primera vez que se intentara alcanzar un pacto legislativo para blindar las materias elementales del sistema educativo en Cultura General o Educación Primaria en España. La cosa empezó tras la aprobación de la primera Constitución española del s. XIX. A partir de ahí, los sistemas educativos se han sucedido uno tras otro sujetos a los avatares de la historia y siempre se han modificado independientemente de que cosechasen mejores o peores resultados, lo que demuestra que siempre ha dependido del gobierno de turno en el poder. La segunda República imprimió el bonito eslogan de “El saber os hará libres” y estableció la enseñanza única, laica y gratuita para todos con objeto de facilitar a todos los españoles necesitados la posibilidad de alcanzar todo tipo de puestos de trabajo. Pero duró poco.

      Nunca más se ha logrado el mismo propósito excepto durante el régimen de Franco, que quitó lo de laica y agregó “católica” por razones obvias, y que, a la postre, ha sido de la única manera hasta la fecha. De ése modo, y también siendo mayoría en el Congreso legislatura tras legislatura. Pero ni siquiera así, porque el diseño educativo varió de tanto en tanto de acuerdo con los tiempos, las modas y los intereses europeizantes o nacionalistas, según el caso, aún tratándose del mismo partido en el poder.

      El problema es la fuente de la que emana todo, tal como, de modo acertado, usted mismo señala. Sin embargo no deja de ser curioso el acuerdo cerrado en materia educativa de las autonomías nacionalistas Catalana, Vasca y, en menor medida, Gallega; que sin oposición eficaz alguna han impuesto un sistema educativo “incontestable” a la medida. Entre otras razones porque no hay nada tan favorable para convencer, que hacer creer al grupo social de turno, que hay que luchar contra “el malo”, o “lo malo”, o sea, el idioma castellano en este caso. El complejo de culpabilidad aún latente de España, y en nuestros políticos de medio pelo, es lo que lo ha permitido. Cataluña se permite el lujo de multar a todos aquellos comerciantes que rotulen sus negocios en la vía pública en el idioma español.

      En cuanto a las materias de aritmética, geometría, tecnología, ciencias de la naturaleza, etc, o aquellas de carácter más o menos técnico y, por tanto supuestamente menos falseables; basta con cambiar la nomenclatura de los términos o convertirlos en eufemismos con la excusa de hacerlos más asequibles al entendimiento del alumnado al tiempo que se consigue introducir la sensación de cambio y mejora, (rellenar con paja).

  2. El artículo en sí es extenso y se podrían comentar por separado cada uno de sus párrafos. En primer lugar no creo que el porcentaje tan elevado que expresas sobre la población adulta que no lee un libro en su vida, sea cierto.lo encuentro exagerado. El porcentaje que únicamente ha leido libros relacionados son sus expectativas de trabajo también lo veo abultado. Deberíamoa tener en cuenta que cuando uno tiene una inquietudes dirigidas a un aspecto de la vida en concreto: historia, literatura, filosofía, informática, mundo animal, astrología, medicina, niños, jardinería etc, lo mas habituaal es que lea y mucho acerca de todo ello, simplemente porque es éste o aquel tema el que le interesa, le motiva y le ilusiona. No es necesario leer exclusivamente sobre filosofía, sociedad o política para considerase más o menos culto. Un filósofo, un historiador, un sociólogo, puede saber mucho sobre aquello que le concierne y no tener ni idea de usar un oredenador, de la fauna de su entorno, de geográfia, de lengua propia o extranjera, de física, matemáticas o química. Y no por ello es un inculto o un mindundi. Cierto es que que como se suele decir tiempos pasados fueron mejores, sobre todo en educación, el fracaso de las diferente políticas educativas se deben a multitud de factores; en primer lugar ahora los conocimeintos que tratan de impartir son tan amplios y diversos, que no llegan, los niños tras las horas escolares deben acudir en su mayoría a cursos de inglés, clases de danza, música etc. Apenas tienen tiempo para dedicar a los estudios y suelen hacerlo solos. Recuerdo a mi madre estar pendiente de los deberes y los estudios de cada uno de los 11 hermanos que somos, y atendiendo las necesidades de cada uno. Llegar las 17h a casa directos del colegio, merendar pan con tulicrem y acto seguido a estudiar. Ahora la mayoría de las madres incorporadas al mundo laboral apenas tienen tiempo para dedicarles a los hijos, y no digamos de los padres: normalmente éstos si lo tienen, pero prefieren llevarlos al parque o cosas similares con tal de no sufrir los amargos y duros momentos que suponene enfentarse a los hijos por cuestiones de trabajos escolares. Ahora no existe el respeto ni la consideración hacia los padres que había antaño. Ahora un cachete en el trasero o en el cogote es motivo de denuncia por maltrato y de ello se aprovechan los chavales. Si nuestros padres elvantaran la cabeza!!! El continuo cambio de sistema educativo- color de gobierno, hace que los profesores no sepan ni lo que tienen que impartir de un año a otro, que los padres deban aprenderse cada curso las nuevas modalidades y contenidos de estudio, y que los niños empiecen a estudiar creyendo que en x años acaban la primaria o secundaria y resulta que no, son x más uno. Los chavales que estan finalizando sus estudios en el Instituto y deben pensar en que estudiar en el futuro inmediato no se pueden sentir muy estímulados dada la realidad social de hoy en día: desmotivación. Bueno, de momento nada más que va a ser más largo el comentario que el artículo y eso si que no.

    • En efecto, los datos estadísticos son siempre susceptibles de incurrir en error; allá cada cual con el valor que les otorgue. Sin embargo no es necesario introducirse en un aula para saber que en su interior se dan clases.
      La Educación básica no es lo mismo que estar especializado en una materia o profesión y un buen profesional no hace buena la educación que hay recibido por más libros que lea de su profesión en cuestión.
      La sociología o la filosofía no son asignaturas equiparables a la mecánica o la informática. La función de las dos primeras es conocer y explicar el comportamiento de la sociedad; la de las dos últimas supone limitarse a dominar los pormenores de una materia muy limitada y definida, tanto que hasta podrían ser opuestas entre sí.
      En efecto, la enorme variedad de materias incluidas en la actualidad en el sistema educativo lo convierte en un confuso laberinto por el que transitamos todos sin saber a dónde ir ni de qué manera. Así nos luce el pelo. Quizá necesitemos cuatro o cinco sistemas educativos simultáneos y una sola Educación Básica.

  3. Creo que la formación en general del individuo no interesa en este país. La persona autodidacta se puede sentir satisfecha pero el sistema educativoespañol, de momento, puede llegar a ser una traba en el desarrollo.

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