Un extraño relámpago de racionabilidad

Más de uno, y sin saberlo o ser consciente, últimamente, se esta levantando por la mañana, convertido en alguien de izquierdas cuando toda su vida a creído ser de derechas, o de derechas cuando toda la vida se ha tenido por un hombre de izquierdas. Otros se ubican a ciegas. O creen seguir teniendo una postura política que, la realidad ha hecho desaparecer. Que ya no existe.

Así resulta, que se definen posturas políticas con ideologías e ideologías con posturas políticas inexistentes y absurdas. Inútiles. Pero que, en tanto se siguen utilizando, sirven tan sólo para sentar las bases de una indefinición general, sobre la que, por cierto, avanza el sisnsentido político y social general.

Y está ocurriendo sin que ninguna de las víctimas de ese efecto,- por llamarlo así-, busque una verdadera explicación. ¡A fin de cuentas, qué más da!

A lo más que se alcanza a comprender es a saber que no hay partido alguno, mayoritario o minoritario, inscrito en el arco parlamentario, que no haya defraudado de forma palmaria, a su electorado y alrededores, a lo largo del ejercicio legislativo correspondiente.

El fenómeno del que hablamos se ha generado esta vez, simplemente, por votar la formación de un Parlamento Europeo que, según las estadísticas, muy pocos quieren o por el que muy pocos sienten admiración. Por abstenerse, o por votar en blanco. Por depositar la papeleta en la urna impulsado por la clara voz de un llano y casi etereo sentido común. (Hay que tener en cuenta que estamos hablando de casi 400 millones de habitantes).

Lo revelador de estas votaciones ha sido que ese sentido común se ha inclinado fuertemente, en Francia, por apoyar el programa de Marie Lepen, considerado por la inmensa mayoría, dentro y fuera de Francia, como de extrema derecha. Poco menos que Nazi, o Nazi directamente.

Miles de personas, en la Galia,- como diría Julio César-, y en otros países, ven de lo más lógico y normal lo que su dirigente proclama respecto a la situación de los pueblos de Europa y los problemas que la ahogan, una vez más. (Recordemos que la Constitución de la U. E. fue rechazada en su momento), el proyecto europeo y; una de dos, o sus votantes y simpatizantes son, en efecto, de extrema derecha, (nazis), tal como dictan casi todos los medios de comunicación; o Marie Le Pen es la dirigente político de mayor sentido común de cuantos se tienen identificados por la derecha y la izquierda civilizada de toda la vida.

No nos vamos a tomar la molestia de elaborar aquí, un catálogo de lo que son o deben ser las ideas de izquierdas o derechas; máxime cuando, en sustancia, no han significado apenas nada, pues unos y otros se han turnado en hacer siempre lo mismo y nunca se han distinguido por nada verdaderamente sustancial, pues todos, entonan la misma canción y comen en el pesebre que los EEUU les ha dispuesto en Bruselas. Ni siquiera dentro de los propios países se distinguen en realidad, pues ni unos ni otros tendrían nada que hacer si no impostaran la voluntad de las clases medias y del grueso de la población votante que, éstos, ceden tan voluntaria como gustosamente.

Es público y notorio que ya, desde hace décadas, esas denominadas y manidas izquierdas y derechas mayoritarias, lo están haciendo tan rematadamente mal, tan sin lógica, Tan sin reflexión, sin concierto, sin orden, sin conocimiento, que, a falta de mayor esfuerzo de corrección, siguen siendo consideradas del mismo modo, cuando en realidad deberían ser denominadas con un simple cero. Y, en todo caso galardonadas por su obediencia a papá Obama y a mamá Merkel.

Tal dejadez para poner las cosas en su sitio, tal equivocación manifiesta en las denominaciones, es lo que hace que ahora, a ojos de los medios de comunicación, el 33% de los votantes franceses se haya vuelto poco menos que nazi, o fascista, o algo peor si cabe, cuando en realidad, hacía mucho tiempo que no se proponían cosas tan normales y lógicas.

Lo cierto es que cuando uno se dedica a pensar, “de verdad” en la actualidad, o en la historia, si quiera sea para comprenderla o para saber orientarse en el mundo, no se consigue otra cosa que la pérdida de la frescura y de la necesaria ingenuidad para ser feliz de forma cotidiana en orden a la naturaleza propia del planeta sin caer en la estupidez ni en la imbecilidad.

Pero también el furibundo rechazo que, dentro de la propia comunidad política europea, se alza contra aquellas ideas que se hacen oír, casi milagrosamente, proponiendo medidas acertadas,- más acertadas al menos-, por el sólo hecho de ser tildadas de reaccionarias, aún siendo del todo de lo más racional, como lo que propugna el (Front National, FN) en Francia en relación a la inmigración ilegal; o las medidas para regular esa misma inmigración en Suiza y otras más. Medidas, como decimos, rechazadas de plano por la mayoría política en Bruselas.

La falta del sentido común de la oposición a esas ideas correctas que estas políticas manifiestan, acentúa el temor de perder del todo el lógico rumbo que sería necesario para que reinara el buen hacer, cada vez más alejado en el horizonte.

Y al mismo tiempo los medios de comunicación en pleno, orquestan la sinfonía manoseada de la justicia, la solidaridad y la libertad, sempiternamente del lado de la democracia y la modernidad, defendida incluso con la rabia y el veneno del que hace gala el emblema democrático, que no por democrático es menos cerril y agresivo o lo es precisamente por serlo.

De tal forma, en suma, que la sinrazón de quienes gobiernan Europa y el mundo occidental, no puede por menos que poner los pelos de punta a quienes intenten comprender la razón de por qué hacen lo que hacen.

Hacen caer gobiernos democráticos. Quitan y ponen a su antojo. Asesinan a gente inocente si hace falta o excusándose en los consabidos efectos colaterales. Ocultan sus culpas y responsabilidades. Mienten y manipulan los medios de comunicación puercamente “full time”. Se injieren en los asuntos de cualquier país cuando lo consideran oportuno y cambian sus costumbres y sus vidas por la fuerza de porque sí. Juzgan según qué cosas con distintas varas de medir. No tienen recursos para dar trabajo a la gente de los propios países europeos y aún pretenden anexionarse Ucrania para acumular más poder, más riqueza e influencia geopolítica, etc, etc.

Todo eso es lo que hace Bruselas y EEUU. Con todo el descaro y la mayor hipocresía: lo de Serbia, lo de Kosovo, lo de Iraq, lo de Afganistán, lo de Egipto, lo de Libia y lo de Siria. Eso en los últimos meses o años como aquel que dice, porque más atrás hay mucho más; mencionemos tan sólo Vietnam, Granada, Panamá, Salvador, etc. etc.

Arrasan y depredan lo que haga falta y se burlan de todo lo que no sea su egocéntrico y delirante poder. Todo en nombre de la libertad y la democracia. Faltaría más.

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