El ciudadano y los perros

A las nueve de la mañana, en una gran ciudad, algunos ciudadanos rúan bajo el sol somero de la: (primavera, verano, otoño, invierno) por calles, jardincillos y parques, con un perro atado a una correa extensible. Se trata de buenos perros, (mascotas como estúpidamente les llaman) más o menos educados, y de buenas personas y personos, más o menos cívicas. Jóvenes, desempleados y jubilados en su mayoría, gentes a punto de ser arrojados a la pobreza desde las capas menos favorecidas de las clases medias. Esas clases sociales, objeto ahora de atención general, que siguen vertiendo a sus miembros y miembras en el paro y que menguan cada día más.

Suelen dar paseos cortos o no muy largos, y se detienen, cada tanto, a charlar con otros ciudadanos que también llevan perro, bolsa para los excrementos, (no todos) y correa extensible en mano.

Se saludan e intercambian información, de forma desenfadada y afable, acerca de las monerías que hacen sus perros, (mascotos) de las vacunas que les han inyectado. Si han pagado mucho por el chip que les ha puesto el veterinario, de si los lavan en la ducha, en la bañera, en el lavabo o en el fregadero.

Hablan, como las marujas de toda la vida, de si han tenido enfermedades y si son tan listos que cogen la correa con la boca para mostrar que quieren salir a la calle. En fin, de lo que les quieren y hasta de lo mucho que los necesitan. Algunos de los dueños ya hace tiempo que se han hecho amigos, aún cuando sus perros respectivos se despellejarían en cuanto sus amos permiten que se crucen entre sí. Luego siguen paseando a empellones, tirados por la muy viva vitalidad de los animales.

En la novela de Vargas Llosa, titulada “la ciudad y los perros”, no se habla de perros propiamente dichos sino de personas cuya calidad humana no superaba la que, se supone, gobierna el instinto animal de los perros. Cargan, en la novela, los perros, con la encarnación de la naturaleza execrable de algunos de los personajes novelados.

Nosotros estamos convencidos de que si hubiera que comparar con cierto rigor, la vida de los perros, los gatos y cualquier otro animal, doméstico o salvaje, con el comportamiento del hombre y sus alcances mentales y culturales, aquellos superarían en dignidad y conocimiento al ciudadano urbano. Mucha gente también esta convencida de eso; (los que no tienen perros en casa, por lo general).

En efecto, llegados al punto en que animales domésticos y personas comparten la ciudad, las calles, los parques y jardines, los medios de transporte, el hogar, la cama incluso, y hasta buena parte de los servicios y tratamientos públicos; los perros ganan en conocimiento a sus amos y a quienes deben cuidarlos.

De otro modo, las personas ya habrían caído en la cuenta de que es una crueldad y una barbaridad tenerlos en pisos, no los utilizarían como meros fetiches, objetos inanimados o juguetes de usar, acariciar el lomo y encerrar en balcones, terrazas y patios, haciéndoles ladrar durante horas o días enteros, y después sacar por las mañanas o por las noches, a defecar en calles, aceras y jardines, no para dejarles correr y estirar las patas en realidad, (las correas, por más extensibles que sean, no lo permiten, y además esta prohibido que anden sueltos), sino para obligarse a sí mismos a salir de casa.

Los hay que encuentran y basan, en perros y gatos, el sentido completo y más realizado, de sus propias vidas urbanas. Lo cual no impide que finalmente, y al cabo de cierto tiempo, les abandonen en cualquier lugar apartado procurando que nadie les vea. Otros muchos, por el contrario, piden préstamos bancarios o se entrampan como pueden, para sufragar costosísimas operaciones veterinarias, para salvarles la vida cuando enferman, o hay que extirparles los órganos reproductores para impedir que realicen sus instintivas e irrenunciables funciones reproductivas.

Otra cosa es tener perros de labranza o para cuidar el ganado en ganaderías o casas de campo; o para vigilar propiedades rústicas y haciendas apartadas. Funciones estas en las que los perros, si son de la raza adecuada, además de cumplir con su cometido, no molestan a nadie, se muestran satisfechos y campan a sus anchas.

Pero distinta cosa es además de injusta, el trato que se les da a aquellos otros perros, también de raza, usados de forma inicua y forzada, por los cuerpos de seguridad del Estado, para cazar alijos de drogas, dinero ilegal, armas u otros objetos, o hacerles cumplir funciones antinaturales por completo en ellos, como aterrorizar a presos en cárceles o instalaciones militares, pues los perros, no por mucho que aumente el tráfico de drogas, o se detenga a batallones enteros de hipotéticos enemigos, por ejemplo, han estado ni estarán nunca, familiarizados con la detección de tales sustancias, ni para causar el terror a nadie,-previamente atado-, si no es alterando a conciencia su naturaleza. Huelga decir que a un perro nunca se le ocurriría hacer eso con un humano.

Tan aberrantes son esas prácticas y tan extendida se ha hecho la costumbre de tener perros en los pisos y convivir estrechamente con ellos, independientemente de su tamaño-, algunos son casi tan grandes como caballos-, que mucho nos tememos, terminemos viéndolos como herederos legítimos de propiedades, fidecomisos y títulos.

Pagando incluso los correspondientes créditos e hipotecas con el producto de sus servicios de compañía a quienes no pueden prescindir de sus habilidosas piruetas, muestras de fidelidad y seducción canina. Y hasta con asientos reservados en autobuses urbanos para los perros más ancianos y achacosos.

De momento ya cuentan con su propio carnet de identidad o “chip” incrustado bajo la piel. Por ahí empezaría la normativa.

No sería inconcebible, por más inverosímil que pueda parecer en principio, ya que dadas las “luces” de que hacen ostentación los ciudadanos de nuestros tiempos en nuestras modernas ciudades, (confundiendo amor humano con naturaleza canina, por ejemplo), podría suceder que, cualquier día, todo lo viéramos de esa guisa.

Cosas más raras y con peor tino se han legislado bajo el prisma de la modernidad y los derechos y las derechas para todos y para todas y para las mascotas y los mascotos.

5 pensamientos en “El ciudadano y los perros

  1. Amigo mio, cosas de la modernidad, que a veces puede tratarse de una evolucion, y en otras, de una verdadera involucion. Muy interesante tu analisis.

    Jorge

  2. De hecho ya hay inconscientes que dejan su herencia a es mascotas….Pero aún así habría que diferenciar y en eso debes estar conmigo que en el caso de personas solas una mascota es compañía, en el caso de personas autistas una mascota es terapéutica, en el caso de un invidente hasta hace cuatro días , un perro bien adiestrado era imprescindible para moverse solo en las calle.
    Totalmente de acuerdo con el menosprecio que se demuestra tener a los animales encarcelados en pisos, cuando éstos son de tal naturaleza o envergadura que necesitan espacio para ser eso, animales.

    Y dicho esto, buen artículo que a mas uno le haría enrojecer….

  3. De hecho ya hay inconscientes que dejan su herencia a sus mascotas….Pero aún así habría que diferenciar y en eso debes estar conmigo que en el caso de personas solas una mascota es compañía, en el caso de personas autistas una mascota es terapéutica, en el caso de un invidente hasta hace cuatro días , un perro bien adiestrado era imprescindible para moverse solo en las calles.
    Totalmente de acuerdo con el menosprecio que se demuestra tener a los animales encarcelados en pisos, cuando éstos son de tal naturaleza o envergadura que necesitan espacio para ser eso, animales.

    Y dicho esto, buen artículo que a mas uno le haría enrojecer….

  4. Efectivamente mucha gente está convencida de que si se compararan comportamientos, sentimientos e inteligencia entre animales caninos y animales “sapiens sapiens”, ganarían los primeros . Sin embargo ese sentimiento ne se da en aquellos que no tienen esa convivencia, sino todo lo contrario. Éstos son los más perversos.
    Un perro nunca exige; es leal y , con su compañía, “llena huecos” del alma, que de otra forma no serían posibles. Un perro es feliz si encuentra cariño y respeto, viva donde viva.

  5. Excelente artículo, Frido, aunque das malas ideas. Cualquier día de estos nos tenemos que levantar del asiento para cedérselo a un chucho achacoso y no a una anciana o un inválido. Lo del babeo con los perros es tan antinatural como su desarraigo de sus hábitats tradicionales. El perro, cuando su vida se ajusta a la naturaleza ( y no olvidemos que cada raza desempeña una función o un trabajo tradicional), no es una mascota o trofeo sino un compañero, en el mejor sentido de la palabra o, incluso, un camarada (piensa en los cazadores). Me contaba un veterinario que él no tenía perros porque los quería demasiado. Consideraba que un animal, sobre todo si es grande, necesita espacio para vivir. ¿Imaginas que a un ser humano lo metieran en un trastero y que no pudiera salir de ahí más que para hacer sus necesidades naturales? ¿Cómo se sentiría si mientras lo pasearan sus dueños caninos hablaran de las monería que el hombrecillo hiciera como traer el periódico o dar volteretas? De ahí nace tanto perro histérico; de ahí y de sus dueños, de los cuales muchas veces son un fiel reflejo o una prolongación.

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