¡Revolución o esclavitud!,- dices (5ª parte y última)

Nos da por pensar, llegados a este punto, que Ruiz Mateos, Mario Conde, El Dioni, Luis Beltrán, Jesús Gil y Gil, La Pantoja, Maite Zaldívar, Julián Muñoz (y sus bolsas de basura llenas de billetes), Urdangarín y sus sellos de prestigio, Bárcenas, “El Bigotes” y sus amigos del alma de la llamada trama Gürtel; la cuadrilla sevillana de los Eres en Andalucía, cada vez más nutrida, el fiasco insolidario de Rafael Blasco, el caso Emarsa, los banqueros de dedos largos como Blesa, el caso Brugal alicantino o Carlos Fabra “el sempiternamente afortunado”. Esos alcaldes, muchos alcaldes, (del PP, del PSOE y IU) que colocan a todos los miembros de sus respectivas familias en empleos y puestos públicos, etc. Juan Cotino, sus cargos, sus casos y su sobrino “el lánguido” asesor o ex-asesor de presidencia en las Corts Valencianes; amigos, contratistas y subcontratistas de comisiones y comisionistas, etc. etc. etc. más que unos defraudadores, delincuentes o estafadores por cuenta propia, son, por qué no admitirlo de una vez, el reflejo prístino de nuestro auténtico carácter, ergo verdadera democracia española y moderna. ¡Hagamos un esfuerzo!.

–       ¡Jesús! … lo que acaba de decir este hombre.

Porque, y no es que queramos echar mano de los Santos Evangelios ahora, pero, “si hay alguien (algún español queremos decir), libre de toda culpa, que tire la primera piedra”.

–       Pero si las personas honestas y honradas somos multitud. ¿Cómo se pretende compararnos?. Somos el pueblo y el pueblo siempre es bueno. ¡Hombre!.

Nos referimos a la circulación del dinero negro, (por lo general, ni siquiera cuando un gestor fiscal hace la declaración de la renta a un particular, extiende la correspondiente factura, ni cuando un ferretero nos vende un rollo de cinta de embalar, ni cuando llenamos el depósito de gasolina). También nos referimos a las envidias; a las gigantescas envidias y a las ganas de enriquecimiento fácil que ambiciona toda la población. A la comodidad, a lo quiero todo para mí.

–       “Y además tengo razón en todo”.

Bonito y barato; y solo los demás son malos, etc.

–       ¡Sinvergüenzas!, ¡que son todos unos sinvergüenzas!. Todos menos yo, claro está.

Puestos en esa tesitura probablemente hubiéramos de haber inventado un sistema de gobierno “typical hispanish” que hubiese sabido conjugar con provecho esta “habilidad” intrínseca española para lo fulero, lo envidioso, lo pillo, lo agitanado, lo sinvergüenceril, lo falso, el manejo y lo mentiroso; con la administración pública “decentemente” gestionada.

Esto es, hacer virtud de lo deleznable. Por qué no. Otras cosas más difíciles se han conseguido, por ejemplo llevar un hombre a la luna con un ordenador menos potente que el chip de un teléfono móvil. O que Manuel Fraga se bañase en “Más Palomas” a pocos metros de una bomba atómica. O que la multitud se deje engañar voluntariamente por mentirijillas propias de nenes.

–       Si, por qué no.

Por ejemplo: por qué tiene que ser malo coger un “pellizco” de aquí y otro de allí, siempre que no sea mucho y no lo quiera todo para él, y si lo hace se le da un capón, pero nada más. Por qué tiene que ser malo que un alcalde o un presidente de la Diputación coloque a sus familiares y amigos en los mejores puestos de trabajo de su ámbito político. A ver por qué. Por qué tiene que ser malo aceptar comisioncillas para sufragar partidos o favores. Siempre y cuando no se pasen a lo bruto, y si se pasan se les da una colleja pero nada más. Por qué tiene que ser malo hacer negocios fáciles o inexistentes usando nombres importantes, existentes o inexistentes, o símbolos nacionales. Y cosas así.

–       No hay por qué ponerse tan serios, ¡caramba!.

–       … ya, pero es que cogen el dinero de mi propia cartera.

Por qué va a ser malo construir aeropuertos, polideportivos enteros o piscinas individuales, o puentes “de Calatrava”, viajar de gratis al Parlamento Europeo para saludar a los amigos o cenar en bonitos restaurantes del centro de la ciudad.

–       ¡Ozú niña, que desajerá eres!. Hay que relajar un tanto el código penal. Digo yo.

–       ¿No nos hemos metido la democracia por los ojos tanto?, pues, ¡niña, dejarnos que nos desahoguemos un poco que nos vamos a atragantar, digo!.

La avaricia rompe el saco se ha dicho siempre. Algo que ya no debe ser así, suponemos. Acaso no es avaricia querer que todo se cumpla a rajatabla según una normativa que además es espuria y extranjera. Por qué no se respeta debidamente al español medio.

–       Si, ¿por qué no se le respeta y se le deja sisar como se ha hecho siempre?

Porque no hay ni uno sólo (español digo, que si pudiera, rechazase el enriquecimiento ilegal. Si pudiera. Ni uno sólo.

–       Eso no es verdad. Yo la respeto mucho,- dice uno.

Y quizá, mientras no admitamos ese pequeño detalle tan obvio como tercamente fijo, no habrá Dios que remedie tanto desatino lanzado a galope tendido.

Otros peninsulares serios de generaciones pasadas, como Larra, Ortega y Gasset, Pérez Galdós, Menéndez Pelayo, Moratín, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle Inclán, Blasco Ibáñez, incluso Camilo José Cela; F. Fernán Gómez, y otros muchos, (no por cierto a Sampedro, en paz descanse el pobre), sí que conocían y describían bien a los españoles.

–       ¡Señores, semos como semos!.

Lo demás sólo es estropicio y más estropicio, pero ya decimos, el español es perfectamente capaz, no sólo de asumir con garbo y tronío estos “recortes” que nos estrechan y arruinan,- y de qué manera-, sino chulearse de ellos encima, burlarse, hacer chistes, recoger cantando los deshechos de los contenedores de basura y hasta componer canciones mediáticas de éxito. En fin, como siempre se ha hecho en esta parte del mundo. Repásese o échesele un vistazo a Esquilache, a Fernando VII y a la Pantoja entre otros muchos ejemplares.

–       ¡Ele mi arma!.

2 pensamientos en “¡Revolución o esclavitud!,- dices (5ª parte y última)

  1. Desdeluego. Cualquiera que tenga algo de seso echaría a ver que nuestro nivel cultural o de conciencia social (general) es vergonzoso.
    Sin embargo la realidad se impone. Siempre se impone. Y la realidad no es otra que la que nosotros mismos generamos. No hay que buscar las culpas al otro lado de la esquina, están en nuestra propia calle, en nuestra propia casa. Algo que nadie, nadie, quiere reconocer. Nadie.

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