¡Revolución o esclavitud!,- dices – (2ª parte)

Las ideas nacen, crecen, se desarrollan y mueren obedeciendo las mismas leyes naturales que el resto de la naturaleza y el Cosmos mismo. Para que cada una de esas fases consuma su ciclo necesita tiempo, a veces mucho tiempo, y como no pocas ideas (buenas y malas) nacen equivocadas, o se tergiversan al poco de nacer; hasta que mueren dejan en su recorrido un reguero de dolor humano inmenso. Tanto, que hasta tienen tiempo de cambiar su significado y hacer que la sinrazón se convierta en razón, el sin sentido en sentido común y el dolor en satisfacción. La Humanidad así, camina hacia ninguna parte. O si se prefiere, hacia una parte en la que lo absurdo y ridículo se toma por razonado y sensato.

Que las personas crean en ellas mismas,-si no es para acrecentar la propia vanidad-, es cada vez más difícil porque el placer que proporciona la común insidia, la frivolidad y la competencia, (sana o barriobajera), han hecho que nadie, que ninguna personalidad importante, o que pueda serlo, en ninguno de los campos de la actividad humana, no haya quedado más que empapado en el baño de la extraordinaria estupidez con que hemos colmado nuestros mares y piscinas.

Que la gente deposite confianza en los sentimientos propios y ajenos es poco menos que imposible (siempre hay excepciones) porque son los deseos primarios y las necesidades inmediatas los que gobiernan la cabeza y el corazón de las gentes, ¿cómo hacerlo ante el despliegue de violencia e intolerancia, de mentiras y disimulos, que constituyen la base de nuestro comportamiento “civilizado”?

Creer en las ideas es igualmente complicado. Cada cual se encarga de blindar y enaltecer las suyas, aunque no tengan fundamento, y destruir las ajenas o negarse de plano a reconocerlas y aceptarlas. Y, entretanto, de forma inverosímil, no dejamos de aumentar la confusión sobre la que pretendemos entendernos.

Un pensamiento en “¡Revolución o esclavitud!,- dices – (2ª parte)

  1. En efecto, cada oveja con su pareja. Si una idea es ajena a nuestros pensamientos automáticamente solemos rechazarla (siempre hay excepciones).
    Así pues, como muy bien has dicho, La Humanidad camina hacia ninguna parte.
    No obstante, cuando una idea es ajena a tus ideales pero posee buen fundamento unido a una gran persuasión, tendemos a aceptarla. Por esta razón, ¿no crees que el populacho debería ser más crítico y competente frente a los políticos y no, por el contrario, estar bajo el dominio de la esclavitud y la aceptación?.

    ¡Viva la revolución!

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