Los grandes logros de la modernidad – ( II )

  • (Logro 2º)
  • El “gay” (el homosexual)

Desde el momento en que nuestra modélica sociedad se empeñó en considerar la homosexualidad como aquella conducta que vale “lo mismo” entre iguales, en aquello de que todos valemos lo mismo, en que ninguno tiene ni debe tener más derechos ni deberes que otro, ni ser más ni menos – o en devaluar la diferencia entre las particularidades y singularidades de las personas– le ha asegurado, al homosexual, un lugar de privilegio dentro de la ordinaria, frívola y festivócrata mitología moderna haciendo de ella (de la sociedad) una estructura política y humana más “meritoria” de lo que ya es.

No se trata en modo alguno de denigrar a la homosexualidad en sí, –una orientación o preferencia particular merecedora de la más perfecta indiferencia a nuestro entender–, sino de preguntarse por qué la homosexualidad, como militancia, necesita poco menos que obtener, a bombo y platillo, la ovación admirada de una humanidad que debe sentirse agradecida por saber que, “ellos” son iguales a los demás.

Esa necesidad de obtener la ovación pública con alharacas en “do” mayor, nos lleva, sin querer y sin ganas, a eso que se denomina la gaytitud, y que consiste en asimilar una orientación sexual, meramente ordinaria y particular, a una cosmovisión del mundo, a una categoría socio-político-cultural obligatoriamente global e igual a cualquier otra conducta, y a una forma de redención del género humano a través del, a todas luces, innecesario festivismo “gay”, homosexual.

La homosexual (gay), es la cruzada por excelencia de los tiempos modernos hiperfestivos. Lo es porque está conducida con la garantía y buena conciencia de todas las víctimas “profesionalizadas en victimismo”.

Para conseguir sus objetivos ha utilizado su propia exhibición ridícula, la provocación, la exigencia de protección, la culpabilización, la persecución, el chantaje y las reivindicaciones particulares camufladas bajo la retórica de la igualdad y de la libertad. En realidad los “gays” militantes han sido los más eficaces portavoces en Europa de la ideología correctora norteamericana.

Según la lógica binaria –“quien no está con nosotros está en contra”– hemos desembocado en la situación inversa a la que estaba en vigor hace décadas: la “homofobia”. Y hoy es susceptible de sanción penal, igual que ayer era premiada o simplemente permitida. La diferencia estriba en que hoy,- sin dictadores a la vista-, homófobo es todo aquel que presente alguna objeción o que no muestre una aprobación genuflexa ante tan buena causa.

Así resulta extraordinario verles combatir (a los gays) contra enemigos, poco menos que inexistentes y a los que se oye tan poco, que se tiene la impresión de estar cumpliendo el mero papel de espectador en un espectáculo de variedades en el que falta el dato principal, el motivo.

Verles denunciar en grupo, de forma rutinaria, los tabúes y los temas de los que no cesan de hablar con gran queja, verles partir en cruzada contra censuras que nadie ha visto ni padecido, verles universalmente aplaudidos por derribar ‘prejuicios sociales’ que no son más que lejanos recuerdos, verles ocupar todo el escenario para denunciar que son ‘rechazados’, verles mantener el fuego sagrado de un combate que encuentra tan pocos opositores, es pura mariconería, con perdón.

Y por eso la gaytitud  aprovecha todo ataque o ataquito cuando, por ventura, encuentra a un puñado de creyentes en la antigua religión, aquí, en Rusia o en Pekín, o a un puñado de sostenedores del viejo mundo, que se presta a jugar el papel de fantoche reaccionario, intolerante y homófobo, para obtener así un semblante de heroísmo a la causa “gay” ganada de antemano. Batalla siempre sin librar por innecesaria.

Al “gay” homofestivo se le debe el impagable invento de la “Pride”, punto de arranque de la Fiesta moderna, indisociable del movimiento homosexual. Es al “gay” a quien Occidente le debe el icono insuperable de la Fiesta, con los confetis, los pompones, las panderetas y las mil y una maravillas del festivismo ciudadano moderno. Pero qué más en realidad, como no sea eso que se ha dado en llamar la familia homo parental. Otro gran logro de la modernidad, sin duda.

Anexo festivo y un tanto irreverente

Es, siendo y estando en España, una horterada a decir de la gente llana, llamar a los homosexuales “chicos alegres, gays”. No todos los homosexuales son alegres, ni todos los alegres son maricones. Y siendo españoles mejor hablar y escribir con términos propios, con perdón para aquellas lenguas tribales, autonomistas y/o modernas, a las que no les alcance traducir “maricón, bujarrón o tortillera”. Siempre la puede inventar o importar del inglés, lengua tan blanda ella. El español es una lengua viva y no necesita importar ninguna palabra para expresar su pensamiento.

Cuando se habla de maricones y lesbianas, todos se empeñan en poner en el mismo saco al variopinto colectivo de homosexuales, sin embargo no es así porque los hay de todo tipo y condición. De hecho la homosexualidad no es patrimonio de nada ni de nadie, si quien lo es, se limita a hacer un uso natural de tal inclinación. En la izquierda, en el centro y en la derecha, incluidas las filas del PP, los hay y con solera. En las filas y en las cúpulas.

Todo aquel que mida su frente con un dedo sabe que un homosexual no tiene porque ser amanerado, afeminado o una “loca folclórica”. Más bien todo lo contrario. Todas esas variedades “frívolo-festivas” solo distorsionan una realidad que perjudica la naturalidad de un colectivo humano haciéndoles parecer ridículos títeres de feria. Ser homosexual es una cosa y hacer mariconadas otra. Es más, nadie normal se enorgullece de mostrar su intimidad en público. ¿Cabe preguntarse que tipo de “persona” lo hace?.

Los heterosexuales nunca han necesitado proclamar su heterosexualidad un día al año para estar orgullosos de su tendencia sexual. Ni nos imaginamos a una mujer embarazada contestando la pregunta de: ¿qué quieres tener, niña o niño?, diciendo: “me haría mucha ilusión tener un maricón.

Las putas y sus hijos

Demos por hecho que estamos en una sociedad liberal festiva. Por qué se persigue y condena la prostitución femenina?. Ya viene siendo normal multar a los ciudadanos que van de putas. Gran incoherencia social y política si verdaderamente es liberal. Más adelante nos preguntaremos seriamente qué tipo de sociedad es en realidad.

Ser maricón o lesbiana y mostrarlo ridículamente en público no está perseguido. Esta celebrado y es obligatorio casi estar orgulloso de ello. En cambio las putas están perseguidas y los políticos arremeten contra los consumidores de servicios sexuales. No hace falta no consumir una cosa para defenderla y las putas, posiblemente, llegados al extremo en el que están las cosas, sean uno de los grupos humanos mas honestos que han existido siempre. No engañan, se sabe para qué y por qué dan servicio y agradecen cualquier detalle. Sólo las hay buenas y malas trabajadoras, como en todas partes.

Otra cosa son sus hijos. La puta, como toda buena madre tiende a colocar en buenos puestos a su hijo, si ha podido. Y si esos puestos están en la política y  la administración, mejor. De ahí viene la frase, “eres de puta madre”. En cambio ellos, sin ningún tipo de miramientos arremeten contra sus propias madres e incluso contra los clientes de sus madres, y los persiguen y multan.

Las putas, al contrario que sus hijos, cobran por dar placer. En cambio los hijos cobran sin dar nada a cambio y además  roban cuanto pueden ¿Qué servicio dan a España los hijos de puta?

Un extendido dicho popular dice que si Jesucristo viviera hoy en día, diría sin vacilar: “Es mas fácil que una puta pase por el ojo de una aguja que un político español entre en el reino de los cielos”.

Muchos piensan con razón que lo menos que podían hacer los políticos para purgar el mal que hacen, es dimitir en pleno, no sin antes declarar el día uno de enero el día del “orgullo puta” o simplemente el día “de puta madre“, en lugar de perseguirlas y arrinconarlas. ¿Qué tienen los homosexuales que no tengan las putas?

No deja de ser cierto que putas en la política no hay muchas, (son profesiones opuestas), en cambio los homosexuales festivócratas son legión.

¡Putas de España al poder!, tal como proclamaría un buen anarquista. Las putas requieren una organización fuerte desde la que arremeter contra sus propios hijos.

Agosto del año 2013

2 pensamientos en “Los grandes logros de la modernidad – ( II )

  1. Este comentario es propio de una persona que mide el honor y la hombría junto a la pretina del pantalón;no es propio de un filósofo que busca el porque de los comportamientos.Esos gritos estereotipados son los gritos de El Gernica ante la injusticia.¿Enemigos inexistentes?mire usted el meollo social;entre en las relaciones interpersonales y entenderá qué significa “mariquita ” y

  2. El anexo parece escrito sobre la mesa de un bar pobre del extra radio de cualquier mega ciudad. Estoy totalmente de acuerdo. Y complementa el análisis anterior con terminología de calle que es común a mucha gente.

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