El paciente y alegre tránsito a la tristeza

En este artículo intentaremos averiguar lo que está pasando. Lo que está pasando de verdad, o al menos, interpretar lo más acertadamente posible lo que esta ocurriendo en España.

Saber que siempre pasan cosas no es lo mismo que saber qué cosas pasan. Por qué pasan y cuál es su importancia real. Nos estamos refiriendo a lo que ha dado en llamarse la crisis económica, que al parecer, va a cumplir el sexto aniversario con tres millones de personas en la pobreza y cuatro millones ochocientos mil desempleados de una supuesta población activa cifrada en veintidos millones seiscientos cincuenta y cuatro mil.

Para ello empezaremos por confesar nuestra ignorancia y no suficiente capacidad para entender la cosa económica. Partiremos de la base de nuestra desinformación, ya que,- aunque esté consagrada la libertad de prensa y opinión-, no es posible saber con certeza, cuál es la cifra exacta de la deuda española; ni casi ninguna otra cifra relacionada con la situación económica, la libertad de información obstaculiza la verdadera información: número de desempleados que cuenta con ingresos “extra”, o que ya ni renueva su situación de paro en el Inem. Número de población activa real. Bolsa de dinero en negro. Déficit contante y sonante que, a fecha de hoy, parece estar en 1’3 billones de €uros. Esta es una cifra tan alta que sólo con pagar los intereses que conlleva, según algunos expertos, supera con mucho la cifra de crecimiento anual previsible de los próximos cien años.

Nos resulta poco menos que inconcebible pensar en cómo hemos podido acumular una trampa tal. Tampoco se sabe cuál es la deuda estimada de este año 2014. Ni cuál fue exactamente la del año pasado; al menos no la que se dio a conocer. El gobierno dice que el presente año será de 65.000 millones de € y otros aseguran que será justamente del doble a juzgar por la que se facilitó el pasado.

También esta en esa lista de cifras ininterpretables el índice de la prima de riesgo. Cifra del gasto político improductivo. Número de millones que han necesitado los bancos,- y aún necesitan, para que sean finalmente viables y puedan cumplir su función crediticia. Crédito real al sector privado, el más menguado al parecer de los últimos cincuenta años. Cuál es el número de personas que viven con menos de 307 € al mes y están en la bolsa de pobreza.

Y en fin. Hay quien asegura que la manipulación de las cifras de la contabilidad nacional es del todo escandalosa. Nunca los Dioses pudieron manipular tanto la vida de los mortales, ni los hombres las hazañas de los dioses. Por esa regla de tres, podría resultar incluso que no hubiera tal crisis económica o que, desde el mismo día en que empezara, ya no se hubiese podido detener.

Con tal poder de manipulación en manos de los gobiernos y de los medios de comunicación hasta nuestro vecino del cuarto, cualquier día, podría ser el rey de la mítica Atlántida. Bastaría con que así lo anunciasen un par de telediarios en la omnipotente Tv.

En efecto, supóngase que los millones invertidos en el saneamiento de los bancos hubiesen ido a parar a las pequeñas, a las medianas empresas y a las familias, o que se hubieran repartido a partes iguales entre unos y otros. Supóngase igualmente que el dinero distraído por la corrupción hubiese sido repartido equitativamente entre la ciudadanía. De haber sido así nadie estaría padeciendo crisis alguna. Ni siquiera los ricos ni los encumbrados financieros. Pero … el mundo es como es.

Esta incertidumbre, esta mayúscula confusión y disociación entre informaciones e interpretaciones, no es porque no haya economistas cualificados en el país, ni porque el gobierno se niegue a dar cifras. En modo alguno. Los hay, y las cifras se dan. Tantas como se deseen.

Precisamente por eso sabemos que ninguna de las que se facilitan a través de los medios de comunicación son ciertas. O lo son unas y otras no, dependiendo. Es más, cada grupo de comunicación las manipula aún más en virtud de su interés político. Cada comentarista económico tiene su particular librillo para explicarlas y, ninguno o casi ninguno, coincide con otro y, desde luego, ninguno de ellos coincide con las que oficialmente facilita el gobierno. Y por si eso fuera poco no hay que olvidar a los propios ciudadanos porque cada uno de ellos se “informa” en aquel medio que le gusta consultar y no en otro.

Sólo aquellos que tienen verdadero interés en aproximarse a la verdad verosímil, los “estudiosos”, los que no se dejan llevar por la inmediatez de sus impulsos o inclinaciones políticas, consultan tantas fuentes como les son posibles. Y esos, no hace falta decirlo, son los menos y apenas llegan a la opinión pública, o simplemente no se molestan en hacerlo y para ellos mismos quedan sus propias deducciones.

Hay economistas afectos al gobierno; los hay apesebrados a distintos intereses financieros, nacionales e internacionales; también los hay esforzados profesionales que interpretan las cifras con rigor y ofrecen sus resultados del modo más lógico y verídico posible. Estos son los más fiables en nuestra opinión, pero no siempre cuentan con fuentes informativas, ni verdaderas ni puras, para que garanticen la infalibilidad de sus análisis.

En efecto, la mayor parte de las veces se toman datos falsos facilitados así adrede por el gobierno, que es, en última instancia, quien los posee con todo rigor. O casi, porque los gobiernos, a su vez, también dependen de poderosos intereses financieros internacionales que son, los que tocan las cuerdas de la orquesta económica, y subsiguientemente, también las de la asamblea  política.

Es sorprendente, por tanto, la variedad de lecturas y valoraciones que pueden hacerse con las cifras económicas y las combinaciones o relaciones entre ellas. Estas interpretaciones, por más aritméticas o pitagóricas que sean, superan en imprecisión incluso a las que cualquier entendido o docto catedrático, pudiera hacer de la filosofía de Enmanuel Kant; especialidad abstrusa ésta, magnífica para perderse en el limbo del pensamiento abstracto mil millones de veces.

*   *   *

Así pues, si no queremos perdernos en el enmarañado y confuso bosque de las cifras, habremos de andar con cuidado, ser hábiles y tomar un camino distinto y adecuado que, al menos, impida aumentar la confusión. Si lo que pretendemos, claro está, es saber, al menos, por dónde van los tiros. Comencemos afirmando lo qué sabemos.

Sabemos que España es un país capitalista que se rige por las leyes del capitalismo y que, como consecuencia, esta sujeto a cumplir sus reglas y compromisos. Sabemos también que, “Trabajo, casa, familia y una jubilación medio decente”, son las bases del orden social e institucional del capitalismo en España.

También sabemos que, hoy por hoy, ningún ciudadano concibe vivir bajo otro sistema económico ni quiere. Que las órdenes esenciales de ese sistema, le vienen dictadas a España, por el mercado financiero mundial. Y que de esas órdenes,- como país capitalista que es-, depende enteramente para sobrevivir. Y para morir. Ya que no deja de ser una consecuencia obvia, y gran paradoja, que sea el capitalismo internacional quien provoque su propia destrucción. Por trozos, por capas, o enteramente.

*   *   *

Hoy sabemos que desde el pasado año 1975, España ha ido contrayendo una deuda, cada vez más abultada, con el sistema financiero internacional. Y, finalmente, conocemos también, precisamente por eso, que cuando el río suena agua lleva. Así pues empezaremos a apuntar las primeras observaciones o hipótesis.

1º,- Que el mercado financiero internacional, (tan capitalista como nosotros), exige del Estado español, el pago de la deuda o, al menos, su drástica disminución.

2º,- Que el actual gobierno intenta reducir esa deuda recortando gastos sociales de carácter institucional, aumentando la recaudación pública con el subsiguiente aumento de precios, y disminuyendo salarios y capacidad adquisitiva de las clases medias.

3º,- Que la corrupción política y económica ha contribuido en buena medida al déficit público actual.

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Conviene recordar, en este punto, que hace ahora treinta y cinco años ya había españoles que previeron, justo al iniciarse el camino de las pre-autonomías, que con ese sistema y con el ingreso en la UE, íbamos derechos al hoyo; aunque no podían imaginar cuán estrepitoso iba a llegar a ser tal descalabro ni que la corrupción política alcanzaría tal grado que superara el que se registró en pasados e históricos siglos de gloria.

Claro que ese camino tenía también muchas supuestas ventajas y novedades atractivas. Las diecisiete autonomías, con sus correspondientes gobiernos, parlamentos y aparato de Estado, absorberían una buena cantidad de puestos de trabajo, conseguirían el contento de muchos sectores sociales y políticos, y acercarían al ciudadano a las instituciones. La UE, por su parte, nos traería el progreso y la modernidad. Este fue el camino elegido en cuyo nudo gordiano hemos venido a parar. (Eludimos aquí deliberadamente entrar en detalles).

Pues bien, ahora nos interesa saber si se puede hacer algo para solucionarlo. Sigamos el hilo de nuestro desarrollo. Veamos.

1º),- ¿Sanearíamos las cuentas del Estado haciendo que los corruptos descubiertos y condenados judicialmente, devolvieran los caudales robados?.

            – En modo alguno a decir de ciertos analistas. Es muy difícil o imposible hacer que los caudales defraudados vuelvan a su sitio, (ignoramos por qué), sólo parte del dinero en todo caso, mediante fianzas, pueden ser recuperados. Y en caso de que se recuperara todo no representarían más que una gota de agua en el océano en relación a la deuda del Estado.

2º,- ¿Serviría de algo que el mercado financiero internacional redujera su exigencia haciéndonos pagar en plazos más dilatados?.

            – Sería tanto como estirar la agonía y a la larga no serviría de nada según algunos expertos, porque la deuda acumulada no dejaría de crecer y los intereses a pagar eternizarían la situación de dependencia durante siglos. Mientras tanto aquellos países que compran deuda española terminarían por apoderarse por completo de España y de los españoles.

3º,- ¿Se solucionará el déficit del Estado si se siguen aumentando los recortes sociales, subiendo los precios y bajando los salarios, durante, digamos dos años o cinco años más?.

            – No, porque ni siquiera con toda la población media española sumergida en la pobreza más canalla durante varias generaciones, satisfaría el saneamiento de las cuentas ni las reduciría a una cifra llevadera.

*   *   *

Hay analistas que sostienen con firmeza que el “hoyo” económico español es de tal consideración que nada, hágase lo que se haga, impedirá la bancarrota total y absoluta del país y que sólo es cuestión de un poco tiempo más para que todo se derrumbe y en España ondee la bandera del imperio del Sol naciente o cualquier otra. Todas, menos la roja y gualda, tan denostada por los españoles por otra parte.

Si damos por buenas las preguntas y las respuestas planteadas hasta ahora de nada servirá seguir pensando o intentando arreglar la situación económica del país con nuevas ideas, iniciativas o esfuerzos diversos porque “de perdidos al río” como decía el otro. Y sálvese quien pueda.

Las clases medias, los empleados y trabajadores, las clases más bajas entran o caen así, en una guerra por la pura supervivencia. Muchos asegurarían que ya estamos metidos en ella; (los que ya están en el frente y aquellos que se les unen, por ejercicios de deducción, desde la retaguardia). Y es en esta guerra incruenta, en esta peculiar y angustiosa guerra silenciosa, donde la infantería se queja, habla y clama por reformas políticas de mayor calado. Modifíquese la Constitución,- dicen esas voces-, para:

1º,- Eliminar el Senado

2º,- Eliminar la Monarquía

3º.- Cámbiese el sistema electoral

4,- Elimínense las autonomías, diputaciones, alcaldías etc.

Es decir, establézcanse recortes iguales para todos en todas partes. Ya sabemos, muy bien, que no hay partido político en España, hoy en día, capaz de llevar a cabo ni una sola de esas modificaciones.

El guirigay que se armaría es apenas imaginable. Entre otras razones porque eliminar esa estructura institucional y vaciar las administraciones de empleados, asesores y políticos, haría que el desempleo y el descontento actual se multiplicara hasta tal punto que, esta vez sí, las calles arderían por los cuatro costados con la ayuda inestimable de los parásitos, los partidos y los políticos agraviados.

Con todo y tan sólo con imaginarlo salta a la vista que ninguna de esas reformas o eliminaciones, será posible, bajo ningún formato ni manera, excepto bajo una revolución en toda regla. Y esa revolución sólo cristalizaría, con éxito o sin él, en el caso de que las masas españolas, a causa de su empobrecimiento, alcanzasen un punto extremo. Y también, no olvidemos, si se contase con un partido verdaderamente revolucionario que estuviese al frente de esa ruptura y la dirigiese adecuadamente.

Esa posibilidad, ese riesgo, no es desconocido por el actual presidente del gobierno. En realidad es algo tan palmario, que ningún presidente de gobierno, sea cual fuere, podría ignorarlo, excepto en el caso de estulticia aguda, (cosa no imposible). Tanto es así que ninguno de los habidos hasta ahora ha querido ni ha sabido hablarle claro al país para evitarse responsabilidades incomodísimas aún cuando no hacerlo también las haya comportado.

No en vano el presidente Rajoy busca ahora de los mercados financieros, en Europa y EE.UU. mayor margen para la devolución de la deuda, advirtiendo además, que en caso de incendio social las pestañas de otros países también se chamuscarían.

Pero echemos la imaginación a volar y a falta de datos más concluyentes y fiables sobre el futuro, volvamos a preguntarnos:

1º,- ¿Recuperaríamos el estado del bienestar para los españoles llevándolos a cabo?.

El oráculo consultado nos ofrece dos respuestas. Sí y no.

–       Si. Con esos recortes y eliminaciones, España se quedaría limpia de polvo y paja y lista para emprender una nueva etapa de producción y creación de riqueza.

–       No. De nada servirían tales eliminaciones y recortes porque nada, nada de lo que se haga, sacará a España del colosal hoyo económico y del enorme error político que le hizo caer en él.

*   *   *

Si, aquello que se haga, sea lo que sea, no sacará a España ni a los españoles de su negro futuro, ha llegado el momento de hacer una revolución radical o disponerse a soportar durante décadas y generaciones un estado de pobreza.

Si la sociedad se dota de la mayor de las paciencias y del mejor de los espíritus de sacrificio, para aguantar mansamente durante lustros, las peores transformaciones sociales, económicas y laborales, veremos con pena el retroceso de España a lúgubres épocas de los siglos XVIII y XIX.

Pero si por el contrario, España se queda limpia de polvo y paja o con una deuda llevadera después de ejecutar esas medidas, entonces esta claro que estamos en guerra. En una guerra incruenta entre las masas y sus dirigentes políticos porque revelándose necesaria la reforma aludida, ni siquiera se intenta llevar a cabo.

No sólo por la estrechez en la que han de vivir las clases medias y populares como consecuencia de los recortes que les afectan directamente, ni por el hecho de excusarse para no tomar las medidas mencionadas, sino por impedir,- por medios económicamente lesivos y la imposición de condiciones inaceptables como, el acceso a los créditos bancarios o la no eliminación de la presión fiscal.

Según algunos analistas, los bancos españoles, una vez bien inyectados con fondos financieros internacionales, coartan la producción de riqueza y la creación de nuevas empresas al negarse a proporcionar créditos al tejido industrial y comercial; o por no modificar las actuales condiciones leoninas. Condiciones que el gobierno podría cambiar,-pensamos-, para facilitar el desarrollo económico al hacer que las empresas pudieran invertir en investigación y desarrollo y aumentar su productividad aprovechando a españoles jóvenes cualificados condenados a buscarse la vida en el extranjero.

*   *   *

Nótese por eso mismo, que el gobierno español no está tan atado de pies y manos por los mercados financieros como para no acometer ciertas reformas indoloras que, cuando menos, suscitarían concordia y sosiego en las capas medias españolas, por ejemplo:

1º,- Aumentando la democracia real con la participación directa del ciudadano en las decisiones políticas

2º,- Prohibiendo cláusulas secretas que ocultan sueldos millonarios y contratos blindados.

3º,- Eliminando gastos administrativos superfluos e innecesarios

4º,- Eliminando subvenciones a mimadas entidades artísticas y culturales

5º,- Eliminando prebendas y privilegios de sus señorías

6º,- Privando de ayudas y subvenciones a los sindicatos

7º,- Eliminando todas las televisiones autonómicas

8º,- Reduciéndose los salarios de sus señorías

9º,- Finiquitando a los asesores innecesarios

10º,- Liquidando la ayuda a la iglesia

11º,- Dando de baja coches oficiales

12º,- Liquidando gastos suntuarios

*   *   * 

Después de lo dicho quizá hayamos conseguido orientarnos un poco mejor en este bosque de cifras económicas y consecuencias subsiguientes. Al menos nos permite saber que la lista de desgracias y despropósitos que han perpetrado los propios españoles contra España, metiéndonos donde no debíamos desde hace más de treinta años, quizá conmueva el corazón de las buenas personas al ver con sus propios ojos a otras rebuscar en los contenedores de basura, pero sin ahondar más, sin encontrar las verdaderas causas, no es más que presentar una apreciación infantil y moralista de la realidad.

Porque la realidad es que, a España entera, como país capitalista que es, no le esta pasando otra cosa que no sea la aplicación pura y dura de las leyes del capitalismo. Y como a partir del año 1975 y de la entrada de España en la Comunidad Europea, todo se ha hecho rematadamente mal, (desindustrialización, abandono de las riquezas del campo, gobiernos autónomos artificiosos, intrusión política en las cajas de ahorro, centros de televisión parentales, etc. Todo sin su adecuado control ni remodelación), ahora lo pagamos todo junto.

*   *   *

No hace falta decirlo pero insistiremos otra vez. España es un país capitalista. Los ciudadanos españoles viven como pez en el agua en ese sistema económico. Tanto, que ni uno sólo concibe otra forma de vida distinta. Y todo lo que se hace, no es pensar o intentar comprender la razón y el origen de las cosas, sino quejarse, llorar y padecer. ¡Lamento, estrechez y turismo!.

*   *   *

El presidente del gobierno miente, manipula y engaña, sí,- es un político democrático y moderno.  Mucho más y con peor causa e intención ocultó y mintió el anterior presidente socialista Zapatero,- también es un político moderno y democrático-. No pasa nada. Y por la misma causa engañarán y mentirán todos los que hayan de venir. El pueblo exige ser mimado. Mimar y manipular, en este caso, viene a ser lo mismo.

Lo que ahora esta haciendo el presidente Rajoy, no es más ni menos, de lo que podría hacer cualquier otro en su lugar: intentar recomponer una costura imposible. Y mientras lo intenta, en balde, miente, calla y engaña utilizando toda su fuerza en dar brazadas desesperadas en aguas turbulentas para evitar que el país se ahogue.

El país o parte del país, porque en la medida en que no se acometen reformas estructurales más profundas, financieras y políticas, como las mencionadas, parece evidente que el agua llegará antes al cuello de las clases medias que al de los que están aupados en balsas financieras y del propio Estado.

Las órdenes financieras internacionales requieren el desmantelamiento, cuasi completo, del estado del bienestar y de la protección social que los españoles,- desde los tiempos de Franco-, creen suyas por derecho natural. Pero parece cierto, a juzgar por lo deducido más arriba, que no hay, ni puede haber otra política en España que vaya mas allá de unas pocas décimas de la prima de riesgo. (1)[i]

Ningún partido en el gobierno (de derecha, de izquierda o con la bisectriz ilocalizable), quiere a ese niño famélico en las calles porque entiende perfectamente (tan tontos no son, a veces sí) que supone la destrucción de la base material en la que se sustenta todo el país, no sólo la destrucción de la base electoral de cada partido, sino de la misma estabilidad social general de España entera.

Rajoy hace lo que puede para resistir: aplazar, subir impuestos generales, reformar, recortar y suavizar las ordenes destructivas del capitalismo internacional. Y por supuesto engaña y miente como todos, (no en vano es un político “demócrata”, ya lo hemos dicho).

Trata de convencer a la U. E. de que no se puede ir tan de prisa. De que no le pidan tanto. Que la austeridad salvaje que exigen tiene consecuencias políticas muy peligrosas. Que si explota España también se le quemarán las cejas a otros países. La UE le escucha y le entiende.

Sí, le entiende y le comprende. Pero no consigue sus propósitos porque, en su país, los estómagos hambrientos van siendo cada vez más numerosos. Y porque la profundidad y la gravedad de la crisis internacional permite muy pocas concesiones. Y también porque sus señorías no parecen sentirse afectadas por lo que pasa al otro lado de los muros parlamentarios. ¡Y en esas estamos!.

Entre tanto, los partidos de la oposición a lo suyo, los partidos nacionalistas a lo suyo. Cada grupo de presión, cada sector interesado a lo suyo, campando por sus fueros. Mintiendo y engañando tanto como el propio presidente del gobierno. O auto engañándose mientras intenta echar fuera todos los balones que puede antes de que se le acabe el tiempo.

*   *   *

Y cuando se le cabe el tiempo, no hay, no tenemos, no existe, ningún otro partido, ni ninguna otra opción, ni ningún otro sistema político o económico que pueda arreglar el desaguisado, impulsado y aumentado desde el año 1975 por aquellos listillos tan salaos, tan amigos de la modernidad y del progreso. Cuarenta años de democracia, espantosamente mal gestionada, han hundido y hundirán en la miseria aún más a España y a sus habitantes durante las dos o tres próximas generaciones.

Ya, ni siquiera el pueblo llano cree que los próximos jubilados vayan a disponer de una pensión. Ni que las pensiones actuales vayan a mantenerse intocables. Los expertos afirman que el régimen de pensiones en España es totalmente insostenible. Así las cosas, ¿puede alguien pensante y con sentido común, creer que la derecha, la izquierda o los desnortados españoles, todos, no ven esto con verdadero pavor?

¿Puede alguien creer que a la derecha (¡) española no le aterroriza el peligro social que supone la destrucción salvaje de empleo y la pérdida de capacidad adquisitiva, o que la mitad de los jóvenes no tengan ninguna perspectiva de obtener un trabajo?.

No son pocos los que coinciden en afirmar que caminamos por un alambre muy fino y tensado extendido sobre un vacío muy profundo. Pero también los hay, en el gobierno, entre las gentes más conscientes y entre el pueblo llano, a quienes no les preocupa ni lo que pasa ni lo que pase. Simplemente optan por la inmediatez más cicatera y … ya llegará lo que tenga que venir.

Quizá, con el tiempo, esa sea la mejor manera de convertir España en una tierra de nuevas oportunidades. Casi estamos seguros porque todo tiene su momento y su oportunidad; y el tren del entendimiento ya hace tiempo que pasó y ahora está en vía muerta.


[i] Que qué es “la prima de riesgo”.

En román paladino significa lo siguiente: imaginemos a un niño famélico volviendo del revés el forro de los bolsillos de su pantalón corto porque tiene hambre y quiere comer. Encuentra una moneda de un céntimo que se le cae al suelo. El niño la recoge enseguida y la mira con estupor. Una vez en la palma de su mano la examina y la manosea mientras lee la lista de precios del restaurante que tiene delante. Con ese céntimo no tiene ni para acercarse a la puerta. ¡Eso es lo que puede comer!. Eso es lo que los mercados financieros le dejan hacer a Rajoy con su país. (A Rajoy o a quien estuviera en su lugar).

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