Ciertas películas (históricas)

Existen ciertas películas de carácter histórico que no deberían optar a premio alguno. Ni siquiera deberían presentarse a concurso, figurar en los palmarés o recibir cualquier reconocimiento comercial o industrial. No le vemos sentido tampoco a que opten y reciban galardones por mejor director, protagonista, guionista, etc.

Y no precisamente porque sean o nos parezcan malas, o estén desprovistas de mérito artístico; sino por todo lo contrario. O mejor dicho, porque hacerlas concursar resulta sencillamente absurdo y contrario al sentido de sus contenidos.

Ese nos parece que sea el caso de muchas obras de cine, cuyo tema tratado o contenido temático es el estrictamente histórico aún cuando vayan envueltas o soporten historias particulares.

En efecto, se trata de películas que siendo regulares, buenas o excelentes, contienen sobrados motivos para ser expuestas únicamente como documentos históricos de primera importancia y, por tanto, al margen de toda competición artística y comercial. Y ello pese al mucho dinero que su producción pueda costar o a la intencionalidad presuntamente manipuladora de quien las produjere.

Algunas de ellas, aunque realizadas en un contexto histórico definido, no logran sobrepasar el carácter particular de los problemas que plantean sus personajes, en cuyo caso se sitúan en la raya de los géneros comercial e histórico, y no puede decirse que sean objeto de interés documental; pero otras, superan lo particular y muestran verdaderas páginas de la historia de la humanidad. Y hay otras, en fin, que aún presentando el caso particular de sus personajes, se ven ambientadas de una forma tan verídica, detallada y real, que ambos aspectos se complementan en un resultado documental y histórico-artístico digno de todo encomio.

Ese es precisamente el reciente caso de “13 años de esclavitud”. Una película premiada en los óscares de este año 2014 y que, precisamente por eso mismo, obtendrá unos beneficios (legítimos) muy por encima de su coste. Cosa que no nos parece mal en absoluto pero que, en principio, confunde y desvirtúa su contenido, siendo éste el que es y siéndolo por encima incluso de su productor.

Bastaría con que el valor que se le otorgase a esas películas fuese el de “documento histórico”; principal y único valor que como producto cinematográfico haría que el público supiera a lo que va y lo que puede encontrar.

Son películas, en suma, que deben figurar, ante todo y sobre todo, como documento cinematográfico histórico. En este caso, del periodo de la esclavitud de la historia de EE.UU. del siglo XIX. Un documento sencillamente estremecedor.

Hay infinidad de películas de contenido histórico que cubren casi toda la historia de la humanidad o buena parte de ella, desde el antiguo Egipto hasta La Segunda Guerra mundial, y aún más acá.

Resolver el asunto de la financiación de este tipo de películas es el quid de la cuestión ya que pocos particulares pueden realizar el esfuerzo artístico que supone llevarlas a cabo sin contar con ayudas económicas adicionales. Ayudas que, una vez obtenidas, dejarán caer el peso de su influencia o el sesgo ideológico sobre la obra misma. No en vano las leyes financieras mandan. En eso y en todo. Por desgracia y por mor del progreso, la modernidad y la democracia occidental.

Pero pensar que ese trabajo se ha hecho para obtener un galardón a mejor director, protagonista, guionista, etc. nos resulta patético y absurdo, si no fuera porque comprendemos que obteniéndolos se garantiza su mejor financiación en el mercado de la industria. Creemos, en todo caso, que esas películas de contenido histórico, debería formar parte, junto a todas las de su género, de una especie de “biblioteca pública” que estuviese a disposición de todo aquel interesado en conocer la historia del hombre y de los pueblos, así como de su evolución.

No podemos ni queremos imaginar a nadie que, yendo a un cine multi-salas a pasar el rato, se encuentre frente a una cartelera de doce películas optando por cintas tan dispares como la mencionada y las meramente narrativas o creativas en sus diversos géneros.

Creemos que películas como esas sólo se pueden ver bajo una intención deliberada porque de modo contrario, seguiremos cayendo en uno de los sinsentidos más graves de los tiempos modernos. Sería como tentar a un gato para que asistiera a un concierto de música clásica cuando pasara por la puerta del auditorio.

Es cierto, no obstante, que la producción de películas que podríamos considerar históricas, adolecen en su mayoría de una manipulación ideológica y política manifiesta. Aún así, deberían ser consideradas fuera de los circuitos industriales cinematográficos y dejadas al albur de quienes las quisiesen ver voluntariamente sin más intención que la de mostrar las distintas maneras de contar la historia.

No es la primera vez que los propios gobiernos sufragan con subvenciones millonarias películas de contenido histórico con fines exclusivamente propagandísticos y, por tanto, de contenido deliberadamente falso. Aún así, seguimos pensamos que el valor documental que encierran sigue siendo incuestionable, y que por eso mismo, deben divulgarse como producto singular y al margen del resto de las películas comerciales destinadas al entretenimiento.

No estaría mal, por tanto, que alguna institución, debidamente preparada, se ocupase del asunto y echase un vistazo a la divulgación de las artes visuales con la intención de organizarlas mejor de cómo están, de cara a su exhibición pública.

En el otro lado están los diferentes géneros cinematográficos que, esos sí, persiguen legítimamente cuotas de taquilla y publicidad sin otra idea que la de competir, en todo caso, en calidad, profesionalidad y buen hacer.

Creemos que películas de contenido tan diferente no deberían exhibirse en el mismo cine ni bajo los mismos reclamos comerciales o artísticos. No creemos, por otra parte, que sea una cuestión de simple gusto ir al cine a ver algo de contenido tan cruelmente inhumano como lo que se muestra en la película mencionada, excepto si lo que uno va buscando deliberadamente es ilustración e información precisa sobre hechos de la historia. De lo contrario, sucede que todo lo que se expone públicamente y se ve, quede fatalmente instalado en la frivolidad, en la imprecisión y en la general confusión.

Esto también sucede en la Tv, y de modo general, en el resto de los medios de comunicación. De tal manera que tras dar la noticia de una matanza en cualquier telediario, le suceda otra noticia referida al día de la madre, por ejemplo, o a unas inundaciones.

Quizá la parte buena de esa desorganizada manera de exhibir mezclados estos productos artísticos, sea que entre col y col aparezca una cebolla. Pero el efecto de tal hallazgo en el potencial espectador queda automáticamente perdido en el limbo de las imágenes que se perciben cada día sin que sepamos con certeza qué es lo que estamos viendo, para qué sirve, ni cuál es su importancia verdadera.

4 pensamientos en “Ciertas películas (históricas)

  1. Hola cariño! Acabo de leer tu ultimo artículo sobre las películas históricas. Está muy bien y me alegra comprobar que te ha gustado mucho. Pero…. ¿no se títula “12 años de esclavitud”? Tu has escrito 13.

    Excepto ese detalle, me parece correcto y una propuesta a tener en cuenta.

    Besitos.

    Enviado desde mi iPhone

  2. Comprendo el trasfondo de lo que escribis, pero considero no es tan facil tener ese “circuito apartado” para peliculas historicas…al fin y al cabo, como tambien expresas, se trata de las ya famosas “leyes de mercado”, las cuales hacen que exista ese credito…siempre que parezca razonable obtener un “jugoso” retorno economico…. y si te referis a que sea el Estado el que financie todo esto, una “biblioteca particular”…la idea no es para nada mala, el tema es quien decide que vale la pena y que no….sin entrar en detalles sobre las posibilidades financieras de un Estado ante la situacion economica general.

    Un abrazo

    Jorge, desde el lejano Sur

  3. Estoy contigo que las películas históricas deben tener un lugar privilegiado en el mundo cinéfilo, además de las razones que das, porque hoy en día es una forma de acercar a la juventud al conocimiento de la historia del mundo a lo largo de su existencia, algo que como sabes la mayoría de los jóvenes desconocen sobre todo porque en los centros educativos o entornos familiares no han sabido despertar en ellos el mínimo interés por esta materia.
    Así mismo porque resulta enriquecedor y particularmente gratificante conocer momentos históricos de forma bien relatada y plasmada en imágenes.
    Es el caso de películas magistrales como Enemigo a las puertas, La Pasión, Aocalipsis Now , El discurso del Rey, Enrique VIII, Breaveaht, Los falsificadores, La lsta de Slindher, El pianista, Troya, Alejandro Magno, Cleopatra, Tierra de faraones, Arde París…….incluso españolas como La vaquilla, UN franco 14 pesetas….

    El problema de el apoyo económico por el gobierno de turno es que dudo que sean objetivos a la hora de decidir a quien o a que versión se le da el “vist i plau”…….

    Y es evidente que quien invierte en una película, lo hace no solo porque le guste o apasiona mas i menos el tema que trata sino porque espera tener un rédito a la conclusión de su exposición en las diferentes salas de cine…… nadie da duros a cuatro pesetas

    Y aprovecho para decir que me parece un abuso el precio de las entradas de cine…… y que vale la pena esperar un par de semanas tras el estreno y bajarse la peli en cuestión y verla tranquilamente en el sofá de casa, ya sabes….

  4. Totalmente de acuerdo con su comentario. Un documento histórico no se puede poner en tela de juicio para obtener un galardón frente a otros concursantes; mucho más en un mundo tan mediático y con temas socialmente “más atractivos”.
    Estaría bien la creación de una filmoteca histórica subvencionada, suprimiendo otro tipo de subvenciones vergonzantes.

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