Europa – (Penoso, muy penoso)

¡La democracia occidental no funciona!. ¡La Unión europea no funciona!. No vale porque no une a los hombres a través del espíritu, de la verdadera cultura, y del pensamiento!. Al revés. Los utiliza y los desecha. Los convierte en individuos-masa y los enlata.

Por eso no sirve. Por eso no funciona. Es lamentable. Muy lamentable. Ni siquiera aunque a golpes se viva bien. Porque no se trata eso. Se trata de algo más que eso. El sistema de gobierno democrático, en Bruselas en Londres, en Madrid o en París, no ofrece resultados satisfactorios en ningún aspecto. En nada. Rinde cuentas lastimosas. Descorazonadoras. Vergonzosas. Sonrojantes.

¡La democracia Manda! ¡Mata! Impone sin autoridad. Sin criterio. Emborrona. Dilapida. Confunde. Los tontos ordenan. Los envidiosos informan. Los incapaces gestionan. Los ordinarios cabildean y sientan cátedra. Dan lecciones los vanidosos. Pontifica la ambición. Firman los simples.

El nivel de las aguas fecales es el fiel de su igual. Su equivalencia estructural. Enanismo en los gobiernos. Raquitismo en las formas de gobierno. Apesebramiento en sus ilustrados ideólogos. En las cloacas del mundo tienen su Valido y su balido proclama en vez de su voz. En la enfermedad sus enfermeros. En la incultura sus catedráticos y maestros. Enfermedad degenerativa y contagiosa ésta. La que más. La más ponzoñosa. La que se encuba y macera a conciencia en las probetas electorales, en las votaciones y en los sistemas contables de H’ont, (o como se diga).

Países democráticos son y convertidos están, de hecho, en un Club político de burócratas de cartón chillón y mercachifles sin alma y sin corazón, cuya altura de miras acaba a ras del tacón. Cuya capacidad para impartir justicia retumba en el miedo y rebota en los despachos con membrete y oficinas con parquet. La democracia occidental en suma sólo es un Club de países hegemónicos que mantienen a toda costa su inicuo poder por encima de cualquier otra pretensión humana y racional, (cueste lo que cueste, que siempre es mucho, y caiga quien caiga, que siempre son bastantes).

Las gentes y los pueblos de los países democráticos nunca votan en conciencia, (porque no se alcanza a pedir tal cosa, porque no disponen de ella, o está en las consultas y en las peluquerías, sobre las mesitas de las salas de espera), votan en ganancia  Ni con conocimiento o criterios verdaderos (tampoco los conocen,-se dice que requieren mucho esfuerzo-.) Se mueven y estimulan, en cambio, por causas tan saludables como: manías, favores, odios, simpatías, satisfacción de la inmediatez, y por la irreductible ley del mínimo esfuerzo. A todo eso lo llaman progreso, cultura, intercambio, modernidad, solidaridad, respeto, igualdad. Al mismo tiempo se pisotea el diccionario, la gramática, la semántica, el buen conversar.

Un sistema democrático moderno no sólo no es el menos malo de todos los sistemas posibles. Es, por el contrario, el peor de todos los posibles. Contrastado está. Cada cosa que se levanta bajo él, enterrado queda bajo su hipocresía, bajo su mentira, bajo su falsedad. 

En España después de 35 años de democracia, no existe ni un sólo político que no sea digno de vergüenza pública. Y tampoco existe ni un solo partido o asociación política, social o cultural que, del mismo modo, no sea merecedora de rechazo y condena pública.

Ni uno sólo de los medios de comunicación públicos masivos, (diarios, radio, televisión, o esa reciente expresión de masas denominada “red social”, se salva de manipulación pública deliberada, cuando no son sino los grandes cagaderos de la aldea global. El escaparate a través del cual se contemplan los detritus más impresentables y vergonzantes.

Las nuevas tecnologías están, no sólo infectadas de todo tipo de mercantilismo abusivo, engañoso y ruin; mal ejemplo y páginas web, en absoluto edificantes, sino que son, de hecho, el cauce por el que desagua la humanidad sus demostraciones menos edificantes.

La sociedad democrática hace de su propia enfermedad la mayor virtud. La virtud suprema. La virtud irreductible. Hasta tal punto que es del todo imposible hacerle reflexionar sobre cualquier aspecto por más pernicioso y obvio que aparezca ante sus ojos. Y con esa majestuosa seguridad edifica los tiempos modernos.

La democracia occidental ha conseguido pudrir del todo, toda vida que hasta su advenimiento pudiera verse con cierta esperanza. Nada de su actividad cultural, política, social o del tipo que sea, que requiera el menor esfuerzo mental, puede sostenerse en pie ante el menor razonamiento lógico y pensado que se le oponga.

Pero la democracia moderna no es un Estado ni una estructura social y económica para personas pacíficas y pensantes. Lo es para seres que sólo buscan comodidad, consumo, satisfacción, simplismo, molicie, inactividad, inanidad, sonrisa fácil, frivolidad. Estulticia en estado puro. De otro modo no es posible explicar, ni ahora ni dentro de tres mil años, una Europa con tamaño despropósito social, político y económico.

Aún hay, 35 años después, en España, partidos políticos que pretenden gobernar con argumentos que avergüenza a la más pequeña de las inteligencias humanas. Y no es por falta de musculatura de los políticos. Es por exceso de entrenamiento en los gimnasios del latrocinio y la ineficacia. Llevar al Parlamento Europeo esas sub-ideas sólo es digno de un Parlamento Europeo igualmente estúpido y cloroformado como sus propios representados.

Aún hay, 35 años después, gentes y votantes, (pueblo llano), que siguen creyendo que la democracia moderna es algo bueno porque aún pretenden mejorarla,- dicen. Unos y otros, tales para cuales, alargan la agonía de la decadencia occidental hasta el agotamiento más delirante.

A cualquier persona, con un mínimo de sentido común; (a cualquier gatito mínimamente espabilado), le bastaría con la simple contemplación de los actuales candidatos a las elecciones europeas, para darse cuenta de hasta dónde alcanza la hediondez de estos tiempos y la estupidez de los sub-argumentos utilizados. No son, con todo, tales logros, ni de ahora ni porque las elecciones sean europeas.

La mente del cuerpo social no es sana si su basamento es la estulticia general. La comprensión de los conceptos requiere, en una sociedad desarrollada, el uso habitual del conocimiento. Pero no es precisamente conocimiento lo que exhiben, estos días de campaña electoral, los políticos que se presentan a ellas, ni los incondicionales de cada uno de los partidos que jalean como muñecos unos discursos e intervenciones sonrojantes ante el más inocente de los análisis.

La estulticia social es como la peste. La peste es una plaga que mata a la gente. La estulticia es el resultado del funcionamiento humano que le mantiene inane. La inanición mental y la estulticia son consustanciales en la naturaleza humana y vienen a tener el mismo efecto de la peste, circunscrito a la mente. Ni una cosa ni otra se reciben por correo en casa. La peste cabalgaba a lomo de las ratas. La estulticia es gaseosa, viaja por el éter y siempre es bienvenida en casa. Nace con el individuo. Se la acuna en el hogar. Después, ella misma, con todas las puertas francas, se propaga y extiende. 

5 pensamientos en “Europa – (Penoso, muy penoso)

  1. Esta sociedad no es la más culta, de acuerdo, Occidente ya sabemos de qué va y cómo se las gasta si se da el caso, la agresión a Ucrania y la manipulación informativa, por ejemplo. Los políticos llevan con la misma “monserga” vacía y obtusa desde los últimos 35 años, es verdad, y esa cosa llamada las redes sociales y los medios de comunicación son un basurero de colores donde no cabe más mierda….cierto.

    Pero las personas, un colectivo muy grande, están-estamos- aquí y me temo que va para largo.
    Mi alma escribe esto

    • A veces, agarrarse a ese “positivismo” es como enamorarse. Algo que ni queremos ni nos apetece racionalizar.

      Por otro lado, ¿Cuál es la alternativa?. No existe alternativa, del mismo modo que no existe un hombre biológicamente nuevo. (más en próximos artículos.

  2. Sí, las hubo. Griega y durante la República Romana, sobre todo. Fueron democracias que de haber estado instaladas en la modernidad actual, adolecerían de los mismos o muy parecidos achaques.
    Aún sin ser de la época moderna crearon dificultades muy parecidas a las actuales. (Más ampliación en próximos artículos)

    Como eran democracias a la antigua

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