Suárez (adiós a un emprendedor)

La inmensa mayoría de españoles deben estarle agradecido a Adolfo Suárez por haber transformado satisfactoriamente la estructura del Estado autoritario de Francisco Franco en una democracia al estilo europeo. Una democracia al estilo europeo que más tarde, en efecto, otros materializaron y materializan cada día hasta el delirio de la estupidez.

No todos los españoles tienen la obligación de estarle agradecido por lo que hizo. Muchos lo lamentan de hecho. Y con el paso de los años y de las décadas de libertad invertebrada lo lamentan cada vez más.

No hay más que ver en lo que se ha convertido aquella maravillosa idea, necesaria en su momento; en un montón de ordinarieces de todo tipo, en el reino de la frivolidad y la estulticia, y en una corrupción que ni los prestidigitadores del circo más alucinante lograrían igualar.

Pero da igual, tanto en aquellos años como en estos, la inmensa mayoría de los españoles le deben agradecimiento. Ya lo hemos dicho. El mérito de Adolfo Suárez fue el de cristalizar y dar forma a las indicaciones políticas que Francisco Franco, mucho antes de morir, ideó para su sucesión en la Jefatura del Estado español dejándolo todo atado y bien atado.

Primero sería el rey Juan Carlos (educado y preparado bajo las indicaciones del Generalísimo), quien debería hacerse cargo de la Jefatura del Estado y después éste facilitaría el camino para que, sin desatar nada, todo se adaptara a la nueva forma de gobierno que, en realidad, él mismo había estado forjando pacientemente desde poco después de acabada la guerra. Adolfo Suárez acabó el trabajo cuando los españoles le aprobaron la Constitución. Y después fue fagotizado, como suele ocurrir en política, si no andas listo, por sus propios progresos.

En efecto, El Partido Socialista le quitó la hierba de debajo de los pies y poco después desapareció. Fin de Adolfo Suárez.

Ya hemos dicho que no todos los españoles le están agradecidos, ni mucho menos. Y no nos referimos a los mal llamados terroristas, ni a los partidos extremistas ni a los comunistas o a los extraterrestres, si no a españoles normales y corrientes que sabían, (porque habían estudiado historia aplicadamente), que a España no le sienta bien la democracia. De hecho seguimos sin saber ni cómo se come. Y permanecemos sin saberlo tal como demuestran los hechos de cada día, desde hace ya treinta y cinco años.

Hoy, por exclusivo mérito de la crisis económica; hoy y desde hace ya unos pocos años, a esos españoles apurados se les esta pasando por la cabeza que esta democracia,- la que inició Suárez y continuó González y después todos los demás-, adolece de tantas cosas que ni siquiera es una democracia,- dicen.

Pero volvamos a Suárez. Adolfo Suárez tiene el mérito añadido de haber dejado en la ruina a todas las demás ideas políticas que en los años setenta tenían alguna posibilidad de prosperar porque contaban con un apoyo popular muy considerable. Nos referimos al Pce y a sus dirigentes que, lejos de empujar el carro hacia ideas políticas distintas y alternativas, (pudieron ser ideas comunistas, republicanas, ideas que hermanaran el mundo de habla hispana, u otras) las olvidaron, hicieron dejación de ellas y las tiraron a la basura, por miedo,- se excusaban-, a la presunta reacción del  estamento militar, mientras que Suárez nunca se detuvo por eso.

Los dirigentes comunistas se pasaron en masa o más o menos discretamente, al más cómodo Partido Socialista; desaparecieron o se constituyeron en esa ridícula amalgama de no-se-sabe-qué-cosa, llamada Izquierda Unida que se mantiene desde entonces suspirando por … no sabemos qué.

Adolfo Suárez se apuntó incluso el tanto de legalizar a Santiago Carrillo. En realidad éste ya le había pedido el favor desde el mismo momento en que publicó su vergonzoso libro llamado “Eurocomunismo y Estado”, en el que, en efecto, se olvidaba de cualquier cosa que fuera distinta a lo que Suárez o el mismo Franco pudiese querer. Nada del otro mundo por otra parte, sólo que todo continuase normalmente, añadiendo reformas y mejoras sociales y políticas que ni sus reacios opositores concebían en aquellos años, el divorcio, hacienda, reivindicaciones varias, etc.

De modo que, lo repetimos, Adolfo Suárez hizo por Franco, por el rey, por los partidos y por los españoles en general, todo lo que hasta hoy mismo le deben; esto es, una España decrépita, depauperada y sin valores morales ni espirituales de ninguna clase. (Aunque él, probablemente, no sabía que esto iba a degenerar tanto)

Exclusión hecha de quienes,- conociendo la historia de España y habiendo reflexionado sobre ello suficiente y adecuadamente-, no tenían ni tienen ilusión ni esperanza alguna en la denominada democracia occidental, ni progresista, ni moderna, ni estúpida.

Ni la que en estos días pretende meterse en el bolsillo a Ucrania prestándole unos cuantos millones de crédito, sin que, al mismo tiempo, pueda devolver el bienestar a algunos de sus propios Estados europeos ubicados en la cuasi miseria.

4 pensamientos en “Suárez (adiós a un emprendedor)

  1. Efectivamente Suárez estableció las bases de un gobierno democrático, legitimado en una Constitución refrendada por todos, y legalizó los partidos políticos que aceptaban dicha Constitución; pero, de aquellos barros no vienen estos lodos, no. “Adolfo Suárez hizo por Franco, por el rey, por los partidos y por los españoles en general, todo lo que hasta hoy mismo le deben; esto es, una España decrépita, depauperada y sin valores morales ni espirituales de ninguna clase” esto que usted dice me parece una auténtica barbaridad; los macarras, tutelados por una mayoría “pasota”, han venido después. Precisamente esos macarras fueron los que quitaron a Suárez del panorama político.

    • Hace usted una buena observación. No me opongo a ella en cuanto al detalle. Sin embargo le hago notar que las democracias en sí mismas. Las democracias occidentales. Las democracias modernas, progresistas y liberales, encierran en su misma esencia, de modo potencial en principio, toda cuanta corrupción, ordinariez e irregularidades quiera usted descubrir en ellas.
      De ahí que, una vez, abierto ese sistema de gobierno y puesto en funcionamiento, que sobrevenga lo demás es más bien algo inevitable y consustancial.
      Observe, por otra parte, la ambiciosa pretensión devoradora de las democracias para apoderarse de cuantos otros países se muestren fuera del club. Ucrania, último ejemplo.

  2. En cuanto a Suarez creo que hay que alabarle sus buenas intenciones, su valentía a la hora de cambiar una sociedad más dividida que nunca, con unos hombres aferrados a un poder y unos privilegios que no querían y unos hombres ansiosos de tomar el relevo y vengar cuarenta años de historia.

    Supo hacer comer a todos del mismo plato. Nadie en aquellos momentos hubiera podido hacer lo que él hizo. Ni socialistas ,ni comunistas estaban preparados para asumir protagonismo en primer plano ante los poderes militares, eclesiásticos y otros, ya que ello hubiera supuesto una nueva guerra. España seguía enfrentada. Y la sed de venganza estaba servida.

    El problema de la corrupta y ordinaria democracia no es único.

    No son corruptas y ordinarias las dictaduras?. Son más honestos, cultos, inteligentes los gobiernos de los países con dictaduras o sus ciudadanos?. No tienen intereses estos países en otros países a los que compran valiéndose de sus necesidades? Hay mejores escritores, filósofos, políticos pensadores en países donde el modo de gobierno no está basado en una democracia?.

    El problema es que a cualquier cosa hoy le llaman democracia. Se ha perdido el sentido real de la misma.

    Igual a que a cualquier cosa le llaman paella……

  3. Cuando lo normal se convierte en excepcional urge hacérselo mirar. Algo no va bien. La muerte de Adolfo Suárez lo ha puesto de relieve. Que el primer presidente de la democracia demostrara altura de miras, fuera un hombre de Estado, conciliara con ideas bien distintas a las suyas, fuera bien considerado en el exterior, dimitiera cuando todo le demostró que su marcha era mejor que su permanencia al frente del país y encima se fuera sin meter mano al cajón, parece que tiene a la mayoría de españoles extasiados.

    Ese comportamiento es el que se espera de un dirigente digno. Lo normal. Pero claro, como la actual clase política es anodina, inculta, gris y corrupta, lo de Suárez parece un milagro. El pueblo que tiene tanto de necio como de sabio, así lo ha reconocido. Echan de menos lo normal y lo convierten en excepcional cuando comparan con los representantes políticos que por otra parte, ellos mismos han elegido con sus votos.

    Suárez se merece el reconocimiento, así lo creo. Y con él cualquier político de aquella Transición que nos sacó de la dictadura para ponernos en el mundo. Tenían elocuencia y así se ha comprobado al revisar en las teles imágenes de la época. Sus intervenciones en el Congreso eran hasta brillantes en algunos casos. Tenían arrojo y apostura. Y sobre todo tenían ilusión.

    Si nuestros políticos en activo tuvieran vergüenza, después de lo visto y escuchado estos días, se irían a sus casas. Suárez se dedicó a gobernar un país históricamente ingobernable demostrando ser un hombre de Estado y no de partido. La prueba es que tuvo entre los suyos a sus mayores enemigos. Lo devoraron politicamente. El resto lo hicieron los militares, el Rey y el Psoe, que ejerció contra él la oposición mas agresiva que se recuerda.

    Puede que las cosas se pudieran haber hecho mejor. Pero se hizo algo creyendo que era lo mejor. De acuerdo con que Franco tuvo en Juan Carlos príncipe a su “heredero”, pero dudo que las cosas salieran a su gusto. Sencillamente el Borbón que parecía tonto, le salió rana. Me cuesta creer que entre los planes del dictador estuviera la legalización del PCE, su enemigo natural, ni que desease ver a Carrillo y La Pasionaria sentados en el Congreso. Ni la Ley del Divorcio, ni la vuelta de Tarradellas, ni la reforma fiscal y sanitaria….por enumerar algo de lo conseguido.

    De lo contrario, Franco se merece el Goya póstumo a Mejor Actor por lo bien que disimuló durante 40 años. Esta democracia no es ejemplar pero el hombre que nos condujo a ella se merece el homenaje que ha tenido al final de su vida y la gratitud de todos los españoles. Hasta la de los fariseos que segaron la hierba bajo sus pies.

    Enviado desde mi iPhone

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