Los grandes logros de la modernidad – ( III )

(Logro 3º)

El intelectual “progre”

Síntesis pura y quintaesencia de todas las encarnaciones de la modernidad. Frivolócratas y festivócratas. Buenas personas por encima de todo. Positivas por definición y porque no hay, en este mundo, otro mundo para ellos. Denominador común del gilipollismo cultural e ilustrado más “progre”. Ser intelectual así, es tanto como decir la izquierda. La intocable, la poseedora absoluta del sentido de la justicia. La siempre honesta izquierda. “El dealer” universal de esta humanidad en secesión de humanidad.

En su alucinante convicción de encarnar la guerra contra el Mal, es decir contra todo lo que le parece que le supera, (el intelectual diría: lo incorrecto, lo equivocado), la izquierda como idea política, es hoy el partido meapilas contemporáneo por excelencia.

Tanto que hasta los demás partidos, por más opuestos que sean, (y ninguno lo es demasiado) no pueden aspirar a nada sin persignarse antes con unción mojando el índice y el pulgar de la mano derecha en el mismo orinal en el que orinan sus intelectuales y adláteres.

El intelectual de hoy siente tan firmemente apretados los testículos por los gomosos dedos del modernismo y de la cultura de occidente, que no puede ser otra cosa que su baluarte. Y al otro lado de las murallas no existe nadie. Son invisibles. No se les ve. No respiran. No sienten. Y si los hay deben ser inmediatamente reciclables.

En su sedicente búsqueda de un mañana radiante, al intelectual, a la izquierda, le es preciso incriminar constantemente al mundo desobediente para acelerar así el proceso de ordinariez y convertirlo en fiesta y cosa bien hecha, cualquier cosa que se haga.

Con una fe ferviente en la idea de lo progre, lo bien hecho y lo positivo – idea que en el fondo le consuela y le redime de los pensamientos invasivos de la (des-alienación).

La izquierda y sus intelectuales son congénitamente incapaces de comprender la post-historia a la que ella misma ha llevado a la humanidad. Es decir, son incapaces de comprender la vaciedad de la que esta llena la historia actual. Un factor de mistificación, falso por tanto. Esto es, un lastre muy pesado que impide la comprensión del mundo en el que vive y en el que, por obligación, se vive.

La suya, en cualquier caso, es la mejor agonía que se conoce, la de estar alineado con la asfixia terminal de Occidente. Un final, aceptado ya, como el único modelo viable para la humanidad del futuro. ¡ El futurplasmamental !.

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