La violencia en las manifestaciones populares

Creemos que el ejercicio de la violencia, en efecto, es odioso y detestable. Desde luego. Con sangre y muerte, intolerable. Y cuando la ejerce el Estado es un crimen contra la humanidad.

Ahora bien, para entender adecuadamente el motivo del ejercicio de la violencia callejera en las manifestaciones populares, no hay que olvidar que, en España, está acentuada, por un gran peso de rabia, frustración e impotencia, que la hace ciega, injusta y manifiestamente errada en sus propósitos.

Por otra parte, condenar esa violencia callejera en las manifestaciones, ni hace más conscientes y acertados a los manifestantes pacíficos, ni más errados e inconscientes a los violentos que participan en ellas. Si de lo que se trata es de conseguir que el gobierno modifique su política.

Ni unos ni otros obtendrán resultados fértiles y eficaces porque las organizaciones (asamblearias) donde se organizan carecen del marco adecuado y de la ideología política que les pudiera permitir desarrollar una estrategia ajustada y real contra las medidas lesivas que despacha el Estado. Causante último éste, de las razones por las que hubiere que manifestarse.

Por eso, a pesar del auge masivo del radicalismo social, estos grupos desperdician sus fuerzas en acciones de carácter muy limitado e instintivo.

En efecto, y esa afirmación vale tanto para los que ejercen la violencia en las manifestaciones como para aquellos que se manifiestan mansamente. Lo hagan unos y otros desde organizaciones más o menos articuladas o espontáneas. O más bien, precisamente por eso.

Las opiniones que pueden leerse en foros o en lugares de internete en los que se muestran esas manifestaciones violentas, escriben unos y otros con rabia extrema. En varios de ellos se dice que: “En Ucrania  los asesinos  violentos del “Maidán” son “héroes”, en Españistan, en cambio, el pueblo que protesta es “asesino”. “En España tiene que pasar lo mismo que en Ucrania!!! si no las cosas no cambiaran….”

Puede resultar paradójico, en efecto, que las manifestaciones, violentas y pacíficas unidas, en Kiev, hayan derrocado un gobierno, y aquí, los violentos sean rechazados. Esto es, a nuestro parecer muy significativo. Pero enseguida empieza a aclararse cuando leemos:

“… Una vez que Yanukóvich aceptó el rescate ruso, dejó de ser “un oligarca fiable” para EE. UU. y la UE, dándose origen al movimiento “Maidan”, conformado por el Partido UDAR del ex-boxeador Vitaly Klitschko, el partido Batkivschyna (Patria) del neoliberal  Yatseniuk, y el partido Svoboda (Libertad) del nacionalista Oleh Tyahnybok, que con el apoyo financiero de Alemania, EE. UU., y diferentes oligarcas, como el multimillonario de origen judío Igor Kolomoyski, buscan reorientar la deriva Pro-rusa del Gobierno ucraniano mediante la lucha callejera…”

Son los partidos organizados de la oposición junto a las ayudas económicas de intereses políticos, igualmente organizados, (disimulando una injerencia evidente de los intereses de Bruselas y EEUU) los que, a la postre, consiguen sus propósitos:

“… En esta composición de la llamada oposición ucraniana, Klitschko sería el delfín elegido de Alemania y la UE, y Yatseniuk el de EE. UU. Tyahnybok y su partido Svoboda, en cambio, no serían del agrado de nadie (recordemos que tampoco fue invitado por Ángela Merkel al Bundestag, al contrario que los otros líderes rebeldes), si bien serían tolerados y utilizados en el movimiento Maidan por su capacidad de movilización en las calles…”

Quizá eso explique que la violencia de las calles en Kiev estaba orquestada por partidos e intereses políticos económicos fuertes y organizados. Algo que aquí, por suerte o por desgracia, brilla por su ausencia. De tal modo que las masas parecen convencidas de que los mansos conseguirán cosas con su actitud pacífica y los violentos nada conseguirán por lo contrario. Una actitud que en el fondo coincide con la esencia del sistema político y de gobierno que se pretende agitar o incluso tambalear para que cambie de política.

No se trata por tanto, de aprobar o condenar la violencia en las manifestaciones y en las calles, sino de saber que en España existe una masa de juventud de actitud existencial pequeño-burguesa extremadamente frustrada y enfurecida por el derrumbamiento total y repentino de su mundo y de sus aspiraciones. Ésta les resulta una situación irrespirable. Y a pesar de ser una masa radicalizada y desesperada, es también una masa muy despolitizada y de ideas muy pobres, porque sus aspiraciones, en el fondo, son pueriles y hasta conservadoras: un trabajito, una vivienda y tener la posibilidad de hacer algún tipo de vida social.  Es decir, se contentarían con volver a la España cómoda de antes del derrumbamiento. Y esas pretensiones sólo generan rabia a lo sumo.

Pero no es sólo una masa de juventud pequeño-burguesa, es toda una sociedad, virtualmente emasculada por el propio sistema de vida “democrático y moderno” practicado a fondo durante más de treinta y cinco años ya.

Debatir si la violencia es buena o no en las manifestaciones; condenar la violencia en las calles pretendiendo hacerla desaparecer o para sustituirla por la mansedumbre, es un debate vacío e inútil. Al igual que practicarlo en las calles. Sólo aquellas manifestaciones pacíficas y masivas que cuentan de antemano con un propósito ya obtenido e incluso bendecido por el Estado y por sus intereses, ven conseguidos sus propósitos. Y no siempre de una forma literal sino más bien figurada.

Pero los partidos y organizaciones de la oposición españoles, incapaces de desarrollar una oposición viable al Estado, propician, a falta de mejor idea, la mansedumbre por un lado, (mayoritariamente), y el ultra-radicalismo por el otro.

El radicalismo violento, emboscado en las manifestaciones populares, golpea a quien personifica de forma visible en la calle al Gobierno, esto es, a la policía.  Pero la policía no es el Estado. Ni el enfrentamiento callejero contra los antidisturbios es la lucha adecuada para conseguir una sociedad diferente o, en todo caso, igual a la que se esta perdiendo o que ya hemos perdido.

Finalmente y en cuanto a la actuación de los Cuerpos de Seguridad, esta quedando cada vez más claro que muestran en sus intervenciones una actuación cada vez más débil e ineficaz, y hasta acomplejada. Algo que puede constatarse a simple vista tan sólo con observar los videos que se difunden por doquier: invasión de inmigrantes ilegales en las fronteras y acorralamiento de antidisturbios en las calles. Consecuencia directa del temor político que el Gobierno muestra hacia la presión popular y a las regañinas que Bruselas reparte a los gobiernos miembros que no cumplen sus directivas de blandenguería y tolerancia tortillera.

2 pensamientos en “La violencia en las manifestaciones populares

  1. La violencia quita la razón a quien la ejerce. Partiendo de ésta base, a violencia ejercidad por los manifestantes en Madrid no tiene justificación alguna, hasta el punto de que ni tan siquiera los convocantes de la manifestación la excusan. Como tu dices tanto unos como otros carecen de ideología y cultura política, prueba de ello es que carecen de líderes que aglutinen proyectos políticos y sociales.
    Cuano uno se queja de algo debe plantear una alternativa y recordemos que los representantes de los sindicatos mayoritarios que representan entre comillas al 80 por cierto de los trabajadores tanto en activo como en el paro, ni siquieran estaban presentes en la mani.
    La violencia ejercidad por la polícia en el mismo á,bito, obedeció e unos casos a pura autodefensa. Sabido es que las órdenes que tenian eran de resistir, precisamente para evitar que luego se dijera que si esto que si aquello.
    Me parece que respaldar esa volencia en uno u otro bando, es fomentar un odio innecesario e injustificado, algo que en pleno siglo XXI no es compatible con lo que denominamos sociedad moderna.
    En la prehistoria, en la Edad Media etc como aquel, pero ahora?. Lo único que demuestran es que son mas trogloditas que aquellos que vivieron en la tierra hace millones de años…..

  2. Ese grupo de policías cubriéndose a duras penas para protegerse del linchamiento ciudadano, fue como ver el mundo al revés. Lo habitual es que repartan “estopa” a discreción. Son fuerzas del orden y lo imponen cuando sus superiores se lo ordenan. Esta vez los jefes fueron unos “cagaos” y supeditaron la vida de sus agentes a la crítica de los observadores europeos que vigilaban que todo fuera democraticamente correcto.

    Tan mal me parece que la policía dispare pelotas de goma a los inmigrantes que nadan medio muertos para llegar a la costa, como que unos ciudadanos salvajes les abran la cabeza a patadas.

    No me gusta la violencia ni la justifico, lo que no quita para que algunas veces me den ganas de darles dos bofetadas a los políticos que dan las órdenes desde un despacho con la mas absoluta impunidad.

    Enviado desde mi iPhone

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