La ilustración en la Red

No hay sandez, en éstos tiempos, que no triunfe y prospere; que no consiga al instante una ingente cantidad de adeptos y seguidores tan necios o más como la propia estupidez que emulan tan convencidos y alegres. ¿Hay remedio? No, no hay remedio. ¿Hay posibilidad de vuelta atrás?; no, no hay ninguna posibilidad.

He aquí que en los tiempos de la gran blandenguería en los que nuestros únicos dioses se llaman frivolidad, diversión, choque de mejillas y comodidad; en los tiempos en que todo se equivale y nada vale nada —salvo el dinero y los despachos de quinielas—, he aquí que en tales tiempos, la queja, el descontento y el llanto se extiende por doquier y la revolución, mire usted por dónde, es la Red.

Y en la Red son una plaga. Los revolucionarios han anidado en Internete y tienen su domicilio en las “Redes sociales”. No son una mayoría relativa sino abrumadora: gente sin mejor cosa que hacer que estar pegados a la pantalla del ordenador y del móvil todas las horas hábiles del día.

Su preocupación esencial es lanzar proclamas cuanto más incendiarias mejor. Arremeter contra el gobierno que proceda. Firmar peticiones y adherirse virtualmente a todas las causas “solidarias” habidas y por haber. Y como actividad estrella, promocionar “Primaveras” por doquier.

Estos tiempos de crisis y estrechez les proporciona todas las excusas necesarias. Son especialistas en iniciativas repolludas, del tipo “Toma el Congreso”, o “Apagón general de luz”, “No pagar en el metro”, “Las clases universitarias a la calle” y cosas así.

Nunca descansan, duermen como los sioux, con un ojo abierto, y detectan las señales de humo de sus ordenadores a miles de kilómetros. Se entienden de maravilla en la distancia, con el espejeo cegador de tres o cuatro conceptos y seis o siete frases lanzadas al ciberespacio con tozudo entusiasmo militante.

Sus filias van desde el Che Guevara a Kim-Jong-Um, pasando por Hugo Chávez, Gordillo el de las fincas, las sentencias apócrifas de Saramago y las aventuras justicieras de Supermán y la atractiva personalidad del Califa de Córdoba.

Las fobias de estos usuarios de la red están mejor definidas y son menos numerosas aunque mucho más radicales: odio tenaz a la Iglesia Católica (sólo la católica, las demás son creencias respetables de civilizaciones oprimidas) y aversión sin límite a cualquier poder que de lejos les parezca “de derechas”. Lo demás es folklore. Incluso su descreencia del sistema y su denostación de la economía de mercado resulta reversible y circunstancial: se quejan de los ricos y de la explotación, sea cual sea, pero están deseando que algún capitalista sin entrañas los contrate, los explote y los redima de su condición de tecnoflautas atrincherados al otro lado de la pantalla del Pc o del móvil con ágiles dedos sobre el teclado.

Son hijos del desempleo crónico y el cambio de paradigma social en cuanto concierne a la tri-unidad tiempo-trabajo-tecnología. Hasta hace unos años, el estado perfecto de alienación para las masas se basaba en la administración eficiente del doble valor trabajo/ocio. Ahora el problema no consiste en recuperar el valor del trabajo, sino en dar sentido al no-trabajo, porque no lo hay ni parece que vaya a haberlo, y porque el tiempo improductivo de los desempleados no puede definirse como “ocio”. En todo caso se le podría definir como “ocio reconvertido por Red”.

Los parados jóvenes y los de entre los veinticinco y los cincuenta años, son los mayores suministradores de contenidos de Internet/cloaca. Lo de contenidos es de coña, pues nunca en la historia se habían dicho tantas vaciedades ni tal rematadamente mal expresadas. Sin embargo se tienen por revolucionarios. ¡Si Vladímir Ilich levantara la cabeza!.

Desbordan Twitter, arrasan en Facebook, mantienen vivos y candentes miles de foros y páginas web, infinidad de blogs y perfiles en todas las redes sociales. De todo lo cual resulta una actividad febril y continuada porque siempre es de día en media parte del planeta y además muchos no duermen a sus horas.

Su actividad es caótica, delirante y casi siempre pueril. Los “mensajes” que lanzan en la aldea global virtual son breves por necesidad y, en consecuencia, a menos palabras más eficacia, cuantas menos letras mejor, cuantos más exabruptos abreviados mejor todavía, así que aquel que todavía sabe leer, debe adivinar el contenido.

Esto lo ha entendido muy bien la Red social por antonomasia de los tecnoflautas, que desde hace tiempo es esa cosa llamada Twitter: “lo que tengas que decir que sea en menos de setenta caracteres“. “Uff, yo tengo bastante con cuatro o cinco”. La invitación al improperio es diáfana, al improperio sincopado. La tentación del insulto, irresistible y cargado de “corrección del administrador”, faltaría más.

Si encontrásemos por la calle a un individuo que clamase, iracundo, contra “el gobierno fascista y genocida del PP” y “la  dictadura eclesial de los pedófilos con sotana”, siendo rematadas dichas soflamas con gloriosos vivas a Stalin, a Arturo Más, y la República Popular de los Pueblos Ibéricos, sin duda llegaríamos a la conclusión de que hemos cruzado nuestros pasos con un trastornado. Pero si se leen estas mismas bobadas en Internete, resultan coherentes con el estilo cargado de sentido y dignas formas del perroflautismo alimentado en las barricadas de la virtualidad. Así se hacen las Revoluciones ergo Primaveras en nuestros días.

Una de las características, quizá la más llamativa y penosa del fenómeno, es el lenguaje oral, de suyo más proclive al desafuero que la palabra escrita, pero hoy elevado al brillante raciocinio de la simple burrada. Antes, para escribir había que pensar primero lo que iba a decirse, y cómo decirlo. Ahora, el ámbito social que va de los diecisiete a los cincuenta y cinco años, ofrece un mundo sin barreras al pensamiento grosero expresado por el ano, pero con mirada fresca y ojos ilusionados. A pocas personas decentes les molesta, y hasta se admiran de tal frescura lexicográfica.

Y no hay remedio ni marcha atrás en esta dinámica envilecedora de la presunción de raciocinio humano. En Internete, el que no grita, el que no dice estupideces, el que no esta insuflado de tontismo o como una torta de pipas de girasol, no existe. Y quien se asoma a Internete y aprende de él y con él, recibe el título de persona moderna, solidaria e informada. Y si participa en las Redes Sociales, es un chico ejemplar.

Hablando de raciocinio, el acceso inmediato a la información y los medios de comunicación, así como la posibilidad de expresar libremente la propia opinión en esos mismos medios, y en internete, parece algo razonable. Democrático. Pero ya ha pasado el tiempo y podemos decir, con más que abultadas pruebas en la mano, que aquel día, aquellos días, aquellos años en los que la Ilustración y la Revolución Francesa volvió del revés el jersey de la humanidad, ha generado el mayor de los disparates imaginables.

Qué cuál disparate, el de poner el poder de decisión del mundo en manos de quienes usan la cabeza para defecar y el culo para pensar. Eso sí, el resto del cuerpo lo decoran muy bien con vestidos comprados en el ciberespacio de la aldea global.

4 pensamientos en “La ilustración en la Red

  1. Es un estudio perfecto de la importancia que,en la actualidad,tienen las redes sociales y la carencia de unos valores sólidos,bien definidos y defendidos por aquellos que vierten su histeria personal y anónima,apoyándose en la masificación desconocida.
    Yo le propondría exponer este pequeño ensayo en el facebook o twiter y esperar sentado. Sería curioso ver como se responde a “la carnaza” ofrecida.
    Felicidades.

  2. Perfecto, estoy de acuerdo. Al igual que J.J. Benitez en su libro “La Quinta columna”, en el cual arremetia contra los “investigadores de salon” los cuales nunca habian hecho trabajo de campo, es muy facil promover primaveras desde sus maquinas, lo que no es tan facil es pasar frio o calor apoyandolas.

  3. Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices, pero debemos reconocer que las redes e internet en general bien utilizadas tienen sus ventajas, de las que todo el mundo nos aprovechamos, un ejemplo, si no existieran no podríamos disfrutar de tus artículos aquí expuestos…. El problema es la utilización frívola que se le da en muchos casos.

    • En todo. En cualquier cosa, ocasión, tema o circunstancia, hay excepciones. Incluso en enfermedades bajo control. No existe ni una sola situación que no encierre un hecho excepcional. Quizá, como el ejemplo que citas, pero la excepción es siempre algo no común, no habitual, no general y, por tanto, raro, original, excepcional. Lo mismo sucede en la Tv, en la literatura, incluso en la naturaleza. Por eso lo excepcional hay que buscarlo porque no esta al fácil alcance de todos… y de todas.

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