La agonía de la República Romana

La Agonía de la República Romana

La actualidad política de España es aburrida. Los periodistas y medios de comunicación unos cansinos, torpes y pesados. Apenas hay nada público en esta vieja piel de toro que merezca la pena ser sabido, y mucho menos, tener en cuenta o de lo que pueda aprenderse algo edificante.

Pero en la Fundación Libertas (Museo de los soldaditos de plomo), acaba de finalizar la segunda edición del curso “La agonía de la República Romana y el advenimiento del Imperio”. De febrero pasado a antes de ayer. Y ¡vive Dios!, tal como diría un corsario español en peligro de muerte del siglo XVII, que ese sí ha merecido la pena. Y mucho. Muchísimo.

El curso lo ha dado Gabriel Castelló, (me ahorro las referencias), con escribir su nombre en internete ya salen bastantes y suficientes cosas.

Asistir a un curso y ponerse el alma a gozar, por lo general, no sólo no es la misma cosa, es más bien penar, aburrirse o sufrir. Con Gabriel Castelló imposible. Es un gozo intelectual de tal magnitud que llena el alma hasta bien ceñir las costuras. No sólo por lo qué cuenta de ese período interesantísimo de la historia de Roma, sino por cómo lo cuenta, por cómo lo vive, por cómo lo hace vivir.

Y, aún pecando de promiscuo en sabiduría de masas, bien cierto diré que pobre de aquel que diga de si mismo estar bien informado de la actualidad viendo telediarios, pues solo lo esta o puede estar, aquel que se cuide bien de no ver ni atender a ninguno.

Dicho de otra manera. Lo que nos ha contado Gabriel Castelló Alonso de la R. Romana durante el curso pasado y este más lo recogido por los cronistas que la relataron en su momento, recoge y supera con creces, las miguillas de lo que sucede hoy en nuestra desorientada civilización moderna.

Ojalá, este curso, tenga su continuación el año que viene, y ¡larga vida para Gabriel Castelló!, porque, el que suscribe, asistirá aunque esté muerto o haya trasladado su residencia a Burgo de Osma.

Estas líneas no pretenden hacer publicidad alguna, ni del “gancho enriquecedor” de Gabriel Castelló ni del acierto de Libert por patrocinarlo, porque lo bueno si “degustado” en petit comité, mejor que mejor y tanta mayor sustancia.

Sépase tan sólo que llegados a este momento social y político, tan insustancial de la vida nacional, conviene saber que hay lugares y personas, pocas, muy pocas, que merece la pena tratar y conocer.

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