Buen momento para ir al cine

En éste lugar rendimos cumplida admiración por dos recientes películas de factura norteamericana y por sus respectivos contenidos. En ninguna de ellas hay estridencias ni heroísmo de clase alguna. Ni disparos, ni persecución de coches, ni guerras. Tampoco intrigas, o crímenes por resolver.

La primera de ellas se titula “Her”. A nuestro entender, no es una película cuyo tema sea la dependencia del hombre a la tecnología moderna. No la queremos entender así, aún cuando sea evidente que sus personajes vivan felices, y un tanto perplejos, dependiendo de ella. Creemos más bien, que lo que predomina y está por encima de esa dependencia, es el amor, la imposibilidad de entendimiento entre los seres humanos y la más severa soledad.

El personaje principal y aún el propio sistema operativo informático del que se enamora Theodore y en el que termina confiando por completo, viven y existen para satisfacer esa necesidad humana que el hombre, por si sólo, es incapaz de proporcionar a sus semejantes en un círculo, de ámbito espacial y temporal, siempre sin solución. Es decir, ningún ser humano satisface a otro en cuanto a la necesidad de amor y comprensión que permanente demanda y necesita.

Se trata, esta afirmación, de una obviedad tan universal como deliberadamente ignorada por el género humano. Los diseñadores de sistemas informáticos modernos y avanzados, intentan suplirla artificialmente para satisfacer esta sorda y creciente demanda y, en la medida que la tecnología lo permite, lo consiguen. Pero sólo en la medida en que la tecnología lo hace posible. Aún siendo mucho. De ahí la maravillosa magia y el estremecedor mensaje que desprende esta magnífica película; cuya banda sonora es otro de sus atractivos.

En modo alguno nos invita a pensar, “Her” aquí, que la tecnología moderna haga que sus personajes vivan, como lo haremos nosotros mañana; en una atmósfera (informativa – comunicativa – descomunicativa y desinformativa), aún más hiperconectada. Aún sabiendo que será así. Con alta densidad de phablets, smartphones, tabletas, videojuegos de última generación, pantallas domésticas gigantes y ordenadores dialogantes activados por voz. Porque así será. Aunque la demanda de datos y de vídeos alcance efectivamente niveles astronómicos. Porque la realidad subyacente es y también será, que el hombre hunde y hundirá en el sub mundo, su incapacidad para comprender y para amar cada vez más. Del mismo modo que la mega información de cada día nos permite saber cada vez más de cada vez menos. En realidad, nada.

La segunda película a la que rendimos nuestra más grande admiración se titula “Labor day”, igualmente maravillosa. Si “Her” tiene lugar en un futuro próximo. “Labor day” tiene lugar el un reciente pasado. Es una alegoría de lo que desearíamos ser pero que ya no podemos lograr. Es decir, de lo que ya no somos. De lo que ya no podemos ser. Personas que se amen de verdad. Personas que sepan amar. Que tienen en su interior el fluido adecuado y necesario para llevar a cabo el amor, la entrega, comprensión y, de vez en cuando, la felicidad.

Pone bien de manifiesto esta película, para aquel que alcance a verlo, que hemos construido una sociedad que, no sólo impide el amor, la comprensión, la entrega, la satisfacción de una vida; la verdadera e íntima comunicación, sino que devora por completo cualquier buen sentimiento que se atreva a levantar, a surgir, a mostrarse.

Un preso, de pasado turbulento, que se escapa de la cárcel; una mujer rota por un desamor; un hijo adolescente que protege a su madre al mismo tiempo que configura temeroso, día a día, su propia vida. Y entre los tres hacen que el amor, el verdadero amor tome cuerpo; exista. De nuevo decimos aquí que su banda sonora es de notable belleza.

Tanto en esta película como en la anterior, poco nos importan los errores técnicos de cualquier índole que puedan encerrar, ni si los personajes son creíbles o no, o si podrían haberlo hecho de otra manera. Nos basta con estar seguros de que el trabajo esta bien hecho, tiene altura y es de calidad. Y tampoco nos importa si tiene o ha tenido éxito,- eso aún menos-. (Hoy en día, la popularidad de algo, la mayoría de las veces, es un signo de cosa espantosa).

Lo bueno es bueno por encima e independientemente del éxito que alcance, y pese a la desaprobación que genere o pueda generar en las masas. Los colores no existen para satisfacer a los gustos sino para darles nombre, si es con colores como los queremos denominar. La paridad del valor en la variedad de gustos sólo justifica la nula sensibilidad, la ausencia de criterio y la incapacidad para valorar las cosas por lo que valen en sí.

Terminamos este artículo haciendo referencia a otras dos películas, también tan recomendables como opuestas y diversas. La primera se titula “Enemy”. Esta basada en una novela de José Saramago y muestra la mejor manera que el ser humano tiene de destruirse a sí mismo. Es decir, dejarse llevar por su propio instinto. Un instinto convertido por la modernidad y los Derechos Universales en el peor que le es posible. El más desnaturalizado. No aquel que le permite sobrevivir y mejorar sino aquel que le terminará por eliminar como raza animal. O, lo que es lo mismo,- aunque sorprenda-, aquel instinto que ha de estar permanentemente regulándose en la ONU o en foros de similar y envenenada naturaleza.

Nuestra última película sólo es apta para españoles, pues mucho dudamos que vaya a ser entendida, ni en Moscú, ni en Pequín, ni en Whasington, ni en El Cairo. Se llama “Ocho apellidos vascos”. La risa brota con ganas desde el primer instante. Este es un buen momento para ir al cine. No sólo por la campaña de bajada del precio de las entradas.

3 pensamientos en “Buen momento para ir al cine

  1. Buenos comentarios de cada una de las películas que refieres.
    En cuanto a Her, si bien subyace el mensaje de la soledad del ser humano y su insatisfacción dentro de los parámetros sociales “normales”, he de objetar que esa dependencia de las nuevas tecnologías es independiente de si uno se siente solo aunque viva acompañado, tenga familia, amigos etc con los que habitualmente se relaciona. No hay más que fijarse en cualquier terraza de cualquier café de cualquier ciudad en los ocupantes de la mesa de al lado: son cuatro, tres mirando el móvil y uno hablando solo. Otro ejemplo, cualquier sesión parlamentaria: el diputado de turno hablando para las paredes, el resto ausentes mientras contemplan no se sabe qué en sus pequeñas o grandes pantallas de móviles u ordenadores.

    En cuando a la película española, es divertida, fresca, desmitificadora de topicazos y recomendable como tu dices. Y me alegro de su éxito. Mil patadas a Almodóvar….

    Y siendo dos películas tan diferentes es evidente que cada una en su contexto son buenas y tienes razón cuando dices que lo bueno no tiene porque ser aplaudido masivamente.

    El problema que a día de hoy una persona “normal” prefiere pasar un rato divertido cuyos comentarios posteriores en tertulias susciten si cabe más sonrisas que ver una película que le deje pensativo, triste o frustrado por muchas verdades que refleje..porque estas verdades son tristes y para triste ya está la vida de la mayoría.

    • Ya lo creo. Ya lo creo. Sobre todo si la risa sale de dentro, explota incontenible. No se puede sujetar. Esa es la risa buena. Esa es la risa que hace falta. Es que la risa tonta de esas pelis tontas de los EEUU, no es risa ni es nada.

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