La Europa torcida

El pasado miércoles día once de Enero de este año 2015, se produjeron en la capital de Francia dos atentados, casi simultáneos, que costaron la vida a diecisiete personas y causaron una docena de heridos. Estos actos estuvieron promovidos por la Yihad islámica de Al Qaeda en Yemen, según han hecho saber los medios informativos. El gobierno francés liquidó el asunto expeditivamente a las pocas horas ordenando a sus cuerpos de seguridad, (unos 88.000 efectivos policiales y sus correspondientes infraestructuras), que se empleasen con contundencia.

El Estado Islámico por su parte, (grupo o facción a la que habían acudido para entrenarse), proclamó héroes a los autores materiales de los ataques. Uno de los atentados se perpetró contra un conocido semanario de humor sarcástico en cuyas páginas se hacía mofa y burla a menudo, no sólo de Mahoma y el Islam, sino también y con la misma frecuencia, de la propia religión cristiana.

(Pero nunca de Yahvé o La Torá, del matrimonio homosexual, ni del feminismo, el aborto, o las madres de alquiler, por ejemplo).

El otro atentado tuvo lugar en un conocido establecimiento judío. Pocos días después un jefe de Al Qaeda (Yemen) reivindicó esta acción y advirtió de posibles ataques similares en otros países europeos si continuaban las ofensas al Islam. Buena parte de la opinión pública coreó, a grito cerrado, que ellos también estaban de acuerdo con hacer y practicar ese tipo de burla y ejercer el mismo tipo de libertad; (Je suis Charlie).

Y, por supuesto, todos los líderes políticos del mundo occidental. Todos, menos unos cuantos destacados que interpretaban estos acontecimientos de un modo muy distinto. (Leer a modo de muestra a Juan Manuel de Prada, por ejemplo)

 “Debemos recordar que las religiones fundan las civilizaciones, que a su vez mueren cuando apostatan de la religión que las fundó; y también que el laicismo es un delirio de la razón que sólo logrará que el islamismo erija su culto impío sobre los escombros de la civilización cristiana. Ocurrió en el norte de África en el siglo VII; y ocurrirá en Europa en el siglo XXI, a poco que sigamos defendiendo las aberraciones de las que alardea el pasquín Charlie Hebdo. Ninguna persona que conserve una brizna de sentido común, así como un mínimo temor de Dios, puede mostrarse solidaria con las aberraciones, que nos han conducido al abismo.”

*   *   *

Por nuestra parte proclamamos que:

¡No, no somos Charlie!, ni muchísimo menos. (Je ne suis pas Charli, pas de toût).

Que por qué:

– Porque aunque no se compartan todas las ideas del mundo no es atinado insultar a nadie, blasfemar contra persona, grupo o religión alguna, ni publicar dibujos para burlarse de creencias o símbolos que son importantes para otros. (Por mucha gracia que haga, mucho que se rían o muy bien que se lo pasen aquellos que se diviertan con ello, o se crean lo de la Alianza de Civilizaciones como si fuera un dogma religioso).

– Porque a esa revista de “humor” y a sus dibujantes, les inspiraba una determinada ideología política, “trostkista postmoderna” al parecer,- cosa a la que tienen perfecto derecho, el mismo que tienen algunos a inspirarse en otras ideas o formas de ver la vida, no instalada en la óptica actual de la modernidad.

No pocos han manifestado abiertamente que tampoco eran “Charlie”, sino musulmanes o cualquier otra cosa sin que por eso se haya de entender que tengan que estar de acuerdo con el ataque.

Afirmar que los “Charlie” sólo hacían uso de la libertad, es una reducción ridícula y simplista de todo razonamiento aceptable, ya que la libertad de una persona, en caso de que esa palabra se pueda considerar, en nuestro ámbito occidental, un concepto con significado real; acaba donde comienza la libertad de otra persona. De otra forma toda sociedad o convivencia es inviable. (Leer a J. J. Russeau). Excepto en el mundo musulmán, pues esa religión es, además, una norma de vida que estructura a los individuos según el Corán y no según el Catón postmoderno impuesto por la doctrina aconfesional.

Pero a fin de cuentas, nos parece que todo esto no es importante. De hecho no son más que tonterías o simples modas idiotas, que la sociedad postmoderna tiene a bien practicar para sentirse o hacer parecer que se siente mejor o que cumple con algún compromiso importante. Aplaudir en manifestaciones tal o cual jaculatoria insípida o ejecutar minutos de silencio aquí o allá, haciendo que los que mostrarían su parecer de otro modo,- aún estando de acuerdo en el fondo-, se vean obligados a reducirse al anonimato y al silencio.

Lo importante realmente es que en el mismo París, un comando “yihadista” armado y entrenado en Yemen, ha dado un golpe de mano ejecutando a diecisiete personas “señaladas por su actividad de blasfemia religiosa” de entre un montón de centenares de miles que podrían haber elegido. A fin de cuentas, aunque los autores estén nacionalizados en Francia y empadronados en París, son musulmanes y viven a trasmano en un país, en un continente, lleno de “infieles” hasta los topes.

En el marco de un Estado de derecho, que una persona mate a otra se resuelve fácilmente aplicando la ley. Llevar a cabo cualquier otra acción es sacar las cosas de quicio.

Y si quien se extralimita es el Gobierno del Estado mismo, utilizando un ejército, está llamando, literalmente, a la guerra, al caos y al desorden civil. Creemos que algo de esto ha pasado, no en París, sino en Europa entera el pasado once de Enero.

“El islamismo no define por entero al islam, pero procede de él y sólo por él se explica. Lo que entendemos por islamismo es la pretensión, en nombre de la ortodoxia religiosa, de extender el gobierno de la ley coránica a todas las esferas de la vida, lo cual, por otra parte, guarda perfecta coherencia con la letra y el espíritu del Corán”.

*   *   *

El gobierno francés, inmediatamente después de abatir con armas de fuego a los atacantes, hizo un llamamiento general a la unidad en toda la Europa multicultural, esto es, postmoderna, y convocó una manifestación general de repulsa, no sólo a los violentos islamistas que ejercen la Yihad, sino a la lucha contra todo tipo de racismo y xenofobia para intentar potenciar la cohesión en una sociedad europea laica en la que hacer posible la Alianza de Civilizaciones entre las distintas razas y creencias que intentan vivir en su seno aceptando normas que no les son propias y leyes ajenas.

Todo para evitar específicamente lo que ha dado en llamarse “islamofobia”; al tiempo que se incrementan las medidas de represión y control de los ciudadanos islámicos favorables a la Yihad. Y también, por qué no decirlo, contra aquellos que, sin ser musulmanes o siendo musulmanes comunes consideran aberrantes las políticas europeas en vigor.

Manifestación, en cualquier caso, a la que fueron invitados todos los Jefes de Estado y a la que asistieron un buen número de ellos, (cuarenta en total, europeos, africanos y de Oriente Medio, todos afines, por unas u otras razones, en sus políticas de intervención internacional e integración o asimilación inmigratoria).

Del mismo modo, asistieron también numerosos representantes de partidos políticos y de la sociedad civil occidental, en suma. Cabe destacar particularmente que estuvieron también los líderes de Israel y de Palestina, representantes directos de su propio y grave conflicto regional permanentemente sin resolver. El presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan expresó la opinión que le merecía la presencia del presidente de Israel en la manifestación.

 «¿Cómo puede tener el valor de asistir un hombre que ha matado en Gaza a dos mil quinientas personas inocentes entre civiles, hombres, mujeres y niños, mediante el terrorismo de Estado?»

Manifestación, en suma, de la que, no obstante, pasaron significados representantes de algunos otros partidos políticos como el F.N., formación política que cuenta en la actualidad con dos millones de votos del electorado francés.

Nos preguntamos, por ejemplo, si no hubiera sido más lógico que esos líderes políticos se ocuparan de pensar bien y tomar medidas adecuadas para resolver el problema,- latente desde sus inicios-, en vez de manifestarse contra él de una manera harto cinematográfica. Excepto en el caso de que sólo asistieran para hacerse la fotografía política. Aunque bien sabemos lo infundado que es interrogarse sobre algo que un político jamás hará. Escuchar, comprender.

Imaginemos, por ejemplo, a los jefes de gobierno y a los líderes sindicales manifestarse juntos contra el paro. ¿No sería un contrasentido?. Imaginemos a Ángela Merkel manifestándose, codo con codo, con los desahuciados contra la crisis económica. Por eso tal manifestación nos parece, más bien, una farsa lastimosa. Una grotesca y descomunal farsa la que los medios de comunicación, al dictado de sus inspiradas estulticias, retransmitió con venerable y machacona loa como si de algo bien hecho se tratara.

No tan bien hecho quizá como el decidido apoyo político y militar de varios gobiernos europeos a la dispar “Primavera árabe”. Una primavera que en Libia, por ejemplo, tras facilitar el salvaje asesinato del hasta ese momento, estimado amigo Muamar el Gadafi, ha creado un verdadero caos social, político y económico además de la eliminación física de todo cristiano; y en Egipto, revueltas no exentas de sangre y un nuevo golpe militar contra Los Hermanos Musulmanes, (en el poder a través de elecciones democráticas) para dejar las cosas más o menos como estaban en tiempos del depuesto Hosni Moubarak.

Todo eso sin olvidar las anchas alas otorgadas al E. I. y sus practicas militares extremas en Irak y Siria, con las que facilitan o mejor dicho, obligan el desplazamiento de miles y miles de personas y la matanza indiscriminada en un buen número de países. O el apoyo o connivencia con el Gobierno de Arabia Saudí, cuna del islam salafista más genuino.

Todos esos líderes políticos presentes en las calles de París han dibujado una piña homogénea de semblantes desentendidos de todo eso. No podemos pasar por alto semejante bajeza y tampoco la poca altura moral que supone que casi todo el pueblo francés se haya desentendido de las turbadoras políticas internacionales de sus líderes electorales.

Unos y otros han presentando una apariencia compungida por la muerte de diecisiete personas en París, defendiendo, dicen, la libertad de una revista de humor satírico con todo tipo de justificaciones vanas y vergonzantes. Sonrojantes a poco que queden, frente a frente, con lo que esos representantes apresurados en París ordenan hacer cada día en otras latitudes ubicadas más al sur.

Por eso no pueden tener mayor responsabilidad directa y compartida-, junto con los medios de comunicación de masas apesebrados que les sirven de altavoz-, en los funerales casi diarios de hombres, mujeres y niños cristianos de Siria, Irak, Nigeria y otros lugares, olvidados incluso por esos Medios tan amantes de la libertad de expresión y, al parecer, de la justicia que, entre otras cosas han callado que en Níger, las masas encolerizadas, quemaban diez iglesias cristianas para protestar por la presencia del presidente nigerino en la manifestación de París en apoyo al semanario blasfemo.

El olvido oficial de los crímenes islamistas contra los cristianos en esos países y la desinformación y desinterés general de la sociedad postmoderna en su conjunto hacia lo que no le resulta “chic”, tiene una profunda, lamentable y clara razón de ser.

La llamada Unión Europea, los europeos en su mayoría, siguen una metódica y deliberada política de erradicación del catolicismo y de cualquier religión cristiana, así como de la historia que la sustenta, con el propósito de sustituirlas por la blasfemia y la chocarrera e inaceptable demagogia practicada por “Charlie” y la sociedad postmoderna. Esa es la alternativa que ofrece Europa y sus actuales jefes de Estado al futuro de los pueblos del viejo continente.

Pero el Catolicismo sigue existiendo y el Islam es la religión que una vez instalada en Europa, no del todo aún, es utilizada como un ariete contra ella mientras la política de la igualdad y la solidaridad intenta por todos los medios descafeinarla a todo trance.

 (La sociedad moderna actual recibe con el mismo significado las siguientes denominaciones: Occidente, Sociedad occidental, Democracia moderna, Democracia occidental, Alianza de civilizaciones, Multiculturalidad, Postmodernidad, etc.)

*   *   *

La política europea se equivoca cuando cree que puede seguir controlándola y usándola para oponerla al catolicismo sin que, a su vez, se lleve de paso y por delante, a sus Estados laicos y a-confesionales.

Al menos no parece que la tolerancia de la Europa moderna con los ciudadanos islámicos, “la solidaridad” y la intensa campaña antirracista, esté consiguiendo que éstos se muestren cada vez más cariñosos. El Islam es incompatible con la presunta Europa tolerante e integradora, y también con la religión cristiana, si bien menos ahora con la religión cristiana que con la presunta tolerante Europa.

En Francia se han creado barriadas enteras donde no rige la ley francesa. No sin la aplicación simultánea de otras leyes. Y la ley del llamado,- con mayor o menor fortuna-, terrorismo, es una de sus expresiones. Pero no es lo que los políticos llaman terrorismo lo que les mueve, sino el simple y perentorio deseo de ser dueños de su propia casa, ubicada donde quiera que este ubicada, y de todo lo que quiera que ocurra en ella.

Los políticos europeos afirman que no existe un peligro musulmán verdadero, que los musulmanes son tan buenas personas como cualquiera otra y que quienes asesinan son sólo algunos individuos aislados. Tomados de uno en uno sin duda es cierto. Los musulmanes tienen virtudes y defectos similares a los demás seres humanos, como por otra parte ocurre con los comunistas, los nazis, los judíos o cualquiera otro. Pero esa perogrullada no oculta el hecho de el Islam es una religión y una forma de vida muy distinta, e incluso contraria a las concepciones tradicionales y costumbres que han dado forma a Europa a lo largo de los siglos hasta el inicio de la dichosa postmodernidad.

Por otra parte, los musulmanes, se sienten cada vez más fuertes porque son muchos en el mundo y cada vez más en una Europa con la que, en su inmensa mayoría, no se identifica ni en la que quiera integrarse. Ese es el peligro que están cultivando estos líderes europeos y que no pueden cauterizar por culpa de sus frívolas e hipócritas comedias solidarias.

No es la primera vez que a consecuencia de la Yihad, el mundo musulmán se hace notar por la fuerza de la violencia y, aunque los gobiernos europeos no cesan en tomar medidas preventivas o abiertamente disuasorias, no logran impedir estos atentados. Tampoco modifican la política de inmigración masiva. Al contrario, no cesan de facilitarla con todo tipo de medidas y campañas de integración, como las mohosas argumentaciones interculturales o de multiculturalidad.

Así, unos quieren reprimir el Islam en Europa y reducirlo a una masa de meros ciudadanos occidentales indistinguibles sin más relieve que el de aspirar a gozar de la sociedad de consumo y bienestar, para después o al mismo tiempo, des-inmigrarlos.

Otros quieren desposeerlos de su esencia islámica verdadera e integrarlos en la sociedad laica europea, vigilando, acorralando y persiguiendo, mientras tanto, a todos los que pretendan salirse del redil o no esten debidamente sumergidos en él.

Tanto una cosa como otra nos irrita especialmente. Y lo cierto es que llegados al punto inasumible en el que están las cosas, no vemos viable ninguna otra alternativa para hacer que el islamismo conviva de forma integrada y pacífica en la Europa laica. Ni que la aconfesional Europa, vaya a poder hacer nada que tenga sentido aceptable para arreglar el desaguisado político del continente. Desde luego no a favor de la Europa histórica, cuya memoria, aunque no hubiese presión o presencia musulmana alguna, pretende desdibujar de los libros, si no, borrar directamente del todo.

Esa incoherencia general, creemos, es la que nos viene a confirmar, y no por primera ni única vez, que la política europea en su conjunto, y particularmente en materia de inmigración, es neta equivocación. Un verdadero contrasentido. Una política cargada además, de errores de bulto, sin ton ni son, que a la postre determinan la definitiva decadencia y caída de la civilización occidental o democracia moderna.

*   *   *

El verdadero fondo de la cuestión, qué duda cabe, es lejano en el tiempo además de no poco complejo; (repasar la historia de los tres, cinco o seis últimos siglos), y no nos equivocamos afirmando que la causa primera y principal de lo que ocurre en Europa y de lo que ocurrirá, sin duda empeorando para su devenir histórico, proviene directamente de la equívoca y propia política desarrollada hasta el día de hoy sin tino.

(Sepamos que el Islam es una religión: Dios es Alá, y reveló su verdad al profeta Mahoma, el cual la dejó impresa en el Corán, y en él se dice que el camino recto que conduce a la salvación consiste en someterse a esa verdad revelada).

Nos referimos a la posibilidad, cada vez más cierta, de que Europa se convierta en un continente islamizado o directamente islámico a causa de la fuerza que ejerce el simple peso de su masa. (20 millones de mahometanos actualmente afincados en el continente, mayoritariamente en Francia).

“Argelia fue conquistada por Francia en el año 1830, pero no como Estado independiente sino como parte del Imperio Otomano. Tras la caída de este Imperio, Inglaterra, Francia y EE.UU. “balcanizan” la región creando Estados artificiales donde no había Estados y rompen y dividen unidades geopolíticas perfectamente integradas”.

En efecto, porque los Estados europeos, (gobierno, medios de comunicación y la generalidad del pueblo llano) se han empeñado en un imposible; integrar una muy determinada manera de vida, el Islam, en sociedades cada vez más anti religiosas, sin moral, sin educación verdadera o valor espiritual alguno con el que “trabar” amistad o intercambiar afinidad; excepto el mero interés por enriquecerse y vivir lo más holgadamente posible; es decir, se intenta hacer compatibles cosas opuestas en su propia esencia.

Es el mero interés por la presunta comodidad y bienestar que ofrece la civilización occidental lo que atrae al mundo islámico a Europa; no su deseo de mezclar su civilización con la sociedad postmoderna de occidente. Ojo, tampoco al contrario. Europa sólo puede ofrecer presunto ocio y bienestar a propios y extraños. Eso cuando las cosas van bien. En época de crisis, ni eso. Decrepitud moral, estulticia general. Educación de tropa en posicón descanso. Nada.

No es que haya hoy un enfrentamiento entre religiones como las hubo en el siglo X, XI, XII y sucesivos, pues la religión católica hoy está desactivada y no mueve ni pretende mover a la ciudadanía contra el Islam o contra otra cualquiera religión. Esa hipótesis ya no existe. Pero si existiera aún habría más posibilidad de sincretismo o entendimiento entre ellas que con la laicidad de los Estados y sociedad actuales.

Ya lo hemos dicho, los actuales Estados europeos, la sociedad europea, los medios de comunicación de masas europeas, y casi la totalidad del pueblo entero europeo; pretenden, en suma, si es que no lo han conseguido ya, borrar la historia cristiana de Europa, reducirla a una anécdota, a un chiste, a algo insignificante que pasó, y considerar sin importancia a quienes aún, a pesar de todo, profesan la religión católica, practican sus valores espirituales y conocen la historia europea como algo unido que proporciona sentido en las dos direcciones.

Mal que nos pese hemos de afirmar que ése es el estado y ésa es la sociedad europea actual. Algo enfermo que camina sin orientación alguna hacia ninguna parte. Eso sí, con un gran aparato propagandistico, de vigilancia coercitiva, y policial.

*   *   *

Aún así, creemos que los Estados europeos pueden desactivar el Islam en el mundo occidental por difícil que parezca. No en vano los recursos de un Estado moderno son de hecho cuasi ilimitados y pueden conseguir cualquier cosa. En el aire, en el mar y más aún en tierra. Tan sólo se requiere algo de inteligencia y cierta eficacia técnica para llevarlo a cabo. Además de un potente y sofisticado ejército, claro. Cosas de las que Occidente dispone sobradamente y a las que recurre de vez en cuando en perjuicio propio la mayoría de las veces.

“El Mundo Árabe se extiende por toda la cuenca norte de África: Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto. La Península arábiga: Arabia saudita, Yemen, Oman, Emiratos Árabes Unidos, Kubait, Irak, Siria, Líbano, Jordania. Palestina: Israel. Costa oriental de África: Sudan y Somalia. Costa atlántica: Mauritania y Sahara”.

Supongamos que tal propósito es posible aunque difícil. Habría que saber que algo semejante ya se consiguió cuando el emperador Constantino y después Justiniano liquidan el politeísmo e imponen la religión cristiana en todo el Imperio Romano. Eso fue algo que se logró a lo largo de más de dos cientos años de insistencia, gran represión y una abundante legislación restrictiva.

Sería posible, hoy en día, conseguir semejante resultado en Europa aplicando esas mismas o parecidas legislaciones. ¿Es equiparable ese ejemplo?. ¿Hay la misma distancia entre el paganismo y el cristianismo que entre el cristianismo y el Islam? ¿O, mejor dicho, entre las sociedades laicas y el Islam?.

No se les ocurre ni a unos ni a otros (los que quisieran expulsar a los musulmanes de Europa y quienes quisieran desactivar los contenidos esenciales de su religión), preguntarse la razón por la que a fecha de hoy viven en Europa unos veinte millones de musulmanes. Ni pensar que su mera presencia hace patológica las pretensiones de unos y de otros. Quizá, o, mejor dicho, porque Occidente sobrepasó hace tiempo la culminación del dislate en todo cuanto hace; tanto dentro de sus fronteras como fuera de ellas.

No nos parece ninguna solución someter a esas medidas represivas a nadie. Resultan ridículas. Resultan odiosamente agresivas. Resultan contraproducentes. Resultan espantosas. Y ello sin mencionar las molestias domésticas y agresiones sin cuento que se causa de forma directa o indirecta, a la libertad de movimientos del resto de ciudadanos. Y porque, llegados a este punto, es absurdo. Es una guerra triste, horrible y lamentable. Una guerra, por cierto, tan “barriobajera” como sombría ha sido y es la política occidental del último medio siglo.

6 pensamientos en “La Europa torcida

  1. Muy buen razonamiento de un gran pensador, no esperaba menos de ti.
    Cierto es que me cuesta creer que personas sean asesinadas por haber ofendido a unas otras mediante unos dibujos.
    Sin embargo, como bien me comentaste la otra vez, las personas religiosas y aún más los musulmanes, tienen tan interiorizada esa fe hacia Dios que una mínima ofensa hacia él puede hacer sacar de ellas su lado mas cruel e inhumano.

    Cierto es que dos culturas totalmente distintas, la occidental y la oriental, no pueden llegar a convivir juntas ni siquiera a entenderse ya que las diferencia entre estas es abismal.

    De esta manera, bajo un punto de vista de la ética humana (diría también desde un punto de vista jurídico pero haría referencia a lo permitido únicamente en este país) siempre impera e imperará el derecho a la vida, a la dignidad, al respeto y a la libertad de la persona.

    Tu sobrino.

  2. Estimadisimo amigo ,, estoy llegando a España el dia 30 de enero ,, estare por Andalucia , pero no descarto un paseo por Madrid,, si es asi , me gustaria verte y retomar aquel jugoso dialogo iniciado aqui en Montevideo ,, un abrazo ,,

    El 20 de enero de 2015, 16:49, “- “Alma y viento” – artículos de opinión,

  3. No creo que sean defendibles estos animales, estos perros asesinos. De ninguna manera es justificable el asesinato de inocentes solo por que piensen distinto a estos energúmenos. Eso es libre expresión, aunque sea moral o políticamente incorrecto. Ese periódico aunque se le vaya un poco la chapa (que no digo que no se le haya ido) ejerce su derecho de expresarse libremente. En este país deberíamos entenderlo, ya que eso de la sátira lo llevamos en la sangre. Lo vemos todos los miércoles en la revista “el jueves”, y mas concretamente en Valencia todos los años por el mes de marzo. Por esa razón yo si que soy Charlie, porque quiero poder decir lo que que de la gana sin miedo a que me maten. Porque estoy en contra de la sinrazón humana, del fanatismo religioso, y de los hijos de puta anclados en la edad media que asesinan en nombre de vete tu a saber quien.

    • Si eso es así, quizá tenga algo que ver el hecho de que el Islam sea 600 años más joven que el cristianismo y la más reciente de todas las religiones del planeta, a excepción de la “religión” laica, ergo, Alianza de Civilizaciones.

  4. De la misma manera que en el Cristianismo existen variantes ( católicos, protestantes, eterodoxos..) y en el Judaismo (ultraortodoxos, jasidistas…), en la religión islámica existen dos facciones bien diferenciadas: los chiitas, defensores de los textos corámicos del Profeta y de primo y yerno, Alí. La dinastía Omeya que le usurpó el poder no es reconocida por este grupo. Son eterodoxos y muy radicales, defensores de la Guerra Santa contra los infieles para conseguir el cielo (Yihá) y propagar su fe. Esto se radicaliza en el fundamentalismo, desde la revolución de 1979 en Irán por el Ayatolá Jomeini, creador de la República Islámica, que es una gran teocracia en donde el lider espiritual asume los poderes del Estado. Los chiitas son una gran minoría en el mundo islámico. La otra agrupación lo forman los sunitas o sunnitas, seguidores de los primeros califas sucesores de Mahoma -los Omeya-. Basan sus principios religiosos en el Coram y la Sunna; es decir , los textos o dichos religiosos ttrasmitidos oralmente. La tradición es importante y ésta ha ido variando en distintas épocas. No apoyan la ingerencia de la religión en la sociedad civil; es decir, no defienden la teocracia. Los sunitas forman el 90% del mundo islámico. Sin embargo, una de las causas más importantes del aumento fundamentalista islámico se debe al rechazo sociopolítico del mundo occidental que, en estos agudos momentos de crisis, se ceba contra los inmigrantes más mayoritarios y deprimidos económicamente: los musulmanes. Con gran cinismo intentamos disfrazar lo sociopolítico con lo religioso, cuando la sociedad capitalista se mueve poco o nada por principios religiosos o éticos.

  5. Pues yo sólo puedo añadir que estoy bastante cansada de tanta polémica. En muchos casos gratuita e interesada.
    Acabo de enterarme de que a partir del mismo momento en que entre en vigor la famosa ley mordaza, cualquier tipo de comentario fuera de tono,- a juicio de no se sabe bien quién ni por qué-, y en conciencia, lo denuncie, La persona autora del comentario en cuestión sera objeto de sanción, bien económica o incluso de pena de cárcel….Y yo me pregunto: ¿no es eso impedir también la libertad de expresión? No llegan a matar pero amenazan con tal tipo de sanciones que estaremos más callados de lo que nuestros padres estaban hace algunas décadas.
    Recuerdo que con 13 y 14 años me manifestaba por una educación pública de calidad. (Sí, ya en la década de los años 70, nos manifestábamos por eso). Casi siempre con los “grises” detrás y sus porras golpeando a diestro y siniestro.
    Pues resulta que volvemos a lo mismo. En plena democracia, sinónimo de libertades y derechos, manifestarse será ilegal. Decir ciertas cosas será ilegal y pensarlas creo que también.
    Resumiendo: qué más da quien coharte nuestra libertad, por miedo a las consecuencias en ambos casos, llámese terrorista yihadista [ no representativo de la totalidad del mundo musulmán] o el gobierno democrático de turno (no representativo tampoco de los habitantes del país que dirige).
    Así que como decía antes, ya me cansa y aburre tanto leer y escuchar más de lo mismo…. y siempre de forma políticamente correcta para el Mundo Occidental. El único que, al parecer, importa.
    Creo que no he oído jamás una noticia donde se diga que Occidente ha masacrado o asesinado a pueblos no cristianos…. que poca memoria tenemos…o quizás es nuestro subconsciente y memoria selectiva la que traiciona la verdad.

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