“Aristóteles y la prostitución” de Iván Dragoev

Hacía bastante tiempo,-muchos años-, que al escuchar o ver algo “no se me abría la boca asombrado, de forma involuntaria e instintiva, esto es, admirativamente”. 

Eso es lo que me ocurrió anoche al escuchar los razonamientos del señor Dragoev y las breves pero acertadas puntualizaciones de Alejandro Noguera, respecto a la exposición filosófica que hizo el autor de este libro,- sin duda interesantísimo-.
El señor Dragoev, expuso de una forma arriesgada y valiente, una de las ideas más apropiadas para ganarse el rechazo y la antipatía de la sociedad moderna en pleno; y sin embargo, logró los aplausos de la concurrencia, aunque no estoy muy seguro de que esos aplausos signifiquen realmente lo que formal y aparentemente representan.
El señor Dragoev dijo que Aristóteles, el gran filósofo de la antigüedad, razonó con absoluta lógica, que del mismo modo que la ciudad se componía de casas, (si no, no es una ciudad); un amo dispone de un esclavo a su entera disposición, que así debía de ser, sin más.

Dijo, que Aristóteles pensaba que era lógico, normal y saludable que unos mandasen y otros obedecieran; que la autoridad debía ejercerse sobre el pueblo llano por una aristocracia; es decir sobre aquellos que, no sólo no están preparados para ejercer mando alguno, sino sobre los que deben, quieren y necesitan seguir directrices y obedecer; dijo que no todos los hombres son iguales en derechos y deberes, y terminó fundamentando que, según Aristóteles, la prostitución era algo bueno y necesario.
Algo bueno en la civilización helena de hace dos mil quinientos años, (Solón la administró acertadamente, sic, palabras de Alejandro Noguera), y se preguntó,- el sr. Dragoev, si no lo sería también en nuestros días.
Una pregunta, peligrosisima y arriesgadísima aún expuesta en una conferencia de poca repecusión social como la referida.
El señor Dragoev llevó su disertación al punto más elevado de su exposición cuando, después de hacer que Alejandro leyese en voz alta, el caso de “Carol”, una empresaria arruinada que se ve obligada a meterse a prostituta, dijo que, de algún modo, ese ejemplo venía a confirmar, dos mil quinientos años más tarde, los razonamientos de Aristóteles, ya que cuando un amo es derrotado en la batalla, pierde de forma instantánea cuantos valores morales le sustentaban hasta entonces como amo. Y el mismo amo derrotado comprende y asume esa pérdida de su estima sometiéndose como esclavo a otro amo, tal como la empresaria Carol hizo en el París de nuestros días.

Añadió, entre otras muchas cosas, el señor Dragoev, que aún en nuestro comportamiento actual, más intimo y personal, como es llamar a nuestras esposas, maridos e hijos cosas como “Eres mujer”, “eres mi marido”, “me perteneces“, “quiero que seas mía“, “soy tuyo para siempre”; reverberan los ecos de esa relación entre amos y esclavos de la antigüedad y subsiguientemente la sumisión o autoridad de unos sobre los otros. 
Y el señor Dragoev razonó todo eso de una forma admirable a mi parecer. Creo que asistí a una de las mejores y más sustanciales conferencias de las no pocas que L’iber tiene a bien organizar asiduamente.
Sin duda, conferencia no apta para menores de 18 años; esto es, no apta para quienes creen que la sociedad democrática occidental actual, tiene en sí misma, las respuestas correctas. 

Alma y viento
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