¡Revolución o esclavitud!,- dices – (1ª parte)

Un amigo con las cosas muy claras le dice a otro amigo con las cosas más oscuras, que, o los españoles hacen una revolución cuanto antes, cambiando radicalmente la estructura del Estado, o España entera terminará convirtiéndose en un país de esclavos.

El amigo con las cosas oscuras no sabe qué decir. Tampoco sabe qué se puede hacer pero se despega de él y busca una sombra con urgencia. Es verano en Madrid, llevan paseando por las calles del centro más de una hora con los bolsillos menguados y hace un calor de mil demonios. En las terrazas de las cafeterías y los bares un café cuesta 1’90 €, un refresco 2’50 €, y el menú menos caro no baja de los 11’90 €. Eso con suerte, en los bares y cafeterías más pobres y en las calles secundarias.

Luego, reunidos los dos bajo el toldo de una tienda, le responde con seguridad que lo de los esclavos es cosa del pasado y lo de la revolución ya no está de moda.

  • Además, me gustaría saber lo que es, en realidad, eso que tu llamas “el pueblo español”- dice con cansera, y añade recostándose en la pared: aunque pase de todo, a España nunca le pasa nada. Y recalca, le pase lo que le pase. ¡Entiendes!.
  • Qué es lo que no pasa nunca; replica el amigo de las cosas claras, todavía con medio cuerpo expuesto al sol. ¿Ser esclavo o hacer la revolución?.

Un tercer amigo que no tiene las cosas ni claras ni oscuras pero que les acompaña y siempre va tras ellos, se pregunta cuál de los dos será más tonto: ¿el amigo que no tiene las cosas claras? ¿El que no las tiene oscuras, o los dos? ¿Quizá él mismo por preguntarse tales cosas?. Luego se arranca y dice con filosofía,

  • Yo no sé si seré esclavo o lo que sea, lo que si sé es que yo vivo bien. Me voy a todas las fiestas que puedo, y ahora en verano hay muchas por todas partes. No pierdo ninguna ocasión de divertirme y hago lo que quiero. Cuando trabajo me quejo de todo y la gente me da la razón y cuando estoy en el paro me quejo igual y lo mismo. A lo mejor por eso llevo tanto tiempo sin dar golpe, y la verdad, se está muy bien así. No tengo nada ni me sobra nada pero siempre tengo más de lo que necesito. Lo único que está claro es que yo siempre quiero más de cualquier cosa. De lo que sea. Quejarme y protestar. Todo menos tener que pagar.

El amigo que tiene las cosas muy claras reflexiona sobre las palabras que acaba de oír, rascándose la patilla izquierda, después aclara,

  • Pues estás de suerte porque a partir de ahora vas a empezar a tener mucha hambre, muchas ganas de tener dinero, muchas necesidades y muchas cosas de las que quejarte. Y muchas más cosas que pagar. ¡Entiendes!
  • … ¡Ah!, exclama el tercer amigo,- y por eso dices que voy a ser esclavo! ¡Bah!.

Luego, para sus adentros dice: “verdaderamente los dos son tontos”.

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