España 2014 – (los hijos de los hijos de los hijos)

Guerra civil española, (año 1936 – 1939). Un bando pierde y otro gana. Sobradamente sabido es, entre quienes se mueven en los berenjenales de gobiernos y poderes, que si uno se mete en una guerra debe ganarla a toda costa. Si la pierde, no sólo es derrotado sino que jamás hallará paz, perdón o reconocimiento alguno a lo largo y a lo ancho del tiempo y la historia del mundo. Así es el hombre y así son las cosas; salvación hecha de ciertas modalidades, situaciones y particularidades. Ni la virgen de la Macarena, en su infinita bondad,- o en su defecto, el Papa Francisco, igualmente misericordioso-, podrá interceder o cambiar eso.

Para muestra dos botones bien diferenciados en el tiempo: Aníbal, ese gran general cartaginés victorioso en numerosas batallas y derrotado finalmente, que estuvo escondiéndose y huyendo de los romanos durante lustros para ir a morir de viejo, en Bitinia, sin dejar de haber sido perseguido ni un instante; y A. Hitler, que por buscar la antigua gloria de un imperio y anotar en su haber la victoria en algunas grandes batallas; además de envenenarse pocas horas antes de perderlo todo, se pegó un tiro en la cabeza cuando sus enemigos ya le acosaban a cañonazos a pocos centenares de metros.

Entre uno y otro Napoleón Bonaparte y Osama Bin Laden; emperador el primero durante años y empequeñecido, tras la derrota final, hasta el olvido y la muerte en una isla diminuta del Atlántico sur; y sultán idealista el otro, de desiguales batallas justicieras entre civilizaciones, muy cuestionadas por el bando contrario hasta que cae asesinado por su enemigo en mitad de la noche y del sueño en su doméstico escondite.

Con los vencedores y vencidos de la guerra civil española no pasó eso. Y si no pasó es porque ni siquiera fue una guerra propiamente dicha, sino más bien una riña confusa, cruel y barriobajera que duró tres años. En realidad como lo son casi todas las guerras civiles independientemente de su duración.

Es cierto que los derrotados sufrieron muerte y persecución durante la primera década y que estuvieron con la boca cerrada mientras Franco vivió. Tampoco los vencedores hicieron gran cosa durante ese tiempo exceptuando la gran pausa profiláctica, (1939-1975), pero una vez muerto el Generalísimo en su vejez, los derrotados,- nunca olvidaron esa condición que como primer plato estuvieron tomando de menú durante largos años-, no perdieron el tiempo en subir escalones, recuperar el poder y volver del revés todo lo que hasta entonces el victorioso puso de haz; (sin que el revés o el derecho tenga que significar obligatoriamente, aquí, que una cosa es buena y la otra es mala; cualidades que por otra parte son objetivamente inexistentes si atenernos debemos al juicio de los pueblos).

Inmediatamente, barra libre y café para todos, los hijos de los hijos, se unieron al carrusel progresista de la sociedad y de la vida occidental, y hoy todos ellos, sin riña ni guerra cruel; hijos y nietos de perdedores e hijos y nietos de ganadores, unidos en la más grande pérdida de orientación política de la segunda mitad del siglo XX, trabajan afanada y rabiosamente por roer cualquier cosa a la que se le pueda hincar el diente, incluido el propio mástil de la bandera y la bandera misma.

Huelga decir que no existe literatura en el mundo, en España menos, que apoye o se sume, de forma tan escueta, a lo que aquí acabamos de decir.

Claman hoy, y desde hace ya algunas legislaturas, todos esos hijos y aún los hijos de los hijos de unos y otros, que las instituciones del Estado que les gobierna no son verdaderamente democráticas, ([1]) que hay que reformar el gobierno y que es necesario introducir en él fórmulas de democracia directa y aportaciones asamblearias; que hay que cambiar la ley electoral y que el pueblo todavía no ha sido tenido en cuenta ni verdaderamente escuchado, ni ejerce la verdadera libertad, etcétera. Pareciera como que fuera el hambre canalla  y no las mientes pensadoras las que clamaran en éste último lustro.

Y es justo en este punto cuando salta ante los ojos de quienes no usan imaginarias gafas caleidoscópicas, la obviedad de contrastar el resultado de las cosas.

Si los hijos de los hijos, ejercitando la libertad y la ausencia de todo régimen autoritario y restrictivo, han conseguido eliminar los valores morales y éticos, más o menos latentes, y supeditar toda actividad a meras consideraciones de falsa eficacia; (ahí están la deuda nacional y la ruina cultural), sobre qué méritos,- nos preguntamos-, pueden basarse los descendientes para querer estropearla aún más, incapaces, como han demostrado ser, para desarrollar consideraciones racionales y teóricas de verdadera altura. ([2])

Todo el logro llevado a cabo desde entonces por los hijos de los hijos, ha conducido a la sociedad entera hasta la frivolidad y la mentecatez cotidiana y generalizada. Ha convertido de paso, en pobres, contraproducentes y ordinarias, todas las instituciones del Estado y ha despeñado a España entera en el desdén. Sin reconocerlo jamás y queriendo, sin reflexión, arreglarla.

Esta afirmación sólo es singular referida al tiempo del que hablamos porque, si tenemos en cuenta los datos históricos con rigor, no es extraño hallar épocas y comportamientos igualmente lastimosos. Otra cuestión a dilucidar es la de saber cómo se las arreglan los tiempos para sobreponerse a sus propias decadencias o mudar sus propias percepciones hasta hacerlas tan insignificantes como para que lleguen a desvanecerse en la memoria de las gentes.

Por eso, no es que clamemos por salvadores, almas justas o sabios, ya que éstos  guardan celosamente su sabiduría en casa. No otra cosa mejor cabe hacer en tiempos desprovistos de toda altura de miras. Ni siquiera soñamos con hombres de suficiente sentido común que pudieran transitar, habitar y conocerse en calles y plazas, conviviendo sencillamente. Nos contentaríamos tan sólo con que se detuviese esta desgarradora deriva de depauperación humana global, y con que los que son, dejasen de ser y de ejercer, al menos durante ciertos períodos de tiempo a modo de respiro y descanso.

¿Elecciones primarias abiertas? ¿Más democracia? ¿Participación directa asamblearia? ¡No, por favor! ¡No, gracias!.


[1] Qué se entiende por verdaderamente democráticas.

[2] Entiéndase que los significados son aquí deliberadamente contrarios a sus etimologías.

2 pensamientos en “España 2014 – (los hijos de los hijos de los hijos)

  1. Que requetebien escribes, “jodío”!! Si este último artículo lo encontrara en las páginas del Semanal firmado por De Prada, Marías o Reverte, te habría llamado para que lo leyeras y no lo pasaras por alto.

    Pero resulta que ha salido de tu “cabezota”, esa marmita de ideas lúcidas e inteligentes que hierve sin descanso y que tu buena mano con “la pluma” aunque sea a base de teclas, sabe aderezar con los condimentos literarios precisos y brillantes.

    Siendo así, querido pensador, solo puedo decir que el guiso te salió redondo y sabroso. Tanto que…..quiero otro plato!!!!!

    Enviado desde mi iPhone

  2. Tiene usted grandes aciertos en este artículo a la hora de describir la sociedad actual, tildándola de falta de valores éticos, frivolidad, mentecatez… efectivamente es así pero ¿ acaso no son los educadores, esos padres de esos padres de tales hijos los que se equivocaron al querer dar a sus retoños todo aquello de lo que carecieron?
    Una guerra civil es mucho más que una riña barriobajera y una dictadura de cuarenta años no se la puede identificar con un periodo de profilaxis. Creo que emplea términos demasiado banales y despectivos sobre algo muy cruento, serio y destructivo.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s