Javier Marías se da de baja en la RAE (aproximación)

No nos extrañaría que el escritor Javier Marías se diera de baja del puesto que ocupa en la Real Academia de la Lengua Española. Si tiene que “tragar” con esas cosas que menciona en su último artículo, desde luego no nos extrañaría.

(Los literatos, en cambio, nos permitimos juzgar cosas como la eufonía y la cacofonía, nos provocan sarpullidos adverbios como “poblacionalmente” o disparates como “echar sangre en la herida” (que carece de sentido), en vez de “sal en la herida”, que es lo que se ha dicho siempre; y verbos como “implementar”, “posicionarse”, “visionar” o “museizar” nos sacan de quicio. Soy de la creencia de que la manera de hablar de un país o de un pueblo indica en buena medida cómo son y piensan, y lo mismo respecto a los individuos. Como he dicho otras veces, si un político emplea la ya gastada fórmula “los ciudadanos y las ciudadanas”, sé que es un farsante, un demagogo y un ignorante de la gramática. Si escribe “amig@s” o “camarad@s”, lo tengo además por idiota)

Aplaudiríamos su gesto si se marchara. Una Academia que convierte en “buenas”, cosas como la que menciona y disparates sin fin, no merece tal distinción, ni tal función. Merece el rechazo y hasta el ostracismo.

Nos preguntamos qué nación debe ser la nuestra y qué tipo de ciudadanos debemos ser, cuando vejamos nuestro acervo cultural de esa manera. ¡Vaya lengua española que estamos haciendo!. No hablemos ya del cuidado que ponemos en conocer la historia Española.

Cómo podemos presumir de acertar en la política europea respecto a los refugiados o respecto a la inmigración o respecto a la presunta integración de otros pueblos o comunidades si, ni siquiera sabemos expresar correctamente nuestras propias ideas en las cosas más sencillas y elementales.

Temo que cualquier día en la tele y en el resto de los medios de comunicación salgan efigies humanas ladrando como perros chillones o mascullando extraños sonidos de la naturaleza, (como Azarías a Milana bonita en Los Santos Inocentes); o del espacio exterior, y al otro lado de la pantalla haya quien les entienda y reproduzca en el comedor de casa sonidos aún más indescifrables para comentar con la parentela lo que acaban de oír.

Toda la razón desde luego para las palabras de Javier Marías, al igual que antaño, todas las virtudes y alabanzas para su finado colega Lázaro Carreter, y para todos aquellos que se espantaban y aún se espantan, del horror en el que ha caído la Lengua Española. ¿Qué le pasa a España?. ¿Qué nos pasa?. ¡Cómo es posible!. ¿No tendrá algo que ver …?, en fin, mejor guardamos un avergonzado silencio.

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